Opinión Nacional

Una simple fecha

Nadie comienza a hacer los preparativos para una boda sin haber determinado la fecha del matrimonio. Con esa sencilla y muy convincente comparación explicaba ayer uno de los negociadores de la Coordinadora Democrática las razones por las que rechazaba la idea de comenzar a discutir hasta en sus más mínimos detalles el calendario de actividades para adelantar un proceso electoral sin que el proponente, en este caso la representación del gobierno, anticipe la fecha de esas mismas elecciones. El ejemplo no deja de ser considerable, vistas las veces que la novia de la Coordinadora se ha quedado con los crespos hechos a las puertas del Meliá a la espera de un novio esquivo y engañoso. Se comprende que esté un tanto trasquilada.

Forman la comisión de la CD gentes de diversos orígenes, opciones políticas y proyectos históricos, unidos por la necesidad de buscar desesperadamente una salida electoral cierta y concreta a la grave crisis en que estamos hundidos. Y a pesar de las diferencias ideológicas o conceptuales que puede haber entre un empresario como Rafael Alfonso y un intelectual como Américo Martín, ambos quisieran materializar la propuesta electoral, en cuya participación imaginan incluso la presencia de Hugo Chávez. Para qué hablar del chavismo, del que esperar una importante participación en la Venezuela del mañana.

¿Cabe pensar lo mismo de José Vicente Rangel, Nicolás Maduro o Aristóbulo Istúriz? Comprometidos en cuerpo y alma con un proyecto revolucionario, es inmensamente difícil imaginarlos auténticos adalides de compromisos electorales y democráticos. Esa duda pende sobre la mesa, ejerciendo una acción tanto más corrosiva, cuanto más difusas y evasivas son sus propuestas electorales. De allí la necesidad de adelantar una fecha y sepultar suspicacias. ¿Será posible?

No terminaba la sesión de ayer y ya el país hervía en presagios siniestros. Algunos veían vehículos militares subiendo al Ávila, otros aseguraban que la señal de las plantas televisivas serían canceladas, otros esperaban los mismos saqueos de que fueran víctimas los días anteriores algunas radios, periódicos y plantas televisivas del interior del país. La cadena Unión Radio ya había recibido la visita del siniestro mensajero.

Una simple fecha: un día de un mes de los próximos meses bastaría para ponerle término como por encanto a un paro que nos está desangrando a todos y le permitiría a la familia venezolana dedicarse a su más trascendente y simbólica celebración, la del niño Jesús, el arbolito y la hallaca. ¿Se la negarán los enviados del gobierno?

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