Opinión Nacional

Un joven de 90 años

Se ha llamado de muchas maneras. Así se lo impuso la vida clandestina, que por muchos años de su existencia, se vio obligado a llevar. Su espíritu de luchador incansable, la integridad de su vida, la firmeza de sus convicciones y el ejemplo que ha dado, son la mejor identificación de este eminente compatriota, un joven de 90 años que ha sabido interpretar cabalmente nuestros problemas y nuestras realidades, nuestras carencias y nuestras posibilidades.

Este generoso joven de 90 años se ha entregado sin consideraciones ni regateos de ninguna especie a la obra de labrar un mejor destino para el sufrido pueblo venezolano. Mi amigo, el joven de 90 años, ha sabido llenar todos los valores del espíritu; con gran tesón y entusiasmo juvenil ha cultivado ambiciosa y fecundamente su intelectualidad. Cuando ha tenido que revisar y rehacer su ideario político no ha dudado en hacerlo, aun cuando eso le significara confrontación ideológica, acerbas críticas y la dolorosa pérdida de compañeros de ruta. Ha batallado sin dudas ni vacilaciones, con convicción, con integridad y patriotismo y con el gran entusiasmo que lo anima para reivindicar las necesidades de su pueblo en una labor útil, eficaz y duradera.

Ha practicado el bien sin interés mezquino y sin hipocresía, ha sostenido sus convicciones con inquebrantable firmeza y jamás se ha desviado del camino que él cree debe seguir. Ese joven de 90 años con sus ejecutorias nos ha enseñado que la política no es solamente la lucha por conquistar el poder; su agitada y fructífera historia nos recuerda que la política es un apostolado que debe practicarse con justicia, desprendimiento y nobleza de espíritu.

Este joven de 90 años ha desempeñado importantes posiciones partidistas y burocráticas que le han ganado gloria, respeto, afecto y estima, pero por encima de todas ellas, sus compatriotas le hemos otorgado el mejor blasón para la dilatada trayectoria de este hombre de bien: lo percibimos y lo admiramos como el valiente, sacrificado y consecuente luchador social que siempre ha sabido estar al frente, cumpliendo cabalmente con las responsabilidades de su indiscutible liderazgo. Su vida ha significado, para incontable numero de venezolanos, un grito de entrega, de alegría, de sembrador de esperanzas, de esas esperanzas que necesita el pueblo venezolano para salir de oscuras circunstancias por las que atraviesa y ha atravesado nuestro país y reafirmar que merecemos y tenemos el derecho de ser protagonistas de nuestra propia historia.

A este joven de 90 años le debemos mucho. En su mundo generoso no han germinado nunca el odio y el rencor; y si alguna vez probó las amarguras de la deslealtad o la ingratitud jamás permitió que éstas condicionaran su apostolado.

Es un mensaje viviente para los constructores de la sociedad que quieren y sueñan con una Venezuela mejor. Es la fuerza y la inspiración que nos anima y ayuda, para superar nuestras dificultades y limitaciones.

¡Larga vida a nuestro Pompeyo Márquez, un joven de 90 años!

 

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