Opinión Nacional

Urbi et Orbi

Pasó la semana mayor, la semana santa, la semana donde todos los cristianos conmemoran la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo. El hombre que vino al mundo para redimirnos, para salvarnos y que ofrendó su vida por nuestros pecados. Ha debido ser un tiempo de reflexión, de arrepentimiento, de desear y pedir por la paz entre los hombres, en el mundo y en especial en nuestro país. Indiferentemente que muchos hayan convertido esta semana, la semana mas importante de la cristiandad, en una semana de vacaciones, pensamos que todos, de  alguna manera han dedicado un momento, un instante, para pensar en su familia, en su país, en lo que nos está pasando, en él mismo.  

Escribo este paraninfo en la mañana del viernes santo, antes de que sean leídas las siete palabras, esas cortas frases que pronunció Jesus en el calvario cuando lo estaban crucificando. Siete palabras que han servido a la Iglesia para conectarlas con la situación social, económica y política del momento, en cada país. En Venezuela recordamos como monseñor Pellín, el mas emblemático de los curas que analizando las siete palabras el viernes santo, hacía estremecer al país y reaccionar a los gobernantes y dirigentes de turno recordándoles sus errores y exigiéndoles su enmienda. Entiendo que esta tarde, la del viernes santo, será el cardenal Jorge Liberato Urosa Sabino quien dirá el sermón de las siete palabras. Hombre ponderado, inteligente, tolerante, pero firme y claro en sus convicciones y en su importante papel como primado de la Iglesia Católica. Me atrevo a adelantar juicio de que será un sermón de un gran contenido cristiano y social, que llamará la atención al país todo, que pedirá paz, tolerancia, comprensión, respeto, sabiduría, a todos, pero en especial a los actores políticos del momento.

Seguro que al analizar la primera palabra: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, les hará saber que ellos sí saben lo que están haciendo. En las segunda palabra: “En verdad, en verdad os digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso”, les recordará que para ir al Paraíso y estar al lado del Señor, hay que hacer obra buena, no necesariamente revolucionaria. “Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre”, tercera palabra de Cristo, les hará recordar la obligación que todos tenemos con la familia, con la nuestra y con la de los demás, con el respeto a la sociedad. Cuando se refiera a la cuarta palabra: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”,  la expresión mas desgarradora pronunciada por el hombre, hijo de Dios, que estaba listo para entregar su alma para la salvación del mundo. “Eloi, Eloi, ¿Lamma Sabactani”.

Seguro nos dirá que no debemos caer en el desespero, que la desesperación es mala consejera, que por mas que nos estén pasando estas cosas y no se vea la luz al final del túnel, Dios no nos abandonará, mas temprano que tarde se logrará una solución y volveremos a ser un país unido, alegre, con problemas pero con soluciones, sin odios.

Tengo sed”, la quinta palabra pronunciada por Jesús, ya muy cerca de dar su último suspiro. Y la respuesta de sus cancerberos fue darle de beber vinagre. Les dirá a los gobernantes de turno que cuando un  pueblo tiene sed, sed de amor, sed de seguridad, sed trabajo, sed de educación, sed de salud y bienestar, no se le puede dar vinagre, es decir paliativos, misiones temporales, pan para hoy hambre para mañana. Y cuando ya estaba listo, dispuesto a partir dijo Jesús: “Todo está consumado”, nos recordará que en algún momento se llega al final de las cosas, que nada es eterno, que todo pasa y hay que estar preparados para rendir cuentas al final de todo, al final de la existencia, al final del mandato, al final de la vida. Y se cosecha lo que hemos sembrando. Finalmente cuando ya sabía que su alma dejaba su cuerpo pronunció la séptima y última palabra: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Nos dirá el cardenal que tal como nos decía en la sexta palabra debemos estar preparados para entregar nuestro espíritu. Que para al encomendarle el espíritu al Señor Todopoderosos, estamos dejando en Él el juicio final de toda nuestra existencia, de nuestras obras, que por mucha riqueza y  poder que hayamos acumulado y tenido, estaremos desnudos ante Él, y será Él quien decidirá nuestro eterno destino.

Cuando los guardias romanos escribieron en una pequeña tabla, la abreviatura de Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, INRI, y la clavaron en lo alto de la cruz, para burlarse de Él, no sabían que estaban escribiendo la expresión de mayor significado para los fieles cristianos. Rey no solo de los judíos sino de toda la humanidad y por siempre, el único y eterno rey, emperador, señor, dueño. Y nos recordará su eminencia el cardenal y amigo Urosa que el reinado terrenal de los hombres es efímero, dura un suspiro. Quien se cree todo poderoso y actúa en consecuencia, en el momento mas inesperado desaparece, se esfuma, se desvanece y queda solo, solitario, rumiando su desventura.

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