Opinión Nacional

Un plan de formación política y una nueva organización

Ya es un lugar común, muy utilizado como arma ideológica y demagógica para descalificar a ciertas personas o para justificar situaciones de opresión, subdesarrollo o fatalismo utilizar frases como: «pueblo ignorante», «nos merecemos el Gobierno que tenemos», etc. Tenemos que combatir esas tendencias, sin duda alguna, pero que duda cabe que una buena parte de lo que esta pasando es falta de educación y formación política.

Le hemos enseñado a una, o casi dos, generaciones de venezolanos que somos un país rico, que todo lo podemos, que la vía para obtener las cosas es a punta de dinero, que hay un «paraíso» al que todos podemos tener acceso: La Florida, con su Miami y Disney World, etc. y mientras tanto la educación, en todos sus niveles, ha decaído enormemente, con maestros y profesores mal pagados y empobrecidos; con acceso a las universidades y educación superior sin esfuerzo académico, solo con paciencia, tiempo y resistencia; con profesionales graduados mecánicamente, sin reflexión profunda, sin conocimientos producto de la investigación o de la aplicación del saber. Somos víctimas de eso que en los años 60 y 70 el fallecido pedagogo brasileño, Paulo Freire llamaba una «concepción bancaria de la educación»: Los alumnos son gavetas, en las que se «depositan» conocimientos, que se «extraen» durante los exámenes. Pudiéramos continuar hasta el infinito con esta enumeración.

En materia de formación política y ciudadana no ha sido diferente; nuestros partidos políticos han descuidado por completo la formación ideológica de sus militantes; solo les enseñaron bien como «tracalear» a los adversarios, dentro del propio partido, como hacer trampa para obtener poder y escalar internamente en las posiciones del partido o del Gobierno, como llegar a «puestos» de trabajo, sin importar si se es capaz o no para ello, basta con ser miembro del partido, o lo que es peor, estar en la buena o ser amigo del caudillo de turno. Igual paso en el mundo sindical, los lideres lo son de la organización partidista, no por sus luchas sociales y reivindicaciones laborales.

En el mundo de los negocios y de la empresa no ha sido muy distinto, se tiene acceso a contratos o trabajos por amistad, por influencia, o simplemente rebajando o «envileciendo» precios para ganarse el contrato, eliminar a la competencia y luego realizando mediocremente el trabajo. Por eso creo que estamos ante una gigantesca tarea de formación de jóvenes, de nuestros hijos, para prepararlos para un mundo globalizado, de competencia, en donde tendrán acceso a bienes y servicios de calidad, solo si ofrecen conocimientos y trabajo de calidad… y esa tarea ahora es mucho más difícil. Cuando mi generación estaba en la edad universitaria teníamos dólares baratos o tuvimos cosas como las becas de la Mariscal de Ayacucho y similares, ahora tendremos que hacer el esfuerzo por formar a nuestras futuras generaciones aquí, utilizando nuestro talento, o importándolo con enorme esfuerzo económico.

Pero comencemos ya, no podemos esperar a que se «desgaste» el gobierno actual; a que se entronice la Venezuela mediocre, la que vimos en la ANC, la que se refugia en el chauvinismo, el nacionalismo chapucero, la que se arropa con la bandera y con Bolívar, y pretende en nombre del «pueblo» o de los errores cometidos durante 40 años, mantenernos en el pasado, lamentándonos del mismo, mientras ellos van destruyendo el país o impidiendo su progreso.

Es difícil no dejarse arrastrar por la amargura, la frustración o el pesimismo, por eso la tarea es doble, oposición ya, a ultranza, sin dilación y sin vacilación, sin calculo político «esperando un mejor momento», y simultáneamente con una tarea ideológica, de formación y educación de los nuevos venezolanos, los que tendrán que vivir en el nuevo siglo, en un mundo global, en donde se competirá con conocimientos y valores, arraigados en sólidos principios humanos, morales y sociales.

Formulemos y llevemos adelante un Plan de Formación de Grupos Juveniles, en cual se imparta formación de carácter económico y político acerca del sistema democrático, la libre competencia, la modernización, el proceso de globalización, etc.

Etica y política.

Nuestra mala conciencia burguesa, o pequeño burguesa», siempre nos hará vulnerables al chantaje. Nos dicen que si no militamos, si no nos damos el «baño» de marginal, si no salimos a abrazar viejecitas y cargar muchachitos, si no nos «embarramos» en la política, si no adoptamos el lenguaje de los «pobretologos», el lenguaje del pueblo, etc. … nunca tendremos la «autoridad moral» para poner condiciones éticas a nuestra participación política. Entendiendo por condición ética el no querer estar junto con aquellos que hasta ayer no mas, estaban disfrutando los beneficios del poder, y si ahora no saltaron la talanquera y no están en el poder, es porque estaban demasiado comprometidos con lo anterior o les falto visión para dar el vuelco, y pasarse del lado del chavismo.

¿Por que tenemos nosotros que cargar con los muertos del régimen anterior y tantos otros que surgirán en el camino?. ¿Por que no podemos poner condiciones éticas a nuestra participación en una nueva organización política?. ¿Por que debemos sacrificar principios en nombre de un pragmatismo, que al final ya hemos visto que también ha fracasado?. ¿Por que posponer el necesario proceso de reeducación moral y de ética a que tenemos que someternos todos los venezolanos para acabar con el «vivismo» y el «pájaro bravismo»?. ¿Por que la nueva organización debe nacer con los conspicuos representantes de los vicios que queremos dejar atrás?.

No es que piense que la ética, que es una actitud y una reflexión individual, es lo que va a resolver los males de la política; pero la discusión entre ética y política, o la reflexión ética sobre la política, es imprescindible. Con la ética lograremos mejores personas, mejores ciudadanos, y esta claro que de lo que de lo que se trata es de tener mejores instituciones, que es tarea de la política. Pero que duda cabe, que la probabilidad de que emerjan mejores instituciones será mayor si quienes las empujan y buscan un consenso político para ellas, lo hacen desde una mejor posición ética. Hay principios que van más allá de lo político, que lo trascienden (inviolabilidad, autonomía y dignidad de la persona humana, por ejemplo).

Si bien la política no tiene una «moral», pues esta es del ámbito de la persona, hay la moral del político que actúa en representación de los ciudadanos; hay obligaciones que pueden ser propias de la actividad política, y como tal tenemos derecho a reclamar su cumplimiento. Estas pueden ser un programa, mínimo, de postulados que deben estar presentes en cualquier organización política en las que estemos dispuestos a participar; por ejemplo, la transparencia en el actuar y en las funciones de gestión pública; la correcta separación entre los legítimos fines privados del político, los fines del partido y los fines del Estado; la conciencia, en el político, de que su función pública, es una función educativa.

Establecidos estos puntos -éticos- fundamentales, es valido que nos plateemos otros principios: ¿Cómo hacemos para que nuestro mensaje le llegue a las grandes mayorías del país?. ¿Cómo hacemos para que el pueblo entienda que nuestro mensaje es el suyo y que el desarrollo capitalista que queremos para el país, es lo mejor para él, y nos solo para nosotros?. Ese es nuestro verdadero reto. Para ello es preciso construir una organización moderna, popular, policlasista y que se plantee claramente la toma del poder sobre la base de un programa explícito, y un compromiso personal y colectivo con ese programa. ¿Cuál programa?

La nueva organización política y su programa.

Lo anterior tiene que ver mucho la organización que propongamos y los fines que persigue o el modelo de sociedad política que se plantea. En cuanto a la organización, comparto mucho lo esbozado por Franceschi y Fermín durante la conformación del abortado Encuentro Nacional y que yo resumiría en los siguientes lineamientos generales o principios iluminadores de la acción.

– Debe ser absolutamente y radicalmente democrática, en sus formas de organización y toma de decisión. Que no saque al individuo de su medio y de su comunidad concreta, en donde se desempeña su trabajo, su vida y su actividad.

– Que utilice los modernos medios de difusión y discusión, en donde podemos jugar un gran papel nosotros, intelectuales y profesionales, conocedores de técnicas gerenciales y expertos en la utilización de modernos medios de difusión y procesamiento de la información.

– Debe ser policlasista, y entonces es crucial el concepto de clase que tengamos.

– Debe partir de proyecto o programa concreto, explícito, y compartido de modificación y transformación de la sociedad venezolana. Como decía el viejo Marx en sus tesis sobre Feurbach, «de lo que se trata no es de comprender ni explicar el mundo, sino de transformarlo»

– Debe estar imbuido de una clara concepción y aceptación de que la acción y participación concreta en los procesos, es imprescindible. De allí la importancia de «salir del closet» y la razón de ser de Taima.

El programa o modelo de sociedad política del país que debemos construir se basa en algunos principios fundamentales:

1) la libertad sin adjetivos,
2) la democracia sin restricción ni calificativos y los derechos políticos plenos para todos los venezolanos, nacidos o no nacidos en el país,
3) el rechazo a cualquier forma de autoritarismo, o a cualquier texto constitucional que lo tolere,
4) la negación del estatismo como distribuidor de miseria y la defensa del mercado como alternativa para la creación de la riqueza y la justicia,
5) la afirmación del federalismo y la descentralización como mecanismos de acercar el control del gobierno al pueblo y mejorar la calidad de vida,
6) la concepción de un ejercito profesional y supeditado por completo al poder civil,
7) el derecho pleno a escoger, organizar y tener la mejor educación para nuestros hijos,
8) la plena vigencia del equilibrio entre los poderes y sin preponderancia de ninguno de ellos,
9) la evolución del sistema político hacia la revocatoria de todos los poderes y la «doble vuelta» en todos los niveles, como mecanismo para garantizar gobiernos representativos de la voluntad de la mayoría y
10) la plena vigencia de un estado de derecho en donde se respete el imperio de la ley y en donde el ciudadano tenga derecho a una oportuna y rápida justicia, impartida por sus jueces naturales.

Esto implica una organización diferente a la de partidos de masas, policlasistas, como ahora los conocemos, y con los que contamos; eso no significa que nos planteemos una organización parecida a los «partidos de cuadros», siguiendo la jerga leninista; o un partido de corte militar, como los que ahora están surgiendo en Venezuela.

Esbocemos un ejemplo de lo que podría ser una moderna organización política, más acorde con «los signos de los tiempos» y que es la adoptada por los partidos modernos en muchos países: un núcleo central de políticos profesionales, y una amplia periferia, que se activa y desactiva de acuerdo con circunstancias especificas . Así funcionan ahora algunas empresas y si este esquema funciona para el mundo de los negocios, ¿Por qué no habría de hacerlo para el de la política?.

Lo complicado y complejo es: ¿De qué manera concreta se logra esto?. En esta materia, yo tengo mi propia concepción, que no es solo pragmática, sino también profundamente «liberal» y competitiva. Me imagino la situación actual como un inmenso charco, lleno de escombros, alrededor del cual estamos todos, incapaces de ponernos de acuerdo y armados de un insignificante palito; dado que no nos ponemos de acuerdo para actuar juntos, de lo que se trata es de apelar a la acción individual, pero acción al fin, y que cada uno de manera individual o con modestas alianzas, meta el palito en el charco y comience a hacer remolinos para que el agua se mueva y así atraer los escombros. Yo no veo porque debamos temer a la competencia, o que debamos caer en el error de no hacer nada, por el chantaje de «evitar la duplicidad». Hagámoslo, actuemos, movamos el charco; al final, alguno le dará mas duro. Hacia allá irán la mayoría de los escombros, y los demás actores se irán plegando al más exitoso, o se irán retirando de la escena.

Una reflexión personal, para finalizar, sobre la discusión en torno a la actividad política y la sociedad civil. La pregunta clave es: ¿Quien será el dispuesto a ceder?. ¿Quién transigirá en su posición y se sumara a la del otro?. O más simple aun, ¿Estará el otro realmente interesado en que yo me sume a su propuesta?.

Fui educado en la tradición cristiana, y sin ser practicante, para mí su significado más profundo es el mensaje del amor y la muerte… el amor que se expresa en la negación de sí mismo, en el grano de trigo que tiene que morir para poder germinar. En esta cultura o concepción de la vida lo que importa es que las cosas se hagan, y no quien las hace…durante la campaña para la ANC desde la llamada sociedad civil se hicieron enormes esfuerzos para acercar grupos, personas y compartir recursos, acciones e ideas… se hicieron sin excepción, excluyendo claro esta, y en lo posible, a los partidos políticos… el resultado fue nulo. No estamos dispuestos a compartir nada… ni recursos, ni glorias aunque sean efímeras, ni popularidad, ni acceso a medios, ni ideas… cada cual «se ha ganado su posición a pulso, y no esta dispuesto a aceptar a los que ahora vienen a arrimarse…». Por eso, se reafirma mi convicción sobre el caso del charco y cada uno con su palito… no hemos aprendido – o recibido- aun los golpes suficientes.

1) Este concepto es tomado de Humberto Njaim, de algunas de sus intervenciones en las discusiones internas de la Red de Veedores de la UCAB.

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