Opinión Nacional

Una misión imposible … hasta para Chávez

Hasta ahora no hay duda que la mayoría del pueblo confirma su apoyo al actual presidente. Esto impresiona a todo el mundo, ha aterrado a los contrincantes y confundido a los polítólogos. El apoyo mayoritario no se ha deteriorado en los primeros meses a pesar de la falta de una coherencia gubernamental y de hechos económicos concretos.

Mucha gente, la mayoría de ellos que votaron por otro candidato, lo critican por la ausencia de planes económicos concretos y de otra índole. No entienden cómo la gente sufre el desempleo, la crítica situación de los que sufren en su propia carne la pobreza extrema, el auge de la esconomía informal y del caos ideológico reinante, y les sorprende que la mayoría de venezolanos, a pesar de todas las realidades obvias, todavía no le ha retirado su apoyo. La insólita propaganda oficial, que el presidente siga presentándose como un popular defensor del pueblo, es para muchos difícil de entender.

Lo incomprensible tiene una explicación. Vale la pena analizar porqué ha sucedido y porqué probablemente continuará por un rato largo. Para este fin usaré un pensamiento filosófico que hace mucho tiempo se usó para definir los posibles efectos de la segunda revolución tecnológica. La revolución industrial ocurrida hace dos siglos ha transformado a las sociedades (la primera, el invento de la agricultura, el método de producir alimentos para otros ocurrió hace milenios). En ambos casos el impacto era enorme para los valores de las sociedades tradicionales. Para aceptar las bondades de los nuevos sistemas de producción era indispensable cambiar las relaciones personales, respetar los nuevos centros del poder y asimilar una distinta escala de valores morales vigentes para toda la sociedad de la que el ciudadano era parte. Los efectos de ambas revoluciones eran similares, solamente que el tiempo de adaptación para la revolución industrial era muy limitado y las controversias y tensiones sociales resultantes eran más evidentes y traumáticas.

A los lectores que deseen entender nuestro acontecimiento político, les puede servir el pensamiento de Hegel, testigo del impacto sobre las sociedades de la revolución industrial. Eran sus seguidores -entre ellos Marx, Engels, Lenin. Stalin, Hitler y Mao- quienes llevaron su filosofía ad absurdum. Hegel era un producto de la época romántica.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) nació el mismo día que Beethoven, en el seno de una familia de clase media y luterana, de un padre insignificante y una madre intelectualmente brillante. Era un profesor universitario y publicó varios libros de textos filosóficos, bases para teorías políticas que culpaban a la revolución industrial de causar distanciamento entre clases sociales; ha definido la dialéctica, alienación y lucha de clases. A pesar de ser alemán, admiraba a Napoleón (una semana más tarde de su encuentro personal con él, su casa fue invadida por una soldadesca francesa). Publicó varios textos profundos de filosofía.

¿Qué tiene que ver el hoy presidente venezolano con un filosofo alemán de hace dos siglos y medio? Creo que las teorías de Hegel pueden concretar mejor a los nunca precisados deseos de nuestro «pueblo». Nos encontramos hoy, como en aquella época, al principio de otra revolución tecnológica, la de la comunicación, información, con un concepto de meritocracia y no de años de servicio, de una globalización económica y no de la protección del estado. En esta nueva sacudida tecnológica que ocurre con una velocidad asombrosa, la suerte personal depende de la capacidad individual para aprovechar las nuevas tecnologías, estar dispuesto a competir con otros en un ambiente cambiante.

Es difícil creer que una sociedad acostumbrada al paternalismo, ser «vivo», dependendiente de sus amigos más que de su capacidad individual, acostumbrada a privilegios y a una renta petrolera, se cambiará fácil y voluntariamente. El mensaje de la tradición venezolana, referencias a Bolívar, de un cacique autoritario, tiene que despertar las esperanzas de que el futuro no será tan duro como lo exigen los extranjeros, los del FMI y los venezolanos que pueden competir.

La culpa de sus sentimientos de alienación, de desesperación sobre cómo vivir en un mundo del segundo milenio, la tenemos todos y las generaciones que no se han dado cuenta del daño que hicieron con desconocer lo que era importante para cada sociedad. La preferencia para Chávez es la marcada esperanza de volver a los «tiempos buenos». Una misión imposible.

Tal y como Hegel fue testigo, las revoluciones tecnológicas significan lucha por el poder y cambio del status de las clases sociales.

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