Opinión Nacional

Un año nefasto

No se exagerará si se dice que, exceptuado 1967, el año del terremoto, el que acaba de concluir es el más nefasto que ha conocido la Caracas moderna, sobre todo teniendo presentes las buenas expectativas con las que se inició.

                En efecto, después de casi 20 años de desgobierno ‑originado entre otras causas en la desarticulación y confrontación entre sus autoridades- las elecciones de noviembre de 2008 abrieron una estimulante perspectiva: desplazados los desastrosos gobernantes “bolivarianos” de las alcaldías Metropolitana y de Sucre y de la gobernación de Miranda, se creaban las condiciones para aprovechar las potencialidades de la Ley Especial sobre el Régimen del Distrito Metropolitano de Caracas, la que había creado el gobierno metropolitano en aras de combatir aquella dispersión. De inmediato se comenzó a reunir con regularidad, por primera vez desde la promulgación de la Ley, el Consejo de Gobierno del DMC, mientras que el Instituto Metropolitano de Urbanismo, con una Junta Directiva integrada por representantes de todos los alcaldes municipales y del Cabildo Metropolitano, empezó a definir los lineamientos para la formulación del Plan Estratégico de la ciudad.

La respuesta oficialista a la voluntad popular que dio el poder a esos gobernantes y a la decisión de estos de cumplir con la ley fue un sabotaje descarado que no vaciló frente a violaciones a la “mejor Constitución del mundo”: desde la acción de bandas armadas asaltando el Palacio de Gobierno y otras sedes del poder metropolitano, pasando por el secuestro de funcionarios, hasta la aprobación por la obsecuente Asamblea Nacional de la inconstitucional figura de un Jefe de Gobierno del Distrito Capital de libre designación y remoción del Presidente de la República, reedición trasnochada del antiguo Gobernador del Distrito Federal a la que se transfirieron casi todos los recursos financieros y la mayoría de las competencias que la Ley del DMC asignaba a la Alcaldía Metropolitana, procurando convertirla en un cascarón vacío.

Pronto la Jefa de Gobierno del DC se encargó de aclarar para los desprevenidos cuál es la concepción de la democracia que ellos manejan: en mayo, dirigiéndose a los Bomberos Metropolitanos, ilegal e irracionalmente puestos bajo su mando, les escupió en la cara: vinimos por orden de Chávez, a establecer la política socialista aquí y en todas partes: tomamos una decisión ejecutiva, no una que se discute en asamblea y esa es nuestra forma de ser”. El año lo cerró Aristóbulo Istúriz, fracasado candidato a la Alcaldía Metropolitana pero flamante vicepresidente del PSUV, cuando desde la tribuna de oradores de la Asamblea Nacional, conmemorando el pasado 15 de diciembre el 10º aniversario de la Constitución, sentenció: «los mejores gobernadores y alcaldes serán los primeros que desbaraten las gobernaciones y alcaldías». Pero el juego no ha terminado: quién quita que se repita la paradoja y que este mal cierre de 2009 sea presagio de un 2010 de éxitos.     

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