Opinión Nacional

Un nuevo incendio del Reichstag

En febrero de 1933, Hitler era Canciller del Reich alemán cuyo Presidente era el Mariscal Von Hindenburg y el partido nazi era mayoritario en un parlamento presidido por Goering. En ese día de febrero, el Reichstag estaba en receso y un incendio se inició a eso de las 9:05 p.m., cuando un hombre que llevaba una tea encendida fue visto por un estudiante. Ese supuesto incendiario era un holandés llamado Marinus van der Lubbe. Tanto Hitler como Goering llegaron prontamente a la escena de garantías. Esto dio lugar a que los nazis lograran su tan ansiada supresión de la libertad de expresión, sometiendo a los medios a control, censura e incluso cierre. Si bien no se clausuró de inmediato al partido comunista, se procedió al arresto masivo de sus militantes en todo el territorio alemán. La supresión del partido se dio después de unas elecciones en marzo del mismo año, en las que participó sumamente debilitado.

A través de la historia, se ha venido especulando acerca de la autoría del partido comunista en tan escandalosa acción delictiva. Nunca llegó a probarse autoría y culpabilidad comunista durante el juicio contra van der Lubbe que incoaron los nazis unos meses después del incendio. También se ha dicho que fueron los nazis quienes planearon e hicieron ejecutar el incendio.

En un ensayo publicado por Alan James Edwards en 1997, titulado (%=Link(«http://psikoloji.fisek.com.tr/makale/reichsta.htm «,»The Reichstag Fire»)%) se dice: “Goering y Goebbels, con la aprobación de Hitler, con miras a golpear contundentemente al Partido Comunista, incendiaron el edificio. Un reducido grupo de hombres de la S.A., conducidos por Karl Ernst (Jefe de la S.A. de Berlín) entraron a través de un pasadizo que comunicaba con el palacio de Goering. Regaron productos químicos para quemar totalmente el edificio. Después de que se fueron, un joven holandés (Van der Lubbe) quien previamente había sido detenido por la S.A. como incendiario, y había sido escogido para el plan, penetró en el edificio, y comenzó a encender fuegos a lo largo del edificio. Iba a servir de chivo expiatorio. El incendió cubrió rápidamente todo el edificio.” También llegó a decirse que van der Lubbe había actuado por su cuenta y el mismo declaró en ese sentido durante el juicio. Indudablemente, van der Lubbe era el perfecto chivo expiatorio. No es muy creíble la hipótesis de que el joven holandés actuó solo. Mucho más plausibles son las hipótesis de que hubo un complot de los nazis o de los comunistas.

El hecho de que hubieran sido los comunistas o, más probablemente, los nazis, los autores del incendio llevó a los mismos efectos: la supresión de libertades en Alemania y la eliminación del Partido Comunista. De haber sido los nazis, con el poder que tenían les resultaba fácil ocultar las pruebas de su participación en los hechos; también les resultaba fácil, con el control de los medios, crear una matriz de opinión que culpaba a los comunistas del crimen y Goering, de inmediato acusó a los comunistas de ser los autores del incendio. Bajo presión del partido nazi, alegando que se estaba iniciando un golpe comunista, el anciano Presidente firmó un decreto de suspensión de las garantías.

Se ha dicho con insistencia que el chavismo se ha inspirado en las tácticas de los nazis para asumir todos los poderes en Venezuela y perpetrarse indefinidamente en su ejercicio. Uno se pregunta si el hecho de acusar de incendiarios a los estudiantes que se oponen a la violencia, que quieren democracia, justicia y libertad y se oponen a un proyecto, ¿no es valerse de algo parecido al incendio del Reichstag?

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