Opinión Nacional

¡Vale más ser cubanito!

¡Cuánta razón tiene hoy la letra de la canción que mi madre escuchaba en su RCA Víctor! No sé si la interpretaba Carlos Argentino o algún otro vocalista de la Sonora Matancera. Sólo recuerdo que elogiaba las condiciones de la cubanidad, que a pesar de los avatares y vicisitudes de la mujer de Angulo o de los otros protagonistas de la pachanga caribeña siempre resultaba mejor ser cubanito.

Nada pues más cierto en nuestra Bolivariana Patria donde ser cubanito es de lo más distinguido y reconocido.

Los cubanitos son mejores pa´todo: mejores médicos,  cirujanos, educadores, militares, aviadores, aduaneros, agentes secretos, informadores, ingenieros, museógrafos,  cazadores de nubes,  poetas, bailadores, pitchers, cantantes y músicos, ajedrecistas, y pare UD de contar, porque lo que más importa es que, hoy por hoy, son los mejores revolucionarios del Continente: ejemplo a seguir, plantilla a imponer, ideología eficiente y sin igual, el verdadero e incomparable Mar de la Felicidad.

A veces me pregunto porqué me tocó nacer en Caracas y no en La Habana, estaría orgulloso de tener la nacionalidad que tanto desean para sí nuestros gobernantes. Es más, creo que sería muy conveniente tener la doble nacionalidad o  más bien convertirnos en Estado Asociado de Cuba,  en una provincia de la envidiada patria – un poco lo que ya somos – para estar en igualdad de condiciones con esos excelsos seres superiores que nos asesoran sin interés político de por medio ni aviesas intenciones comerciales.

¡Cómo ansío ver de cerca al Padre de mi Líder!, al abuelo de la Patria.  Poder oírlo, estrecharle la mano, decirle cuánto admiro su talante democrático, su tolerancia para con los enemigos, su fervor cristiano, así como sus dotes de eficiente estadista  que le permitieron estar 50 años en el poder para llevar a Cuba a ser lo que es y que ningún imperialista puede negar: una verdadera potencia mundial, sin hambre ni desempleo, con una alta tasa de crecimiento económico que hasta los chinos envidian y con un altísimo nivel de felicidad colectiva que sólo nosotros superamos debido a tanto amor que nos prodiga el Corazón de la Patria.   

Soy capaz de acompañar al Alcalde Metropolitano, y a quien sea, en su proyectado viaje a la Isla de la Felicidad Eterna, sólo para tener el privilegio de que me bañen las aguas del habanero Malecón.

¡Cubanito soy señores, cubanito de verdad, vale más ser cubanito, aunque UD lo tome a mal ¡    

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