Opinión Nacional

Una Década para el Olvido

La decisión caprichosa y autocrática del dictador tropical de declarar el pasado dos de febrero como fecha no laborable, o mejor dicho, como “día de fiesta” nacional; con la excusa de celebrar los 10 años de su paupérrima “robo-ilusión”, es la prueba más fehaciente de lo bajo que hemos caído los venezolanos, no sólo nuestros gobernantes, sino nosotros mismos como sociedad. Hasta hace algunos años atrás se decía que los venezolanos se estaban “colombianizando”, en referencia a lo usual que se nos estaba haciendo la violencia y todas sus secuelas nunca antes vistas en nuestro país, pero comunes y recurrentes en la hermana república. Pues ahora sería más que razonable señalar que los venezolanos nos estamos “africanizando”. Sólo en África y en algunos países con regímenes totalitarios, se ven hoy en día decretos de esa naturaleza. Son naciones en la que la voluntad del mandatario es incuestionable y sus caprichos son complacidos a cabalidad, so pena de ser execrado de la élite política de turno. Al igual que aquí en Venezuela, las instituciones son meramente decorativas y sus decisiones son siempre tomadas con la única finalidad de complacer al líder supremo, al caudillo del proceso, o de la “revolución”.

Los venezolanos hemos sufrido una mutación camaleónica de valores sumamente grave que dejará secuelas inimaginables en el futuro próximo y mediano de la nación. En los 10 años que el ahijado de Fidel lleva a la cabeza de este pobre-rico país, hemos pasado a ser unos autómatas parasitarios que por comodidad, más que por miedo, le hemos permitido a un eunuco mental sin preparación alguna; la destrucción total de la patria. Y mucho más grave aún, la aniquilación total y sumaria del estado de derecho como signo inequívoco de una sociedad en decadencia precipitada. Hasta el gentilicio venezolano ha sido borrado del mapa sin resistencia alguna. Supremamente triste es observar a diario la decena de mendigos y niños de la calle que recorren en harapos las principales ciudades de este sangrante ex país. Hemos pasado 10 años de elección en elección, con trampas de por medio, y no terminamos de darnos cuenta de lo bajo que hemos caído como sociedad. Somos el único país de Latinoamérica, exceptuando a Cuba, con un enfermo y resentido social como “presidente” que ya lleva una década desperdiciada en el poder, y todavía le permitimos de manera pacifica aspirar a otros 10 años más.

El usurpador de Miraflores ha despertado los sentimientos más innobles, indignos e infames del venezolano. Ha dividido a la sociedad venezolana a su antojo incitando al odio y a la violencia, sin remordimiento alguno, y de manera pública y notoria. Pasamos de 4.500 asesinatos al año desde su llegada a Miraflores, a más de 12.000 asesinatos en el año 2.008. Hemos caído al quinto lugar como proveedores de crudo hacia los EEUU, después de haber sido el principal socio comercial del gigante del Norte en toda América a la par de México y Brasil. Los liceos y escuelas públicas en su mayoría son nidos de rateros, prostitutas y drogadictos. Las Fuerzas Armadas se han convertido en un partido político al servicio de un bipolar disociado que amenaza con destruirlas por completo ante la mirada pasiva de sus propios integrantes. Las instituciones del estado se han convertido en apéndices del poder ejecutivo, y sus integrantes son una cuerda de corruptos pusilánimes y arrastrados.

Los líderes de la oposición se conforman con mantener un “status quo” minimizado pero por lo menos existente. No representan al grueso de la población y son los principales alcahuetes de tantas elecciones amañadas e inocuas. Sin ellos Chávez nunca hubiera podido llegar hasta aquí, y la historia les cobrará con creces su parte en está pesadilla bolivariana. Si por ellos fuera tendríamos que ir a elecciones hasta para escoger al gerente de algún McDonald´s de la capital. Es por su incapacidad y nuestra cobardía que el excelso comandante “diarreico” y cobarde del museo militar ha hecho y deshecho como le ha venido en gana. Se ha limpiado el forro del ano con nuestra Constitución hasta más no poder. Le hemos permitido en estos 10 años tanto cinismo y malcriadez que ya se jacta diciendo que de perder el referendo del próximo 15 de febrero, pues sencillamente llamará a una Asamblea Nacional Constituyente. O modestamente presentará enmiendas cada año ya que la Constitución no establece límites en las mismas. ¡Vaya cabrón y pueblo tan pendejo!

Si de verdad los pueblos tienen límites y los tiempos de Dios son perfectos, éste 15 de febrero una vez más jugaremos al gato y al ratón. De todas maneras se gane o se pierda la enmienda-enmendada-reformada, el autócrata seguirá en el poder por lo menos hasta enero del 2.013, sólo de escribirlo dan ganas de llorar. Así que bájense de las nubes, vayan a votar, y cuiden su voto; porque de lo contrario “a llorar al valle”. Ya perdimos una década y una generación completa, creo que llegó la hora de empezar a usar las esféricas y los ovarios en vez de tanta lenguarada democrática. Ojalá tengamos la valentía necesaria para afrontar los días porvenir sin miramientos ni recules de ningún tipo. Lo exige la próxima generación, la patria y nuestra historia. No será fácil, pero bien lo valen nuestros hijos, nietos y todos los amantes de la Libertad. ¡El pueblo unido jamás será vencido!

¡Patria, Democracia y Libertad!

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