Opinión Nacional

Una colonia caribeña

Al final de su vida, el Libertador Simón Bolívar se paseó por la idea grancolombiana de organizar una expedición que liberara a Cuba del dominio español, y casi dos siglos después su propia patria, Venezuela, se encuentra sometida al dominio de la satrapía cubana que encabezan, en La Habana, los hermanos Castro, y en Caracas, el pupilo y proveedor Hugo Chávez.

Colonia significa país o territorio dominado por una potencia extranjera, y de acuerdo a esta límpida definición, el nuestro es una colonia de la Cuba castrista, así sin mayores aditamentos. Pero dejemos que los hechos hablen por sí mismos…

Una parte significativa de los recursos económicos nacionales es succionada del país y transferida a Cuba para financiar el sostén de su régimen político. Como no hay contabilidad pública y oficial al respecto, las estimaciones se sitúan en cerca de 30 mil millones de dólares en transferencias desde 1999. Ello equivaldría al total de los ingresos públicos del Estado venezolano en los años 1998 y 1999, que fue de US$ 32.457 millones. Eso no tiene otro nombre que el de «tributo colonial».

El mismo gobernante venezolano suele declarar que muchas de sus iniciativas cruciales se derivan de la «estrategia perfecta» que concibe Fidel Castro, acaso el habitante del planeta tierra con más experiencia y habilidad en las artes del continuismo en el poder. Sería difícil de identificar una confesión más elocuente de subordinación política a un mandatario foráneo.

Sectores clave de la conducción del Estado venezolano se encuentran bajo la supervisión de funcionarios cubanos, e incluso bajo su directa administración. Las policías políticas, diversos ámbitos militares, el sistema de registro ciudadano, programas sociales, organismos de financiamiento externo, estructuras diplomáticas y hasta la maquinaria propagandística, son esferas de la actividad estatal donde la presencia cubana no es accesoria sino principal.

El santoral oficial de la Revolución Cubana, comenzando por Fidel y el Che Guevara, tienen preeminencia en el discurso y la simbología oficialista. Los valores cívilistas de Venezuela, como Andrés Bello, José María Vargas o Rómulo Gallegos, son preteridos en comparación con cualquier barbudo de la Sierra Maestra. Y ni hablar de los líderes políticos que forjaron la República Civil, suerte de piara asesina y traidora según el diccionario de boinacolorá.

Por si fuera poco, una pieza central del engranaje publicitario del régimen es que la «revolución» ha liberado a Venezuela del yugo colonial del Imperio estadounidense… Toda una invectiva clásica del diestro cerebro de Fidel Castro.

Si en el cumplimiento de un objetivo ha sido eficaz el señor Chávez, ese no es otro que el haber facilitado, de la mano de su mentor habanero, la transmutación de Venezuela de un país soberano e independiente a uno alineado cien por cien con el afán de supervivencia de la revolución cubana. El precio ha sido brutal, porque nos acercamos al Bicentenario del proceso de Emancipación convertidos en una colonia caribeña.

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