Opinión Nacional

Un Procónsul en Caracas

El proceso que, bajo la conducción de Chávez, pretende implantar un régimen sin autonomía y equilibrio de poderes, con la asesoría de Fidel Castro, lo bautizamos como el castrochavismo. En el castrochavismo, con el beneplácito gubernamental, el embajador de Castro actúa como un verdadero procónsul, entrometiéndose en nuestros asuntos internos, en flagrante violación de nuestra soberanía.

Esto hace que el castrochavismo posea significativas coincidencias con el proceso cubano. Al principio Castro afirmaba que la revolución era verde como las palmas, frente a quienes mantenían que era como la patilla, verde por fuera y roja por dentro. Dos años después, se declaraba marxista leninista. Chávez llegó a decir que su revolución era pacífica y democrática. El tiempo está demostrando el irrespeto a los otros poderes cuando sus decisiones son adversas y la utilización de la violencia contra oponentes e independientes.

El castrismo, enfrenta la disidencia en sus filas con juicios, fusilamientos y autoconfesiones obtenidas por los cuerpos de seguridad. El castrochavismo la enfrenta con ataques execrables. Acusa de golpistas a los militares institucionales, de traidores a los que han renunciado al partido, y de corruptos a los funcionarios no complacientes. Los métodos no son totalmente idénticos, puesto que el viejo dictador controla vidas y haciendas en la isla, mientras que su joven aprendiz está atado de manos por su origen democrático-electoral.

El castrochavismo legisla a través de un poder legislativo unicameral, copiada de la Asamblea Nacional cubana. La diferencia está en que allá el Partido Comunista controla todos los curules, mientras que acá, las fuerzas que apoyan el proceso, se debilitan hasta el punto, que pronto no podrán contar ni con la mayoría simple.

El castrochavismo no gobierna, ni consulta, decide unilateralmente como en la isla caribeña. Sus actos contrarios a los intereses populares, tales como el aumento de los impuestos y devaluación de la moneda, que encarecen el costo de la vida, se imponen por la cúpula. Y su incompetencia para llevar la ayuda social a los más necesitados o para reactivar la economía es notoria como en Cuba.

El castrochavismo ha creado, con acólitos adoctrinados, una llamada prensa alternativa, que es un espejo de lo que son los medios de comunicación bajo el totalitarismo castrista en la isla de la indignidad. Juega al caos intentando pescar en río revuelto. Los violentos, ahora en nómina oficial, siembran el desconcierto en Caracas y se entrenan en campamentos con respaldo guerrillero- castrista.

El castrochavismo, por naturaleza farisaico, intenta cubrir bajo un manto de dudosa legitimidad constitucional, todos estos desafueros contra la democracia, mientras abre la fosa de su desaparición anticipada.

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