Opinión Nacional

Venezuela: crónica de un ajuste fracasado

(AIPE)- Acosado por una situación económica que se tornaba catastrófica, vestido de civil y tratando de moderar su lenguaje, el presidente Hugo Chávez anunció el martes de carnaval un ajuste económico que intenta contener la crisis fiscal y cambiaria de Venezuela. El paquete de medidas, aparentemente ortodoxo, contempla una reducción de gastos estatales, un aumento de impuestos y la libre flotación del dólar, anclado hasta entonces por un sistema de «bandas», y no incorpora ninguna medida social de compensación que evite sus dañinos efectos sobre los más pobres. El hecho de que no se haya acudido a un control de cambios -como muchos temían- y las cuentas mostradas por el presidente, han hecho que el Fondo Monetario Internacional expresara su beneplácito. Pero los mercados locales, mejor informados, han reaccionado de un modo por completo diferente.

Ya el primer día el dólar subió un 20%, continuando las compras compulsivas que se venían registrando desde finales de diciembre. En las dos siguientes jornadas el Banco Central intervino porque la cotización de la divisa alcanzaba ya valores estratosféricos, quemando un total de 583 millones de dólares, casi un 6% de las reservas totales del país. Desde el punto de vista cambiario nos encontramos, pues, en el peor de los mundos posibles: el bolívar ha sufrido una enorme devaluación, continúan las fuertes presiones sobre la moneda y, entretanto, el Banco Central se queda sin divisas, incapaz de sostenerla pero sin atreverse a dejarla flotar de verdad.

La brusca subida del dólar ha impactado, naturalmente, sobre los precios internos. La cifra estimada de inflación para el año 2002, de 10% a 12%, es probable que se haya superado ya en estos primeros días del nuevo régimen cambiario; diversos observadores van corrigiendo de continuo sus estimaciones, pero todos coinciden en hablar de, por lo menos, un 30%. Lo más probable, sin embargo, es que pronto se alcance una cifra muy superior, y no sería extraño que en el curso de 2002 se lleguen a duplicar la mayoría de los precios internos. Con sueldos virtualmente congelados y sin un sistema de seguridad social operativo, en ausencia de cualquier programa social compensatorio, es fácil imaginar el devastador efecto que tal inflación tendrá en el futuro inmediato sobre el ya mermado nivel de vida de los venezolanos.

La dura reacción del mercado local se basa, en lo fundamental, en la nula credibilidad que hoy tiene el régimen chavista. Las cifras mostradas por el presidente en su larga alocución siguen siendo ficticias, tanto por el lado de los egresos como de los ingresos fiscales: se estima que los nuevos impuestos -cuando se aprueben- tendrán un rendimiento visiblemente exagerado, se asumen recortes tímidos en el gasto que no contemplan deudas con los sindicatos y otros pasivos, se calcula una capacidad de endeudamiento que el país de hecho no posee. Pero el problema más grave para Chávez no es ni siquiera éste, que ya de por sí es bastante inmanejable, sino la absoluta pérdida de confianza política que hay en su gestión.

Con amplios sectores de la población pidiendo la renuncia inmediata del presidente y otros que le exigen una rectificación total, sin una base política firme en que apoyarse y con un equipo económico conformado por marxistas de pura cepa, Chávez se encuentra aislado y sus medidas no tienen posibilidad alguna de generar confianza en el país. La brutal subida de los precios y de los intereses sólo servirá para que se amplifiquen y agudicen unas tensiones políticas que ya estaban llegando a extremos intolerables.

Chávez gastó despreocupadamente los inmensos ingresos que produjo el petróleo durante los dos años de precios altos de los que disfrutó. Pero ese gasto no produjo ningún resultado tangible: ni obras públicas, ni programas sociales, ni un impulso verdadero a la economía privada, siempre amenazada por la falta de respeto a la propiedad privada. Ahora, cuando ha llegado el momento de pagar la factura, presenta al país un ajuste tardío, engañoso y mal ejecutado, que sólo servirá para aumentar la pobreza de la población. No extrañará al lector, entonces, que afirmemos que ha comenzado el fin de la ilusoria revolución chavista.

* Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.©

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