Opinión Nacional

Una lección para la historia

Con motivo de celebrarse el pasado 25 de noviembre de 2005 la conferencia anual José De Oviedo y Baños en el marco del 60º aniversario de la fundación de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, correspondió al Dr. German Carrera Damas designado por las autoridades de la Escuela de historia dictar dicha conferencia, la cual denominó: Achicar la sentina de la historiográfia Venezolana.

Viene al caso ahora de forma muy precisa la afirmación del ilustre conferencista, cuyos lauros académicos desbordan cualquier halago de: “llamar la atención a los jóvenes historiadores, sobre el hecho de que, igual que las embarcaciones, la historiografía tiene su sentina, en la que se recogen y acumulan residuos de diversa naturaleza, y que periódicamente es necesario achicarla.” Centró en su magistral disertación en que ha llegado el momento en que es vitalmente necesario desechar esos residuos que él mismo enumeró en 16 cuestiones para el debate que deberá darse entre aquellos jóvenes historiadores para quienes su propia vocación marche pareja con un claro sentido de responsabilidad social y cuenten ellos con una buena porción de coraje intelectual.

Dentro de las cuestiones referidas en la señalada enumeración y por el rigor impuesto al espacio disponible, señalare, textualmente el punto de vista mencionado por el historiador en lo relativo a: El discurso revolucionario y la “Refundación” del saber histórico. Afirma Carrera Damas que: “El prejuicio del progresismo social ha llegado a envolver a la elaboración historiográfica en el discurso revolucionario, sino a substituirlo por él. Una perspectiva histórica prolongada, y enriquecida durante la segundad mitad del siglo XX, muestra como el discurso revolucionario puede ser rémora y lastre en la evolución histórica de las sociedades. Esto tiene consecuencias graves en lo concerniente a la compresión y la interpretación critica de la historia. Así la independencia nacional sigue siendo considerada, por los “refundadores” del saber histórico, en situación de riesgo, casi en los mismos términos en que se le vió al ser amenazada por la Santa Alianza.

Asi, los caudillos populares son vaciados de su conservadurismo y elementalidad para presentarlos como revolucionarios arquetípicos.

Asi, la disputa de la independencia ha sido y es utilizada como una coartada del poder, sobre todo del autocrático, al ser declarada una obra inconclusa en espera de un heredero vocacional de Simón Bolívar que la complete o perfeccione, Quizás sea la mas truculenta consecuencia del discurso revolucionario en que los discípulos del materialismo histórico fosilizado, haciendo validos retrospectivamente los postulados de la revolución agraria antiimperialista, promovieran la discusión sobre si la independencia fué o no una revolución, ignorando el alcance, como hechos revolucionarios de la mas alta instancia, de la abolición de la monarquía, la instauración de la Republica moderna liberal y la condena, y al cabo la abolición, de la esclavitud. Quienes hemos madurado, y algo mas, en el ejercicio del oficio de historiador, hemos llegado al convencimiento de que las voces que han decretado el fin de la historia o que han pretendido refundarla, forman un capitulo, por cierto no el mas luminoso, de la historia de la historiografía, porque al intentar cortar el curso de la historia solo revelan no haber comprendido su naturaleza.”

Recapitulando sobre ésta cuestión señalada con diáfana claridad por el conferencista, coincidimos en que es urgente achicar esa sentina de la historiografía venezolana, pues como bien lo señalaba, las enumeraciones de los residuos historiográficos y metódicos allí recogidos ya intoxican y podrían terminar por dañarla de manera perdurable, pues la historia no se enseña ni se aprende, se estudia y se aprende a estudiarla y es precisamente allí donde cobra capital importancia la reorientación de los estudios históricos en el ámbito universitario como la mejor forma de mantener vigente nuestra verdadera identidad como nación, y no dejarnos arrastrar por esas pasiones patrioteras de nueva ola que no contienen en su esencia mas que un velado y subyacente resentimiento social que pretende a todas luces encender el odio y la confrontación entre un pueblo históricamente amante de la paz.

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