Opinión Nacional

Unidad dinámica y diferenciada

Llegamos al llegadero. Al punto de no retorno del cual es imposible devolverse. Entre otras cosas porque no habrá solución a ninguno de los problemas actuales mientras el régimen que dirige Hugo Chávez exista, estando él convertido en el problema mayor que Venezuela tiene que resolver. El tiempo juega a su favor, aunque la crisis económica y financiera juegue en contra. Piensa que siempre podrá imponer su voluntad mediante el fraude constitucional, el abuso de poder, la represión y la violencia física e institucional, como hasta ahora. Los efectos de estos factores están a la vista. A todos los males existentes se agrega ahora el desarrollo en la Asamblea Nacional del nuevo marco jurídico, a la medida de la dictadura, para desnaturalizar el concepto de propiedad privada, el uso de las tierras urbanas y la libertad empresarial, base de toda economía independiente.

Paralelamente se acelera el proceso de desconocimiento y liquidación de la contratación colectiva del sector público y el desmoronamiento progresivo de la de un sector privado venido a menos. Esto es producto, tanto de la quiebra de la administración central y del estado-empresario, como de la orientación ideológica socialista del proceso. Para ellos el sindicalismo es una penosa desviación pequeño-burguesa que debe desaparecer para que todos dependan de una sola y excluyente voluntad. Los trabajadores quedan a la intemperie, su movilidad social truncada y condenados a sobrevivir indignamente. Venezuela es uno de los pocos países del mundo sin un sistema de seguridad social que funcione, aunque sea precariamente.

No basta con quejarse y protestar. Hay que rebelarse apelando a todos los recursos derivados del orden jurídico existente y a los que sabiamente ofrece el derecho natural. Tiene valor la exigencia de unidad que el ciudadano común le hace al liderazgo. Debe empezar por unirnos abiertamente con relación al objetivo, pero sin confusiones. Unidad no es unanimidad, sino el más alto grado de consenso posible. Con el objetivo claro puede ser dinámica y diferenciada, acorde con el pluralismo que caracteriza a los factores que la integran. Tampoco puede ser complicidad. Pretender que en nombre de la unidad se toleren conductas reprochables y errores graves de dirección, sería participar en un cómodo viaje “hacia ninguna parte”. Debemos rechazarlo abiertamente, sin temor a las discrepancias honradas, en nombre de unas convicciones y de unas trayectorias que tenemos la obligación de honrar. Lo decimos con absoluta claridad.

No puede ser que para algunos miopes políticos opositores, lo correcto, lo moral, lo democrático y la mayor audacia sea hacerle el juego a las tácticas distraccionistas y dilatorias del chavismo con las que acelera el camino hacia el comunismo. Lamentablemente hay gente “de inteligencia perezosa y memoria sin cultivar”. Al tan citado Ghandhi le aterraban. A nosotros también. No debemos lamentar lo que es inevitable.

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