Opinión Nacional

¿Un nuevo CNE?

Con insistencia, desde el ‘bull pen’ de los diversos grupos de opositores coinciden en señalar la necesaria remoción y nombramiento de un nuevo CNE a objeto de garantizar un proceso electoral confiable. Es asombroso que en un tema encuentre contestes a una masa de actores particularmente reactivos, no digamos a entenderse entre sí, asunto este que al menos no ha ocurrido hasta ahora en un punto que pudiera calificarse de deseable, sino que ni siquiera ha sido posible demarcar antes un espacio clave donde deba fijarse el debate público.

Ha sido pues, la abstención del 4D y los informes de los observadores en la desconfianza del órgano electoral quienes inesperadamente centraron a tiro fijo la agenda opositora del 2006.

Este hecho merece algunas consideraciones, porque si es cierto que la estrategia está definida (nuevo CNE) la táctica para lograr que se consuma luce ya en el ambiente diversa, múltiple desde elegir de inmediato el candidato de la unidad, a los que esperan que antes se cambien las condiciones y autoridades electorales. La carrera sobre el tiempo es entre otras dificultades un adversario temible de cualquier acción que se genere desde la oposición. A este respecto, no debería pasar del primer trimestre del año pronunciarse por el primero o el segundo de los caminos. El seleccionar el candidato para darle un rostro y una dirección coherente a la lucha democrática opositora la evaluamos como la mejor opción, por ser la más oportuna en función del reloj y la más eficaz de cara a la toma de decisiones. Esto es válido se decida participar o no en la contienda electoral.

No podemos tampoco dejar y pasar por bolas nuestras aprenhensiones ante el clima de turbulenta ingenuidad de apostar a ciegas al completo reemplazo del CNE y a la vez colocar como condición anticipada que de no producirse las sustituciones por los ‘reyes magos’ a designar, no se concurrirá a las elecciones. Desde luego que tal cosa, es una solicitud irremplazable y el máximo ideal para una justa electoral en el país. ¿Pero alguien con un mínimo de racionalidad y realismo político puede creer que eso todo puede ser posible? ¿La AN y Chávez acaso van a facilitar que le quiten su lomito? Pensar de este modo es un acto incorregible de difusión mental. ¿ Es que se encuentra tan lejos de nuestra huidiza memoria que la presencia de 82 diputados de oposición en esa misma asamblea y la inmensa presión de las movilizaciones de calle en el 2002 y 03 todo lo más que alcanzó fue a Carrasquerito elegido por la vía del TSJ de Rincón?

Si el objeto de las elecciones por principio es concurrir, resulta criminal y tramposo no hacer la advertencia que nunca podrá llegarse a ellas en todas las condiciones exigibles; lo que no conduce a sentenciar que tienen que ser fraudulentas. En este sentido, la oposición debe prepararse para negociar al igual que a los ciudadanos colocándose en un margen de maniobra. Trancarse con intransigencia a participar si no hay un total reemplazo del CNE, va a ser excesivo y se canta de antemano la autoexclusión. Podría darse por satisfactoria sin conseguir todo el paquete, la salida de Jorge Rodríguez- ya de por si cuesta arriba- pero mucho menos compleja para que ceda el adversario. No reparar en estos dilemas ni disponer de respuestas, se perfilan como los heraldos negros de nuevos dolorosos desengaños.

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