Opinión Nacional

Valencia, ¿Una Ciudad Comunal? (II y final)

Decíamos en la anterior entrega que, esencialmente, la ciudad era una “comunidad política”. Circunstancia esta que desencadenaba unas “relaciones de poder” que se traducían en una específica organización económica y social de la ciudad. Cierto, un modelo político propone un modelo de desarrollo, siendo el ordenamiento territorial, en esta caso urbano o municipal, un componente de este último.

Ahora bien, si hablamos de ciudad comunal, necesariamente debemos definir qué es una comuna. Tarea difícil, pues abundan los conceptos. Desde aquellas “comunas del pueblo” de la Edad Media que citábamos en la primera entrega, hasta la comuna de Chiliying, en la China de Mao. Pero la definición de comuna, quizás la más simple, es aquélla que la interpreta como el entretejido de la organización social, la organización económica-productiva y la organización política. Todo dentro de un ámbito propio de territorio y población. Es decir, estaríamos hablando de una nueva “unidad de ordenamiento urbano” para la ciudad. Así, esta nueva unidad de ordenamiento buscaría transformar la estructura urbana y territorial del municipio. Es evidente, que dicha transformación se dirigiría más hacia las áreas de urbanización informal de la ciudad, que hacia aquéllas ya consolidadas.

Por las limitaciones de espacio que impone un artículo de prensa, asumimos que cualquier trasformación urbana debe hacer parte de un plan de desarrollo municipal. Dentro de éste, diríamos que tres líneas estratégicas o de política son fundamentales para dibujar la “ciudad comunal”: el poder político (poder popular), la economía (complementaria y competitiva) y, obviamente, la ordenación territorial y urbana. En el poder político se propone superar las formas de la democracia representativa por aquellas de democracia directa y participativa ¿Cómo cuáles? La Asamblea de Ciudadanos por la Cámara Municipal, es una de ellas. Aquí se incorporarían los consejos comunales, las contralorías sociales, los consejos locales de planificación y otras formas de organización social, a un verdadero auto-gobierno comunal. Asimismo, la federación de comunas daría pie al gobierno federativo comunal como la entidad que reemplazaría al gobierno municipal.

Por otro lado, la organización económica y productiva de la ciudad debe reemplazar el principio capitalista del crecimiento de la ciudad: el balance entre actividades exportadoras y aquéllas para el consumo interno, por el de producción socialista. A saber: a) competitividad y complementariedad y b) rentabilidad social generalizada. La primera como estrategia, no para la competencia predatoria de los mercados, sino para optimizar la productividad sin “cargar” la disminución de los costos sobre el componente “trabajo” (precarización, maquila, trabajo infantil, etc.). Significa la disminución de los costos de producción, para disminuir el precio y aumentar la producción de bienes y servicios. ¿Acaso esta no es la ley de la demanda? La complementariedad tendría que ver con el sistema de ciudades, donde éstas compartieran la producción de bienes y servicios. La rentabilidad social generalizada se dirige a superar los criterios de evaluación costo-beneficio para los proyectos de inversión pública, incorporando los costos soportados por los usuarios y la colectividad (contaminación, confort, tiempo, accidentes, etc.), a dicha rentabilidad.

Ahora abordemos la transformación urbana de la ciudad para convertirla en una comunal. Esto significa,  a escala comunal o local, la intervención sobre el uso del suelo, privilegiando las viviendas de baja densidad, el comercio menor y el equipamiento para funciones urbanas locales: Barrio Adentro, Mercal, Simoncitos, Consejos Comunales, etc. También habrían comunas con otros usos predominantes: educativas-recreativas, zonas protectoras y comunas con uso industrial (pequeñas empresas comunales, Pymes, EPS, empresas artesanales). Ello no significaría la desaparición de las zonas industriales existentes, sino la espacialización de otra escala de producción. Se crearían los Centros Urbanos Comunales (CUC) que albergarían las funciones de “centros” alternos al principal; en torno a los cuales se agruparían, funcional y espacialmente, un número de comunas. Serían el asiento del gobierno federativo comunal y contarían con equipamientos de mayor jerarquía: CDI, CAT, UBV, PDVAL, misiones, policía municipal, protección civil, teatros, cines, ateneos y servicios públicos municipales, regionales y nacionales. También viviendas de mediana densidad. Esta transformación urbana produciría una disminución de la congestión en el tráfico, debido a la promoción del “viaje intra-zonal” entre comunas y CUCs.

En cuanto a la escala de aglomeración, se estima convertir los llamados Centros Urbanos de Segundo Orden (Guacara, Mariara, San Joaquín, Guigue, principalmente) en verdaderos Centros Secundarios Metropolitanos (CSM). Es decir, en lograr la deslocalización de algunas actividades terciarias de Valencia: comercio metropolitano, servicios profesionales especializados, educativos, asistenciales, etc., hacia dichos CSM. Ahora bien, la transformación urbana propuesta debe estar soportada por un sistema de transporte jerarquizado (por funciones, capacidades y tipología vehicular), denso, de alto desempeño y que privilegie el transporte colectivo sobre el individual.

En fin, son ideas para el debate de un nuevo modelo de ciudad: más igualitaria, equitativa, eficiente y más humana. Sin segregación…..Una ciudad socialista.

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