Opinión Nacional

Veinte mil a uno

Marcel Granier ha señalado que por cada minuto de televisión o radio que obtengan, digamos, Teodoro Petkoff, Julio Borges o el gobernador Manuel Rosales, el señor Chávez tiene asegurados por lo menos 20 mil. Un ejemplo simple y común nos sirve para entender la comparación.

Cuando un dirigente opositor va a un programa de televisión, por lo general consigue cerca de 20 minutos efectivos al aire en un sólo canal o emisor; pues bien, esa noche Chávez habla en cadena durante dos horas, es decir 120 minutos a través de 700 emisores, entre 60 canales de televisión y más de 600 estaciones de radio, lo que le da un aproximado de 84 mil minutos en el espacio radioeléctrico de un solo tirón. La proporción es de 4.200 veces a una.

A eso debe agregarse el efecto acumulado de las constantes cadenas, las casi 24 horas dedicadas a Chávez en VTV, Radio Nacional y la programación de numerosos medios radiales y televisivos que son oficiales u oficiosos. Hay que agregar los 10 minutos diarios, gratuitos y obligatorios de publicidad gobiernera en todos y cada uno de los «prestadores de servicios» de radio y TV, «cortesía» de la Ley Mordaza o Resorte.

Hay que agregar, además, la cascada de publicidad pagada en muchos medios, para lo cual sólo el Minci de Willian Lara dispone de alrededor de 100 mil millones de bolívares. La botija de Pdvsa quizás es mayor. Y hay que agregar la transmisión de informaciones y noticias relativas al presidente más pantallero que se conozca.

Todo lo cual, debidamente estimado por Marcel Granier, arroja el resultado surrealista de 20 mil a uno en materia de exposición mediática. Esto se cuenta fuera de Venezuela y no se cree. Dígame en Brasil, donde Lula acaba de suspender su programa semanal de radio en atención a las normas de campaña electoral que regulan el uso y prohiben el abuso de los medios de comunicación del Estado. O en Colombia, donde la ley contra el ventajismo impide al presidente-candidato inaugurar obras en un período considerable antes de la fecha electoral. Y ni hablemos de las democracias europeas.

Este avasallamiento es imposible en un sistema de gobierno siguiera mínimamente democrático. Es propio, por tanto, de dictaduras o satrapías, llámense Cuba de Fidel, Zimbabue de Mugabe o Corea del Norte de Kim Jong IL(aunque su difunto padre, el dictador Kim IL Sung sea el «Presidente Eterno»). Y no es por nada que se trata de los países favoritos del actual mandatario miraflorino, sin contar a Irán o Siria, que tampoco son un dechado de pluralismo.

Por supuesto que al CNE le importa un bledo la materia, a pesar del aguaje normativo sobre la «publicidad electoral». El culto a la «personalidad» de Chávez ha llegado a extremos grotescos de ramplonería y adulación, en gran medida a costa de la tesorería nacional, y no hay ni una vocecita de mediana preocupación a lo largo y ancho del Estado bolivariano. Ni la habrá, desde luego, que para eso es la propaganda masiva y el aplauso sincronizado.

Y si todo esto fuera poco se anuncia, con fusil ruso en mano, la revisión y revocatoria de concesiones de radio y televisión a los medios que mantienen una posición independiente y crítica al régimen «revolucionario». A lo mejor Marcel se queda corto en la denuncia sobre el 20 mil a uno, pero en lo que no hay subestimación que valga es en la descripción de la sórdida satrapía que tiene pisada a la república y a la nación.

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