Opinión Nacional

Un Alcalde incapaz.

El poder municipal, representado en su rama ejecutiva por el Alcalde tiene asignadas amplias competencias, sin embargo lo común es que la mayoría de las Alcaldías actúen ineptamente en el cumplimiento de sus obligaciones. Ni siquiera en el área de ordenación territorial y urbanística, que no requerirían sino de un poco de sentido común, han sido capaces de acordar la creación de nuevas parroquias o la concesión de permisos de construcción concatenados con la garantía de los servicios básicos. El desorden poblacional es la norma en nuestros municipios. El cuidado de las edificaciones o zonas de valor histórico o patrimonial es nulo. La edificación de viviendas de interés social más bien es saboteada a nivel de los municipios. Si los vecinos se agrupan en Organizaciones Comunitarias de Viviendas o en Asociaciones Civiles, en vez de ser apoyados por las autoridades municipales son tratados con desprecio o condenados a las torturas burocráticas. Son incapaces de ocuparse del cuidado de las áreas verdes, de las plazas públicas. El caos vial de nuestras ciudades no motiva la más mínima atención de quienes están llamados por la Ley a ocuparse de solucionarlo. El problema del transporte público no les interesa en lo absoluto. Ninguna idea demuestran para brindarle respuesta a los clamores de la gente y en especial de los estudiantes que deben soportar diariamente el maltrato de colectores y chóferes carentes de la más elemental educación, sin embargo esto no le importa a nuestros Alcaldes. El Aseo Urbano, que está dentro de la más exclusiva competencia, pareciera que sólo les interesa a la hora de otorgar la concesión del servicio, para lanzar fuertes mordidas que incrementen el patrimonio familiar que pareciera es lo único que les interesa evidentemente, en vista del afán de muchos Alcaldes de involucrar a sus familiares directos en los asuntos del municipio y sobre todo la pretensión obscena de crear una especie de monarquías hereditarias en los municipios. El nepotismo es uno de los más aberrantes símbolos del carácter corrupto de un gobernante. Un hombre honrado jamás vincula a su familia cuando actúa en funciones públicas. La Constitución Nacional prohibía expresamente la contratación de familiares hasta el cuarto grado de consanguinidad o el segundo de afinidad, sin embargo ésta norma ha sido sepultada por la desvergüenza que hoy gobierna nuestro país bajo las banderas bolivarianas, cómo si Bolívar hubiese sido un gran corrupto. Robar al Tesoro Público y hacerse llamar bolivariano debería ser casual de fusilamiento. Esto va igual para los funcionarios ubicados en el gobierno o en la oposición. La peor desgracia que pasa un municipio es tener un Alcalde incapaz.

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