Opinión Nacional

Una reforma para venezolanos embozalados

Con el nombre de reforma constitucional se avanza hacia el cambio del país que somos y hemos sido siempre.

Antes que una simple reingeniería de normas frías y que nada le dicen al común, representará un cambio severo en las reglas de juego que nos identifican como venezolanos.

Luego de la reforma, si llega a cristalizar de espaldas al sentimiento nacional y sin que se considere la voz del país en su conjunto y no la de una parte del mismo que lo secuestró, perderemos otra vez el nombre de la República: que ya no es Venezuela, que la apellidaran engañosamente como Bolivariana, y que al final de la jornada no será una ni otra cosa sino Socialista.

Pero ello, que mucho importa, deja de ser importante ante lo sustantivo de otra pérdida mayor.

Con la reforma cada venezolano dejará de ser experiencia personal una y única.

Me explico. Cada hombre y mujer encontrarán negados en Venezuela sus atributos humanos y la capacidad para expandirlos libremente.

En lo sucesivo todos a uno nos veremos diluidos dentro de un abstracto que se llamará Sociedad Socialista, y perderemos nuestros rostros particulares. Le daremos cabida a un solo rostro que tendrá nombre de Estado Socialista, léase de Gobierno, y en donde un venezolano – el actual Dictador – hablará y pensará por todos los venezolanos. Nos dirá que o que no hacer con nuestras vidas, manejándolas a su antojo.

La libertad para comportarnos como individuos y soñar proyectos de vida propios y posibles se habrá diluido. Pasaremos a ser números, clones los unos de los otros, y todos a la vez, uniformados y de rojo, al unísono, habremos de gritar como autómatas las consignas del Socialismo del Siglo XXI: ¡A la orden mi comandante! ¡Patria, Socialismo o Muerte! ¡Venceremos!

Este es, quiérase o no, el destino que nos espera como Nación, si la reforma toma cuerpo y media la abulia general.

Y repito, somos los venezolanos por lo pronto y como seres humanos “seres unos”. Cada uno de nosotros es y tiene derecho a discernir por si mismo, libremente, y a ser esperanza personal irrepetible, con identidad, capaz de crecer hasta donde nos lo permitan nuestras miradas.

Pero el Dictador, al copiar la idea del Che Guevara, no quiere nada de esto, sino que busca un Hombre Nuevo y una patria socialista.

No se trata de que insistamos en vernos como islas dentro de la realidad o de protestar la reforma a rajatablas. Cada uno de nosotros, insisto, amén de ser experiencias únicas y perfectibles como individuos, por imperfectos necesitamos de los otros. Ejercemos nuestros derechos y realizamos nuestras aspiraciones no ante nosotros mismos sino ante los otros y con los otros. Somos todo un equilibrio permanente y en búsqueda. Pero el acabará la reforma, si arrasa con la tradición constitucional que nos acompaña y que ha jugado, como corresponde, a los equilibrios dentro del país, desde 1811.

Veamos porqué.

En el texto de la actual Constitución, sancionada en 1999, a última hora y por pedido del Dictador se dejó pasar una coletilla nada inocua, harto venenosa. A su tenor el Estado asumió como tarea fundamental el desarrollo de la personalidad humana de cada venezolano y venezolana (artículo 3). Según la misma carecemos de libertad para el pensar con autonomía y para nuestro desempeño, por consiguiente, como individuos libres y con uso de razón. De donde el Estado, a la manera del tutor, es quien ha de decirnos y dictarnos nuestras pautas de comportamiento, de cultura y de vida.

Esa norma permanece con la reforma, pero habrá de leerse en lo sucesivo junto a la modificación que se hace a la norma sobre el derecho a la educación (artículo 102).

Según ésta la educación es un servicio del Estado, atado a un principio: “formar voluntades para el ejercicio de la solidaridad y la participación ciudadana”.

Obsérvese que no se dice que la educación ha de formar para la libertad del individuo, sino para la solidaridad con los otros. Solo caben los otros, no uno mismo. Y el Estado, al efecto, nos formará para la participación ciudadana. Lo que dicho así en nada debería turbar, que no fuese por cuanto dispone la reforma del artículo 62, a objeto de definir lo que habrá de entenderse por “participación”. Ésta, para los reformadores, tiene como destino o finalidad exclusiva “la construcción de la sociedad socialista”.

En síntesis, el Estado Socialista, a la luz de la reforma planteada, nos hará lo que habremos de ser en lo adelante y diseñará nuestras personalidades. Nos educará para participar. Y participaremos, en efecto, en la construcción de la sociedad socialista. No cabra otra sociedad que podamos imaginar libremente, así las cosas, porque la libertad del hombre y de la mujer venezolanos no contará en el porvenir.

Por ello y no por azar la reforma se afana en modificar, seguidamente, el artículo que consagra la libertad de conciencia (artículo 61). Quiere limitar tal libertad cada vez que afecte a otra “persona o grupo de personas” o a la “sociedad”. Es decir, nuestra conciencia no cosa de uno sino de los otros y su ella nos dice que hay otra vía distinta al socialismo, mal podremos manifestarlo. No lo permitirán la “sociedad socialista” y ni su Constitución.

El adorno sobre la torta de la reforma, orientada al desmantelamiento de la libertad individual y del desarrollo libre de la personalidad de los venezolanos, lo pone otra reforma, que explica, ahora sí, la animadversión oficial contra RCTV y la decisión de su cierre.

“Los medios de comunicación social… están obligados a contribuir con el Estado…, en la formación y educación ciudadana, como uno de los requisitos para la utilización del espectro radioeléctrico”, reza el nuevo artículo 108. De modo que, radio o televisión que no ayude al Estado en la doma de la personalidad de cada venezolano, educándolo para la participación y para forja d la sociedad socialista, pierde su concesión. Nada menos.

Así que, ¡o reaccionamos rápido o terminaremos embozalados por la dictadura socialista!
Breves

1.- Los medios de comunicación y los periodistas, agredidos y perseguidos durante 8 años consecutivos, perderán lo que les queda luego de la reforma constitucional, si avanza. La protección constitucional de la que han gozado para preservar sus fuentes de información queda eliminada con la reforma del artículo 28 constitucional. Según este, por si fuese poco, además se restringe el acceso a la información pública y gubernamental por las comunidades, consagrada como derecho y sujeta al principio de máxima divulgación sin condiciones por la Convención Americana de Derechos Humanos. En lo adelante, el Estado informará a quien considere tiene interés directo o legítimo en la información del caso, y no a la opinión pública.

2.- Calixto Ortega se vistió de católico para ofender a Monseñor Baltasar Porras, de la misma manera en que el Dictador se vistió de demócrata, en 1998, para secuestrar a la democracia y vaciarla de todo contenido. Pero olvida Calixto que la doctrina social de la Iglesia, no partiendo confites con el neoliberalismo salvaje rechaza al pensamiento marxista-leninista: que es la savia y nutriente de la reforma constitucional.

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