Opinión Nacional

Una mirada a la mujer latina

Inmersos en una situación difícil, los seres humanos tendemos a soñar con realidades alternas e incluso idealizar aquello que consideramos “óptimo”. Desde años atrás, y particularmente en la era de Chávez, muchos venezolanos anhelamos con la posibilidad de mudarnos a Europa o EE.UU.; admiramos a quienes han logrado establecerse en otro país e incluso envidiamos a muchos hijos de inmigrantes quienes, gracias a su segunda nacionalidad, pueden trasladarse a la tierra de sus padres o abuelos.

Yo soy una de esas personas que había idealizado Europa, graduada en periodismo de la UCAB; hoy estoy residenciada en Suecia y estudio una maestría en ciencias de la comunicación en la Universidad de Estocolmo. Gracias a ello y a mi situación laboral he logrado ver cuál es la situación para los inmigrantes y he aprendido que el “ideal” no es siempre la solución perfecta. Por otra parte, siento que el venezolano ha olvidado que el verdadero valor de un país es la gente y que la riqueza de una patria está en la actitud de sus ciudadanos; en esta oportunidad y sin ánimos de parecer feminista, quiero referirme al valor de la mujer.

Como mujer venezolana salgo al mundo con un pesado estereotipo sobre mis hombros: ser bella. Por esta razón y consciente de ser una embajadora de las latinas, trato de verme lo mejor posible y procuro mantener una actitud positiva ante las adversidades que mi país anfitrión me impone. Ese día a día, en el cual yo luzco y actúo obviamente diferente, me ha permitido mentalizarme sobre la fortuna de ser una mujer latina. En vista de que hacer generalizaciones es sumamente peligroso y poco serio, voy a referirme únicamente a la mujer colombiana y a la venezolana cuando hable de la mujer “latina”; y me atrevo a tomar en cuenta a la mujer colombiana debido a que lo soy parcialmente.

Mucho se ha hablado sobre la “superficialidad de la mujer latina”, y aunque ciertamente la belleza es una preocupación de la mujer venezolana y colombiana, asegurar que esta «preocupación» determina el resto de nuestra existencia sería un juicio poco asertivo. La mujer latina es mucho más femenina que la mujer nórdica (hablo de la mujer sueca y noruega pues he vivido en los 2 países), y eso no es necesariamente algo negativo. La «feminidad» es parte de ser mujer, en todo el sentido de la palabra, y es un activo ¡no una debilidad!
En Escandinavia muchas de las mujeres están tan preocupadas por no ser estigmatizadas por su cuerpo que han dejado de ser femeninas para convertirse en seres asexuales; van por la vida vestidas al azar, sin preocupación alguna por su aroma, maquillaje o apariencia en general, y peor aún, viviendo en una soledad auto-impuesta. ¿Por qué? Porque muchas de ellas han hecho una revuelta contra una sociedad supuestamente machista que las ha degradado a seres inferiores. Hay viajeras en África disfrutando de viajes que han tomado el nombre de “turismo sexual”, otras adoptan niños después de los 40 años convirtiéndose así, en un ataque de pánico, en madres solteras, sólo porque no querían la compañía de un hombre. Los hombres buscan mujeres en otros países puesto que las locales parecen inalcanzables, y de ello se han hecho “negocios” que importan parejas desde Rusia, Tailandia y otros países subdesarrollados, lo cual ha traído consigo otra serie de problemas sociales en los cuales no voy a entrar en detalle.

Muchas mujeres en Venezuela se quejan de que “no hay hombres”, y yo, como una de ellas, hoy comparto mi vida con sueco. Pero en las culturas nórdicas la situación no es mucho más esperanzadora. Jamás en mi vida, las mujeres que conozco se han mostrado tan deseosas por conocer a los amigos solteros de mi novio, y ellos a mis amigas. Aquí tampoco “hay hombres”, pero aparentemente, tampoco hay mujeres. La muestra es la abundancia de parejas interétnicas, cosa que para mí, no era común en Venezuela.

Esta necesidad de buscar una pareja adecuada tiene que ver con otra frase muy venezolana: “un hombre que me represente”; la cual se aplica igualmente a los hombres. Nadie quiere estar con alguien que pueda potencialmente convertirse en una “vergüenza” en diversas situaciones sociales, sin importar la clase a la que se pertenezca, y por ello aspectos como el nivel de educación y los activos personales pasan a ser parte de la valía de una pareja. No es una cuestión de buscar a alguien superior, es una cuestión de buscar alguien que pueda convertirse “en el padre de mis hijos”; para ello, instintivamente, tratamos de encontrar “el mejor macho de la manada”, al macho alfa. El macho alfa es aquel con mayores posibilidades de proteger al grupo y proporcionar alimentos, asimismo es aquel con los “mejores genes” para la reproducción. Lo único que cambia hoy en día es la forma de proveer para la familia, el macho alfa ya no está en el bosque cazando y pescando, está en el mercado laboral produciendo dinero y servicios.

En las sociedades nórdicas los hombres tienden a conformarse con una mujer que no compita con ellos a diario, y factores como la feminidad son secundarios. Es parte de la normalidad que las parejas hagan un balance de la cantidad de labores del hogar que cada uno ha llevado a cabo, y cosas que en Colombia y Venezuela son considerados como “cuidar del esposo” son poco populares en estas latitudes. Las implicaciones sociales de esta situación son más profundas que una supuesta “igualdad”, tienen que ver con una fusión de roles que resulta bastante confusa para una extranjera y que puede llegar a ser incómoda para todos, incluso para la gente local.

Una de las polémicas sociales de muchas mujeres nórdicas es que el hecho de “no ser hombres” les impide alcanzar sus sueños profesionales. Sin embargo, Suecia es estadísticamente el país con mayor igualdad entre mujeres y hombres en el campo laboral; además de contar con recursos que facilitan poderosamente que una mujer viva al máximo de su potencial. Entre otras facilidades esta el permiso pago de paternidad que puede ser tomado por el padre o la madre según su acuerdo privado (sin embargo, en la mayoría de los casos las mujeres no desean “sacrificar” lo que ellas consideran su año con el bebé), las guarderías a partir del primer año del hijo y por supuesto la educación gratuita y subvencionada a todo nivel. Por su parte, el parlamento noruego, en su en su cruzada por la igualdad entre hombres las mujeres, dictó recientemente una Ley que exige que el 40% de los puestos directivos en las empresas sean cubiertos por mujeres; sin embargo, la mayoría de las compañías se han topado con un grave problema: no hay suficientes mujeres académicamente preparadas “ya” para cubrir esa cuota; ocasionando así, otra discusión y una serie de interrogantes.

Cada día me convenzo más de que no hay mujeres como las latinas, sea por la razón que sea, nosotras tratamos de participar en el proceso de construir un país, protestamos, nos quejamos, trabajamos por nuestras familias, sufrimos por nuestra tierra (incluso las cobardes que como yo desertamos), criamos a nuestros hijos y aún así, tenemos tiempo para dar un beso, hacer una rica comida y ponernos un labial.

Una de las cosas que más extraño estando fuera es nuestra conciencia latina del otro, la cual se la debemos a las mujeres. La mujer latina con su ejemplo, le enseña a sus hijos a no vivir en una esfera privada donde “yo” soy lo único importante. Las madres latinas nos enseñan a decir buenos días en el ascensor, a dar las gracias y decir por favor, son las que nos enseñan a pedir la bendición y ser familia. Las madres latinas, con todo y su vanidad, son nuestro mayor activo, es el modo en que ellas nos han instruido para ser seres sociales lo que marca la diferencia.

Lamentablemente nosotros los latinos vivimos con un grave complejo de inferioridad, pensando que todo lo de afuera es mejor, y es necesario salir de nuestros países para concientizarnos del potencial que tenemos y de los recursos con los cuales ya contamos. Yo, que ya estoy afuera, quiero invitarlo a pensar en qué extrañaría de Venezuela estando en otro país, recuerde que la grama siempre es más verde del otro lado de la cerca, y que la verdad es algo en el medio, y por eso, antes de aventurarse, tómese el tiempo para valorar y darle su merecida importancia a lo que tiene en casa, puedo casi prometerle que no lo va a conseguir en otra parte…

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