Opinión Nacional

Unidos en la justicia y la rectitud

El pasado 10 de julio de 2008, finalizó la reunión de la Conferencia Episcopal Venezolana correspondiente al segundo semestre de este año. Como ya es habitual, nuestros pastores, preocupados por los múltiples problemas que día a día nos toca enfrentar a los venezolanos, terminan su reunión semestral con una Exhortación Apostólica, que este año denominaron “unidos en la Justicia y la Rectitud. Estas exhortaciones no suelen ser recibidas de buen agrado por los representantes del gobierno y, en muchas oportunidades, en lugar de reflexionar sobre sus contenidos, los descalifican, agreden ferozmente y de forma irrespetuosa a los obispos y los acusan de abandonar su obligación de rezar a toda hora, como si los obispos vivieran encerrados en un claustro, como si ellos no convivieran con las realidades que debe sufrir nuestro pueblo.

Son muchos los elementos que pudiéramos tomar de este documento para el espeacio de que disponemos, creo que cada uno de ellos debe ser objeto de un profundo análisis que tenga por resultado acciones concretas, siempre dirigidas a la solución de los problemas planteados. Llama nuestra atención el hecho denunciado en el documento, donde evidencia la realidad del irrespeto por la dignidad de la persona humana. La violencia es un mal que nos acecha, sobre todo aquellos que han sido agredidos en su integridad personal y sufren lesiones y muertes consecuencia de atentados contra su persona o contra sus bienes.

Observamos que además viene desarrollándose una suerte de deshumanización en las personas, por la que la suerte de nuestro hermano y los problemas que este puede soportar nos importan poco, siempre que nuestras aspiraciones egoístas puedan verse satisfechas. Esto podemos verlo en la gente humilde que ha conseguido acercarse, aunque sea de lejos, a los beneficios del poder político, pero también lo vemos más acentuado en altos jerarcas de ese mismo poder. El documento de la iglesia señala que “esta realidad hunde sus raíces en una profunda crisis moral, generadora de dolor y temor, a la cual la Iglesia desea responder con la persona misma de Jesús, que viene a sanar la debilidad del corazón humano, y lo abre a la esperanza, poniendo en él, por medio de su Espíritu, el deseo de vivir según la Ley del amor” (las negrillas son nuestras).

Además de abordar el problema de la educación, reflejado en los problemas de orden económico, pero también en el hecho de imponer un sistema que no respeta el pluralismo, analizan los obispos el clima político electoral. Nos aproximamos a un proceso de elecciones regionales, donde nos jugamos la posibilidad de restaurar parte de las libertades que han sido puestas en vilo en los últimos años. En este sentido, llaman la atención por el slogan “patria socialismo o muerte”, advirtiendo que “es éticamente reprobable, y contraviene abiertamente la Constitución vigente y la voluntad expresada en el referéndum del 2 de diciembre”.

Concluyen señalando que “El progreso de Venezuela no se logrará con una permanente conflictividad, sino mediante un clima de paz, abierto al reconocimiento e inclusión de todos sus habitantes y sectores humanos. La construcción del país es tarea de todos. Nadie debe ser excluido”. Que así sea.

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