Opinión Nacional

¿Unidad en el chavismo?

Una de las variables que puede afectar la reelección del presidente Chávez son las diferencias en el seno del Partido Socialista Unido de Venezuela. El Mandatario, por tanto, no sólo debe cuidarse de una oposición unida, sino de un chavismo desunido.

No es nuevo el enfrentamiento entre grupos que hacen vida en el chavismo. Algunos tienen una marca ideológica, otros se mueven por razones puramente pragmáticas, basadas en intereses particulares. «Chavismo sin Chávez», «Corriente radical de izquierda», «derecha endógena», son algunos de los nombres que les han dado a esas diferencias.

Cuando existía el MVR eran identificables varias alas: los militares, los civiles, los de izquierda… Se la pasaban también en una peleadera pero, en general, mantenían su lealtad con el líder. Con la primera gran desbandada del grupo de Luis Miquilena, en 2002, hubo reacomodos. En resumidas cuentas, el bloque que acompaña al Presidente nunca ha sido homogéneo. No lo fue en 1998 cuando llegó al poder montado sobre el Polo Patriótico, no lo es ahora, a pesar de que en un momento el Mandatario peleó con sus aliados para que «enterraran» a sus respectivos partidos y se fundieran con el Psuv.

Tampoco es parecida la situación de Chávez en estos momentos a la de 2005, cuando fue reelecto por segunda vez. De su lado no están Podemos ni PPT ni tampoco algunos líderes regionales, entre ellos el gobernador de Lara, Henri Falcón, uno de los más emblemáticos. No le acompañan algunos de los «bacalaos» más grandes que tuvo que cargar, entre ellos el general y ex gobernador de Carabobo, Acosta Carles. Sin hablar de los varios «amigos» del alma que rompieron filas con el Presidente.

Vale también mencionar la cada vez más palpable separación con los movimientos sociales -campesinos, trabajadores, profesionales- que ha llevado al Mandatario a insistir en una refundación del Polo Patriótico y cuestionar el papel del Psuv, desligado de tales movimientos.

Por si fuera poco, muchos militantes de su partido han manifestado que cada vez que hay cambio de ministro es como si fuese cambio de gobierno. Los que entran suelen mover a los del equipo anterior.

Sin embargo, el liderazgo de Chávez ha podido sortear todos esos «divorcios», pleitos y divergencias. Pero para ganar las elecciones de 2012, el Presidente no sólo debe conquistar nuevos votos, sino que no puede darse el lujo de perder los que ya tiene por «rencillas» que se reflejan en la gestión de recursos y en el clientelismo.

Tal vez por eso es que el Mandatario llama tanto a la unidad. Sobre todo porque en la acera de enfrente hay un bloque que tenderá a aglutinares para ganarle electoralmente.

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