Opinión Nacional

Un Presidente chantajeable

Las contradictorias, anormales y contraproducentes actuaciones de Hugo Chávez en sus recientes viajes al Lejano y Medio Oriente, tanto en la retórica como en la acción, sin excluir la obligante rendición de cuentas en La Habana, así como la entrevista con el Presidente Uribe en Caracas, la deplorable y lánguida reunión de esa cosa que llaman el ALBA en Cumaná y la conducta que le observamos en Puerto Príncipe con motivo de la V Cumbre de Las Américas, afirma nuestra convicción sobre el grave peligro que atraviesa Venezuela gobernada por un hombre chantajeable. No se trata de la probada ineficacia para ejercer el poder, ni de la galopante corrupción del régimen que preside, aunque también. Esto es mucho más comprometedor. Día a día se multiplican las evidencias de los compromisos asumidos con las FARC y otras organizaciones subversivas del continente y del mundo. No esconde el creciente nivel de solidaridad con gobiernos forajidos del planeta, ni el efecto corruptor que envuelve ser su agente para la penetración en América. Y, por si todo eso fuera poco, ya es imposible disimular los vínculos existentes entre el alto gobierno y estructuras del crimen organizado que le sirven de instrumento a la producción, industrialización y comercio de drogas ilegales, a la organización de la mal llamada hampa común, al lavado de dinero negro y la total impunidad que les ha garantizado para que operen como locales desde nuestro territorio.

Hugo Chávez sabe que, sobre estos temas, hay causas judiciales e investigaciones abiertas en varios países del mundo empezando por Estados Unidos, Colombia, México y las más importantes realidades de la Unión Europea, que lo comprometen personal e institucionalmente. La Corte Penal Internacional conoce ya de algunos casos planteados formalmente. Él lo sabe. Por eso cambia de ropaje con tanta frecuencia creyendo engañar al mundo. De lobo feroz a caperucita roja y viceversa, de trapecista a payaso del circo que dirige, terminando por confundirse con el ropaje que escoge en cada oportunidad. Eso no importaría demasiado si no provocara daños serios a la soberanía nacional y gravísimas violaciones a la integridad territorial del la República. Ojala las relaciones con Álvaro Uribe y Colombia fueran siempre las mejores y Dios quiera que la babosería con Obama le haga entender que Estados Unidos existe para el bien del mundo y le genere un honesto sentimiento de lealtad hacia ese gran país cuyos valores compartimos la mayoría de los venezolanos. Hacemos votos para que estas nuevas realidades no lo lleven a traicionar la patria para hacerse perdonar. Lo que queda de dignidad en materia petrolera, ayuda económica en dinero negro para comprar lealtades, entrega del territorio esequibo, negociaciones encubiertas con relación al Golfo de Venezuela, cesión de soberanía en materia de seguridad, comercio e industria, y muchas otras acciones se suman al desastre interno de una nación fatigada y harta.

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