Opinión Nacional

¿Ultratumba?

El diccionario de la real academia de la lengua española define a la palabra ultratumba como: “ámbito más allá de la muerte” y a la palabra ámbito como: “contorno o perímetro de un espacio o lugar”—en cristiano, sería como decir que ultratumba es un muro, pared, seto, cerca, borde, orilla, u otro tipo de lindero, que contiene en su interior algún tipo de espacio—es decir, “algo que existe después de la muerte, sin describir más claramente que es eso.

Pues los “académicos” de la lengua española—si desean ser tomados en serio—deberían agregar que ultratumba es un conceptoimaginario, o recurso literario, poético o de otra forma de arte, usado para referirse a algo que realmente no existe; porque después de la muerte no existe nada—sólo los recuerdos de lo que; o de quien vivió, y sus pertenencias; u objetos relacionados, dejados atrás.

La invención humana de la ultratumba, no es más que una idea que de alguna forma nos ayuda a “materializar” de alguna manera, el más terrible de los eventos a los que puede enfrentarse una persona: el fin de la vida—particularmente de la vida propia o la vida de algún ser querido; ya que cuando sobrevivimos a un ser querido nos queda “un vacío” imposible de llenar, y cuando pensamos en el final de nuestra vida, quisiésemos que ese instante nunca llegase, porque no es imposible realmente concebir nuestro deceso.

Sin embargo; la ultratumba no existe. De la misma manera que casi diariamente presenciamos el fallecimiento de alguna forma de vida animal o vegetal, igual ocurre cuando una persona deja de existir—no hay “más allá”—y es inevitable que nos sintamos tristes, lo cual no es más que una demostración del aprecio o del amor que sentíamos por la persona fallecida—sentimientos que en realidad sí sobreviven a la muerte.

A mi; por ejemplo, no me gusta hablar en pasado de mis parientes y amigos fallecidos, sino que me refiero a ellos en tiempo presente; como si aún siguiesen existiendo—porque en realidad aún existen en mi mente los momentos gratos, las ocurrencias, picardías, travesuras y hasta manías que caracterizaban a esas personas y que yo aún recuerdo claramente—y no es que esté demente o padezca de alucinaciones, sino que todas esas personas no sólo fueron parte de mi vida, sino que siguen siendo parte de ella.

Esta actitud ante la muerte; que yo considero positiva, no es tan extraña como podría parecerle a alguien, sólo basta con ver como todas las naciones del mundo honran la memoria de sus antepasados gloriosos o importantes, llevando a cabo eventos públicos para conmemorar las fechas y eventos en los que esas personas tuvieron un papel extraordinario: pues lo mismo podemos hacer todas las personas, con nuestros familiares y amigos fallecidos, cuando los recordamos gratamente en nuestras conversaciones y nuestros pensamientos—es un nuevo concepto de ultratumba, que propongo sea puesto en práctica para alejarnos de lo tenebroso que siempre es asociado con el concepto actual—y apuesto a que no soy la primera persona a quien se le ocurre esto; es muy probable que ya se le haya ocurrido antes a muchas otras personas en numerosas otras culturas.

No se necesita diseñar aparatosos ni pomposos aniversarios o celebraciones para festejar la memoria de nuestros seres queridos y apreciados amigos que han fallecido; basta con recordarlos gratamente—y quizás una que otra vez—brindar en sus nombres o bautizar un postre, o cualquier creación no culinaria que se nos ocurra, con sus nombres, porque de esa manera, estaremos trayendo de regreso desde la ultratumba a las personas que dejaron profundas huellas en nuestra existencia—y hacerlo de manera grata, es, desde mi punto de vista, la forma más apropiada; tanto para los que se fueron, como para nosotros mismos.

Aunque es normal sentir una profunda tristeza; y hasta llorar, en el momento cuando un ser querido o amigo fallece, no necesariamente debemos seguir entristeciéndonos o llorar, cada vez que los recordemos—podemos; si nos lo proponemos deliberadamente, sólo recordar los momentos y eventos gratos que compartimos—y alegrarnos de que ello haya ocurrido—ya que no sólo los héroes y los próceres merecen nuestro respeto y nuestra honra—todo otro ser humano también lo merece.

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