Opinión Nacional

Un sentido adios y las matracas viales

ADIOS AL AMIGO:

Comienzo hoy por deplorar una lamentable pérdida humana. En el ir y venir de nuestro destino, la pasada semana, intempestivamente, como suelen ocurrir estas cosas, falleció un reputado hombre de negocios, hábil pero impoluto comerciante y mejor amigo, se trata de Bernard Graham Newman.

Graham, de nacionalidad originaria norteamericana, fue siempre un profundo amante y creyente de esta insólita patria. Nacido por allá en el año 1928, a mitad de su acontecer vital resolvió venirse a nuestro país y en el adoptó su nacionalidad, pues consideraba injusto vivir y desarrollar su entorno en él y no brindarle su apoyo ciudadano. Fue un modelo de arduo y duro trabajo todo el tiempo que le permitió la vida dedicarse sensatamente a su actividad, al extremo que lo encontró la muerte en pleno ejercicio de sus operaciones y negocios.

Desde 1957 se vinculo a la actividad bursátil en Caracas y primero como socio y luego como dueño mantuvo la empresa Carlsen & Co. Sucsrs. Luego convertida en sociedad anónima.

La rectitud y pureza en los negocios fueron el sello característico de su acontecer comercial, pues no solo su firma era garantía de fidelidad y seriedad en las transacciones, sino que llegaba al extremo, como lo pude constatar personalmente, en devolver cualquier diferencia, si por cuestiones del azar el negocio con los papeles o acciones recomendadas no salía como lo había pronosticado prudentemente a sus clientes. Por esa forma de actuar y negociar, tuvo entre sus clientes a reputadas personas, empresas y entidades financieras, tanto dentro como fuera de Venezuela. Bernard manejó diáfana e impolutamente en su momento, cuando no existían Cajas de Valores, ni los Departamentos de Valores de los Bancos cumplían adecuadamente sus responsabilidades, a cabalidad y como debía ser, grandes portafolios accionarios e inversiones. Sus titulares en mucho preferían la acertada conseja y buen manejo de sus capitales invertidos en manos de Carlsen & Co. que el mantenerlos y reproducirlos en bancos u otras instituciones o inclusive personalmente.

Jamás demostró mezquindad alguna en los negocios con sus pares, y siempre mantuvo magníficas relaciones con los corredores, que en igual talla y altura que su empresa manejaban negocios ajenos. Fue serio y reputado miembro de la Bolsa de Valores de Caracas.

Dentro y fuera de Venezuela, siempre fue un excelente consejero para manejar los portafolios, individuales y de empresas, y así, por igual era consultado por entes bancarios y financieros nacionales y del exterior, sobre oportunidades, colocaciones y negocios.

Pero ese Graham, no fue solo grande en el manejo de oportunidades y negocios, sino su grandeza se extendió con mayor altura en su comportamiento humano. Fue y vivió como un ser especialmente delicado y dolido por la tragedia ajena. Su calidad humana demostrada una y más veces, callada y silenciosamente, constituye el mejor ejemplo de cuanto pueda decirse de él.

A sus empleados y a quienes con razón y justicia buscaron su apoyo, materialmente los trató como sus familiares y les dio cuanto necesitaron para recomponer su problema vital. No escatimó jamás reconocimiento alguno que fuera posible a quienes lealmente le apoyaron en su empresa, y hasta los convirtió en parte de sus negocios.

Como amigo, solo los que tuvimos el privilegio de tratarle sabemos lo que hemos perdido con la partida de Bernardo. Que el señor suyo lo tenga en su gloria. Lo merece porque de alguna manera fue hecho para emularlo y dignificarlo con su comportamiento terreno. Paz a sus restos.

LA MATRACA VIAL.

No puedo terminar hoy estos comentarios sin tener que referirme a otro grave problema que acaece a la luz pública y todos los días.

El simple derecho a transitar por las vías públicas es una ocasión mas para que los corruptos se aprovechen y detengan, demoren o impidan el libre tránsito y con ello obliguen a los transportistas a entregar considerables sumas de dinero a fin e evitar la pérdida de tiempo en largas colas y poder seguir hasta sus destinos.

Como se lo puede imaginar, el efecto de la corruptela y el descaro en la comisión de estos delitos, no solo produce el daño directo que conforma el hecho de verse obligado a desprenderse de una suma de dinero, a la que no viene obligado a entregar el dueño del transporte o empresa, sino que contempla una innecesaria demora en la entrega de los mismos, en un desacomodo en el manejo de los fletes y despachos, y finalmente en otra causa mas para encarecer la prestación de dicho servicio con insanos y dañinos efectos para los consumidores.

En efecto como puede imaginarse ni el productor de los artículos, ni el transportista o en su caso tampoco el intermediario de comercio asumirán por ninguna razón ese incremento en el valor del producto a distribuir, y simplemente lo trasladan en adición al valor del objeto terminado, que ya de por si llega entonces también al mercado demorado, fuera de oportunidad, y teniendo que enfrentarse seguramente a una competencia desleal de otro artículo similar o de menor calidad que aprovecha los problemas de distribución para introducirse hábilmente en el mercado, prevaliéndose de su posible mejor ubicación geográfica o local.

Lo que uno se pregunta obviamente y no terminará jamás de entender es como resulta posible que todas las demás autoridades que circulan por las vías nacionales, por el mismo sitio donde se producen esos ilegales y arbitrarios hechos no se den cuenta, o no perciban lo que tan aberrantemente acontece.

Lo simpático es a la vez, como se hacen los locos para pasar por desapercibidas las colas de camiones y transportes inadecuada e insólitamente detenidos en alcabalas móviles, sitios de chequeo, etc., donde pasan horas, sin sentido ni explicación alguna, ni se impartan claras y precisas instrucciones para que todo esto se corrija y evite.

Pasar por Tazón o al lado de alcabalas o sitios de chequeo del interior, cerca de las grandes urbes, es ver repetir el paisaje de vehículos de carga detenidos, cuya circulación se interrumpe una y docenas de veces por el mismo motivo, y por el simple hecho de transitar con destino al lugar de entrega final de los fletes..

En Venezuela ha sido, es y seguirá siendo un negocio tener el privilegio como autoridad y quedar destinado a un punto de control vial, pues ese es el sitio donde se rebusca la mordida que es y excede una y mil veces el salario bueno o malo con el cual debe remunerarse al funcionario de turno.

Invito a las autoridades para que dispongan una investigación en Tazón y en las entradas y puntos de control de nuestras ciudades, para que se sorprendan con la matraca y pongan fin a tan malsanas prácticas.

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