Opinión Nacional

Un nuevo año de esperanzas

En estas fechas es tradicional celebrar la Navidad, el Año Nuevo o el Día de Reyes; momentos que sirven para el encuentro de la familia, plantearse nuevas metas, reflexionar sobre el presente, recordar a quienes ya no se encuentran con nosotros, y para los creyentes, afianzar su fe ante el misterio de la encarnación y la importancia de Jesús (Dios-Hijo) en el plan de salvación de la humanidad. No obstante, la vivencia de la fe no puede estar alejada de la realidad que día a día vive el mundo.

¿Cómo hablar de paz cuando la guerra es el mejor negocio para los países constructores de armas? ¿Cómo hablar de esperanza ante el desasosiego de la inseguridad, el calvario de los hospitales, la desesperanza de los jóvenes o la visión retrógrada de la mayoría de los “líderes” (supuestos) que dirigen las organizaciones públicas? ¿Se puede hablar de Navidad en un país donde la pobreza, desde todas sus perspectivas, está en cada esquina? Si estuviéramos en países pobres, azotados por la fuerzas de las naturalezas o por multitudes radicales con convicciones religiosas fanáticas podría entenderse; pero, en Venezuela, ha sido el azote grosero y vergonzante de la corrupción la que sigue hundiendo la esperanza de la mayoría y aumentando el poder de unos pocos. Los años de la dictadura, los de la democracia y los de la revolución bolivariana no han sido muy provechosos para la construcción de un país con visión de futuro.

Y nuevamente, quienes deben asumir un compromiso real en contra de la pobreza, ofrecen más demagogia al pueblo. Vuelven, otra vez, a jugar con sus ilusiones, con sus esperanzas y con la fe que han puesto en una revolución que está muy lejana de cumplir con los objetivos que se plantearon en un inicio. Ahora sin una oposición organizada, el escenario pareciera preocupante. El gobierno civil, por lo menos desde el punto de vista formal, no tiene la capacidad de gerencia para afronta los desafíos más básicos: pobreza, educación, sanidad, inseguridad, entre otros. El subgobierno (o planes cívico-militares), han logrado algunas metas a corto plazo, interesantes; pero con poca garantías de permanecer en el tiempo. En la oposición, todavía están analizando (desde 1999) la necesidad de establecer una unidad para plantear un proyecto alternativo de gobierno que sea coherente, realista y de gran impacto social. ¿Cuándo lograrán ésta meta?

Son momentos en donde la fe y la esperanza no deben perderse. Agradecer, recordar o celebrar con quienes tenemos cerca es lo importante en estos momentos. Es necesario ver el futuro con el ánimo de alcanzar los objetivos propuestos, aunque la realidad plantea dificultades. Lo que no podemos hacer es olvidar, no apelar a nuestra memoria individual y ciudadana. Si perdemos la memoria de país, seguiremos cometiendo los mismos errores. Han muerto muchas personas en la lucha absurda por ideales políticos que no han servido para nada ¿Quién se acuerda de ellos hoy? Luchemos por otros más realistas y más democráticos.

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