Opinión Nacional

Unos más iguales que otros

En Rebelión en la granja, una novela de George Orwell, que describe la dictadura de unos cerdos, el burro opina al final que «todos los animales son iguales, pero hay unos más iguales que otros». Único mandamiento que quedó firme en el gobierno que el libro describe.

En el chavismo, todos los venezolanos son iguales, pero, de bulto, se nota que hay unos más iguales que otros. Diosdado, Pedro Carreño, Alejandro Andrade, Jesse Chacón, Ameliach, Rafael Isea, Arias Cárdenas, Mata Gregorio y Rangel Silva son iguales. Son los «herederos de Bolívar y Chávez».

Maduro, Darío, el Chino Khan, Jaua, Cilia, Earle son también iguales. Son los «herederos del Che y Chávez». Rosa Virginia, María Gabriela, Jorge Arreaza, Adán Chávez, Asdrúbal Chávez también son iguales. Son los «únicos y auténticos herederos de Chávez y de más nadie».

Esos tres grupos «herenciales» no son, para nada y en nada, iguales entre ellos. Son dialécticamente más iguales. Están diferenciados como falsos trillizos. Se disputan el poder.

Quieren la silla.

De acuerdo con la tradición política mundial, cuando se trata de familias autoritarias y dictatoriales, en disputas de poder, en nuestro caso, los hijos de Bolívar y los hijos del Che terminarán aliándose para liquidar a los herederos consanguíneos, salvo que el padre de esas tres aglomeraciones contra natura decida abiertamente por uno de ellos. Adivinanza facilona.

La vigente quinta república, reprodujo maliciosamente y multiplicó vergonzosamente las desigualdades y vetos de su criticado y antiguo rival, la cuarta república.

Herrera Campins estuvo vetado por años en un canal de TV. A Petkoff igualmente lo borraron del radar algunos «medios defensores de la democracia». Personalmente estuve durante 3 años, 36 meses, tratando de que RCTV entrevistara a Moisés Moleiro o a Américo Martín, y fue imposible. No eran tan iguales como otros. Y eran verdaderamente dos parlamentarios descollantes. (Cometan la travesura de comparar ese Congreso Nacional con la actual Asamblea Nacional).

Tengo entendido que a partir de las críticas que formulé por el «retiro negociado» de Marta Colomina de su programa entré de lleno en la categoría de los «no invitables». Ya no soy más igual, como la marca española, ahora soy un Desigual.

Recuerdo otro episodio en el cual Alberto Federico Ravel logró colarme en un programa vespertino en Globovisión, cuyo conductor me ve perfectamente «desigual», y a los 5 minutos (las entrevistas son usualmente superiores a 30 minutos) agradeció mi presencia y adiós. Esas deficiencias y vetos han ido disminuyendo.

Los errores de la cuarta república han ido desapareciendo, afortunadamente. Hemos aprendido de los errores, bueno no todos, los chavistas los repiten a diario. Las locuras vengativas contra el Gato Briceño son de antología. Las maldades contra Henri Falcón superan cualquier película de misterio y crimen. Las barbaridades hechas por el TSJ contra el PPT y Podemos serán testimonios eternos de la esclavitud de unos jueces frente al dinero y el poder de Miraflores.

Somos distintos. Venimos sin sed de venganza. Sin retaliaciones ni vindictas. Venimos a limpiar el alma de la patria.

El pasado quedó atrás. Tenemos la gracia de la diferencia y la fortuna de reconocerlas.

Las evidencias muestran que Capriles no comulga con la tesis igual/desigual. El respeto y la presencia de Henri Falcón, Ismael García y Andrés Velásquez dentro de su equipo electoral, en primera línea, así lo comprueba. Repetir el manido, vetusto y antipático recurso del veto es abrir un boquete inconmensurable en el fértil campo del progreso.

Los muertos que entierren a sus muertos. Como dejaron sentado los hippies, «Prohibido prohibir». Nuestro lema debe ser «Perdona y olvida». Ninguna otra fórmula nos dará paz y felicidad. Salve a la reunificación de la gran familia venezolana. Duermo tranquilo.

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