Opinión Nacional

Vencer el conformismo

Con seguridad el lector no tendrá dificultades en recordar algún episodio en que aquel amigo chavista, a quien usted aprecia mucho a pesar costarle tanto oírlo hablar de política, le aseguró con el mayor convencimiento que el presidente no tiene la culpa de los apagones, la inseguridad, el desabastecimiento, la corrupción, etc… Al fin y al cabo, remata su amigo, esos males siempre han existido en Venezuela, siempre ha sido así.

De acuerdo a esta lógica, la corrupción, la ineficiencia el sectarismo y la violencia, principales problemas del país y de los que derivan una infinidad más, son insolubles. Casi se afirma que pertenecen a nuestra composición básica, a nuestro ADN nacional (por supuesto siendo Chávez la excepción). Siendo así mucho hay que agradecerle al comandante su intento por imponer una sociedad más justa, no sólo contra la oposición política, sino contra nuestra propia idiosincrasia. Los mercales, a los que se accede luego de largas colas en la intemperie, los CDI mal dotados, las casas agrupadas en ciudadelas sin urbanismos, las empresas expropiadas que comienzan a ser ineficientes, etc. son apenas lo que  la mano piadosa del presidente alcanza a darnos. Si la dádiva no puede ser de mayor calidad, es debido a que nosotros lo malogramos con nuestro perverso proceder. Somos nosotros, no él, los culpables.

Esta idea lleva consigo la muy reaccionaria conclusión de que no hay esperanzas de cambio. De que lo mejor a lo que podemos acceder ya lo tenemos ante nosotros. El programa de gobierno oficialista para los próximos 6 años nos lo dice así. No hay disposiciones nuevas, sólo la continuidad y profundización de lo ya existente. Esto no deja de ser paradójico en un gobierno cuyo discurso se mueve sobre la esperanza, el cambio y la dignidad. Un chavista de corazón debe convencerse de que él ya vive en el mejor mundo que su presidente puede otorgarle. Sólo mejorable si alguna de las promesas que le hizo llegase a concretarse en su entorno.

¿Cómo mostrarle a quienes piensa de semejante manera que existe una realidad mejor? ¿Cómo convencerlos de que su vida puede ser distinta? Atreverse a plantear un país donde prevalezca la convivencia, el esfuerzo bien retribuido, el respeto a las normas democráticas, el funcionamiento de las instituciones públicas, servicios públicos de calidad, por sólo mencionar algunas cuestiones básicas en cualquier sociedad justa y democrática, implica luchar contra el acomodamiento que parece haber vencido a gran parte de los venezolanos. El contrincante más fuerte a vencer para lograr un país mejor, es el conformismo de quienes ven su situación actual como esencialmente invariable, como el estado natural de las cosas. ¿Por qué no aspirar a más? Es allí donde reside la verdadera esperanza, cambio y dignidad. Si otras sociedades lo han logrado, también podemos nosotros. De hecho en nuestro propio pasado reciente podemos encontrar ejemplos de que es posible lograr alguna de esas metas. Hoy en día Venezuela tiene la oportunidad de transitar la vía contra el miedo, contra el ostracismo, contra la idea de que las cosas no pueden cambiar. No nos rindamos a soñar con una Venezuela mejor. La decisión descansa únicamente en nuestras manos.

 

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