Opinión Nacional

¡Vamos a los reparos!

Como en todas las encrucijadas que la oposición se ha encontrado en este tortuoso camino por el rescate de la democracia, ahora estamos enfrentados al dilema de los reparos inventados por el grupito conformado por Francisco Carrasquero, Oscar Bataglini y Jorge Rodríguez, los tres delincuentes electorales que el gobierno hizo investir con el rango de autoridades comiciales y que hacen mayoría en el CNE.

No existe regla alguna, previa al Reafirmazo, que hubiese establecido la prohibición a las llamadas “planillas planas”. Después de celebrado el evento crearon una disposición según la cual tales planillas deberían ir a reparo, que no es otra cosa que un nuevo Re-Reafirmazo. Con este trucado proceder pusieron cerca de ochocientas mil firmas en veremos.

Por supuesto que la arbitrariedad produce la reacción instantánea del rechazo, de la rotunda negativa. Pero eso es pasión, y ésta jamás debe privar sobre la razón. Si ahora nos negamos a los reparos estaremos renunciando a la última posibilidad del revocatorio. Se sabe que el trío de pillos del CNE lo que busca es una excusa para declararnos como renunciantes a la solicitud del referéndum, o, en tal caso, hacernos otra jugarreta para finalmente decirnos que tampoco los reparos los hicimos bien, y librar a Chávez de su obligación de contarse. Pero si eso es lo que ellos quieren no debemos complacerlos. Estamos obligados a aferrarnos a esta posibilidad por muy desconfiados que andemos. Vamos a obligarlos a ellos a que sean quienes después de todo digan su verdad y nos nieguen expresamente el derecho que por Constitución tenemos de convocar a la consulta popular.

Si a mí me dicen que tengo que ir a Ciudad Bolívar caminando, y que al llegar allá debo subir una escalera arrodillado para ir a ratificar mi firma por el referéndum, iré. Y estoy seguro que ese es el sentir de la gran mayoría.

No tenemos por qué desalentarnos. Hasta los momentos la pelea la está perdiendo Chávez, quien cada vez se gana más el repudio de la comunidad nacional y también de la internacional. Su cariz brutal de dictador tropical sigue en acelerada puesta en escena. Va dejando tras de si, tirado por el camino, todo ese embustero ropaje de demócrata-revolucionario-pacífico con el que se venía envolviendo. Está nadando en un charco de sangre que cada día crece para su maldición. Desde los calabozos, gritos de dolor y de rabia de más de trescientos venezolanos inocentes le enrostran su canallada.

Imposible ya borrar las imágenes de la madre que en Machiques fue abaleada por la espalda y cuyo cuerpo sin vida yacía abrazado por los cuatro huérfanos que desconsolados lloraban sin entender aquel crimen tan alevoso y despiadado. O las del ingeniero que en San Antonio de Los Altos rindió su vida por un tiro de fusil que le partió el corazón, entrándole por la espalda mientras se encontraba arrodillado y con las manos en alto.

Las escenas de la feroz represión desatada por el gobierno en Venezuela, están dando la vuelta al mundo para mostrar lo que se venía escondiendo. Y aquí, no sabemos cómo quienes hayan tenido sensibilidad social, o simplemente algo de humanidad, no reaccionen ante semejante barbarie. En verdad los hechos están generando una nueva correlación. De un lado están la criminalidad, la barbaridad, y del otro los que sufren y luchan por una patria libre y democrática.

Se está demarcando pues una línea divisoria cada vez más nítida fuera y dentro de nuestro país, y cuyo lado malo se hace cada vez más pequeño.

La libertad no la vamos a lograr en medio de facilidades. Ninguna oportunidad de avanzar en el objetivo será renunciada. Si hay que desenmascararlos definitivamente en un nuevo Reafirmazo, lo haremos, aunque no en frío. Tendremos que seguir luchando a costa de esfuerzos, sacrificios y sufrimientos para conseguirla. No esperemos un golpe de suerte, no vendrá un rayo salvador, ni una invasión extranjera, ni un militar, ni siquiera un terremoto, para tumbar al gobierno. Vendrá, eso sí, una rebelión popular, que poco a poco irá creciendo y buscando sus propias formas de lucha. Unas veces quemaremos un caucho en una esquina, otras veces marcharemos en las calles con pitos y banderas, en otras iremos a los cuarteles a exigir que no nos maten. También cantaremos el himno en los entierros, curaremos las heridas sufridas por los atropellados, gritaremos por la libertad para los presos, tiraremos las piedras que tengamos que tirar, pero, al final marcharemos hacia nuestra libertad. Todo esto sin renunciar a nada de lo que la Constitución nos garantiza.

Los reparos, si es que se dan en unas circunstancias posibles, con un mínimo de garantías, no son sino un medio de lucha más al que ni hay que renunciar, ni hay que separar o aislar de los otros medios. Ya cogimos la calle en son de combate cívico, y tampoco a eso debemos renunciar.

Chávez lo que está es aterrorizado, sabe que su nefasto poder no sobrevivirá al referéndum revocatorio, gruñe, grita, patalea, amenaza, mata, hiere e insulta, pero en verdad son pataleos de ahogado.

Y un llamado final para quienes todavía no han tomado parte en esta carnicería ordenada desde Miraflores: ¡Sálganse ahora! ¡No carguen en su conciencia los crímenes que están ocurriendo! El embajador que Chávez tenía en la ONU, el doctor Milos Alcalay, dio el ejemplo, renunció y dijo que no quería ser cómplice de tantas violaciones a los derechos humanos, ¡y mire que ese era un buen cambur!

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