Opinión Nacional

Una cadena de errores encadenaron la democracia

El fracaso del CNE, como símbolo dramático del fracaso de la mascarada democrática que representa la llamada V República, no puede verse de manera aislada, sino parte integral de una concepción absurda y extemporánea de lo que es y lo que debe ser el funcionamiento de una sociedad democrática. Lo que fracasó no fue el CNE, lo que evidenció su estrepitoso fracaso fue este cuento infantil que significa la V República. El CNE subsume todos los fracasos que representan nuestra dramática realidad.

La Asamblea Constituyente conformó una burla a la democracia, electa en forma lúdica bajo el juego de la esperanza de un kino manipulador, basado en la ignorancia de un pueblo al cual se alimenta de más ignorancia, donde el Presidente abusó de su posición de dominio y utilizó de manera descarada fondos públicos para promover a sus candidatos. En tres meses, esa mayoría que obedecía los mandatos del rey aprobó una Constitución Bolivariana cuyo contenido ni siquiera fue discutido con la sociedad. Sigilosamente, con esa visión ladina de la sociedad que pareciera caracterizar a los nuevos actores, ese órgano simulador de la voluntad popular en flagrante violación a la Constitución recién aprobada por esa mayoría manipulada, designó a dedo, según la voluntad del mandatario y su cortesano mayor, a todas las autoridades del Estado, colocando a sus amigos, allegados y subordinados al frente de las organizaciones que representan las más elevadas instituciones de un Estado democrático, entre ellos el importante CNE. No sólo fueron el dedazo y la sumisión los criterios para designarlos, sino que la misma Asamblea fijó una fecha absurda para realizar las megaelecciones, violando nuevamente la Constitución, sólo basado en apuntalar el régimen los antes posible, ante el riesgo que su fracaso fuera entendido como tal por la mayoría de la sociedad.

El Tribunal Supremo de Justicia designado igualmente a dedo, falló en contra, no sólo de los recursos introducidos por ciudadanos responsables, quienes argumentaron la obvia y descarada violación a la nueva Constitución, sino que ratificó el 28 de mayo como la fecha de las elecciones, azuzado por la incompetencia del cuerpo directivo del CNE, quienes de manera irresponsable, sin conocer las características técnicas del proceso automatizado electoral y por carecer de los conocimientos y experiencias necesarios para desempeñar tan trascendentes posiciones, aseguraron a la salida de una reunión con su amo y señor en Miraflores que ellos estaban preparados para hacer unas elecciones en cualquier día del mes de mayo.

La Defensoría del Pueblo. Aquí es justo separar al director general y su equipo de apoyo, quienes nos han acompañado como vigilantes del proceso y nos han ofrecido todo su apoyo, de la autoridad máxima de ese órgano integrante del supuesto ‘Poder ciudadano’. El día 19 de mayo, conjuntamente con otros miembros de la Fundación Momento de la Gente, suscribimos una correspondencia dirigida a la Defensoría del Pueblo, donde le solicitábamos exigiera la suspensión de las elecciones, exponiendo, entre otras razones las siguientes: ‘no ha concluido el proceso de postulaciones de candidatos, al proceso denominado coloquialmente ‘Megaelecciones 2000’, no ha concluido el proceso de impugnaciones a las candidaturas; no ha concluido el proceso de impresión de boletas electorales y actas de escrutinio; no han sido elaboradas las ‘flash cards’, tarjetas que plasman la identificación de candidatos y alianzas electorales, insumo básico para el proceso automatizado electoral; no han sido celebradas las pruebas de ingeniería de máquinas; no han sido realizadas las pruebas de resistencia de máquinas, de los programas de automatización (‘softwares’); no han sido realizados los simulacros y auditorías internas de control del CNE; no ha sido contratada la auditoría externa al proceso automatizado electoral; los ciudadanos desconocemos el sistema electoral; los ciudadanos desconocemos quiénes son los candidatos a cuáles cargos de elección; los ciudadanos desconocemos cuántas boletas electorales utilizaremos ni qué cargos elegiremos con cada una de ellas; en este proceso comicial elegiríamos nuevas instancias políticas, desconociendo el ciudadano común su misión, alcance y postulados; tales como el parlamento latinoamericano, el parlamento andino y adicionalmente los ciudadanos residentes del área metroplitana elegiríamos además una alcalde mayor y un cabildo metropolitano; el CNE no ha suministrado la información necesaria y suficiente para que el ciudadano disponga de todos los insumos informativos necesarios para elegir, como la sanciona la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. Su respuesta fue que no podían suspenderse las elecciones ‘por razones de Estado’.

Gracias a la acción responsable de la Sociedad Civil, representados por QUEREMOS ELEGIR y COFAVIC, el propio CNE reconoció su fracaso y el 28 de mayo pasará a nuestra historia como el nuevo ‘día de los inocentes’, pero ¿habremos aprendido? ¿Rectificaremos’ ¿Entendimos las verdaderas implicaciones de este fracaso?

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