Opinión Nacional

Venezuela en el ojo del huracán VIII

Toda la gran prensa mundial, desde Pravda en Moscú y los diarios de Francia, España, Inglaterra, Italia, hasta The New York Times en el norte y La Nación en el sur de este hemisferio, registraron con alarma las palabras del Presidente de la República pronunciadas luego de su entrevista con el Presidente Medvedev de la Federación Rusa, en el sentido de que “Venezuela le daría una cálida bienvenida a bases de las fuerzas militares rusas”. Semejante declaración encendió las luces rojas y no pocos se preguntaron si estarían regresando los tiempos de la Guerra Fría y las amenazas entre las superpotencias. Poco duró aquella zozobra.

Como trascendió en Moscú, los rusos le pidieron al Presidente de Venezuela una rectificación inmediata, mientras simultáneamente se comunicaron con la embajada de Estados Unidos en Moscú para desmentir una versión que alteraba radicalmente el clima de entendimiento y cooperación que priva en las relaciones ruso-estadounidenses. El Presidente Chávez Frías, en efecto, rectificó sobre la marcha, pero como le es habitual la responsabilidad no fue suya sino de los “medios oligárquicos” empeñados en deformar y alterar sus declaraciones. En este caso la acusación no le resultó, porque de inmediato algunos medios retransmitieron sus palabras.

El incidente ilustra la manera improvisada como el Presidente lleva a cabo la política exterior de Venezuela, comprometiendo gravemente el crédito y la confianza de nuestro país, arriesgando los intereses de la nación y jugándolos a un proyecto político desahuciado y rechazado el 2 de diciembre. En materia de bases extranjeras en territorio venezolano, de bases o lo que fuere, el Presidente debe consultar su olvidado texto de la Constitución Nacional. Chávez Frías comete el error de ver en cada país que lo recibe, un “enemigo del Imperio”. Así habló en Moscú. Pero debería saber que el muro de Berlín fue derrumbado en 1989 y que la guerra fría murió de muerte natural. Imaginamos el clima de alarma que las ofertas de Hugo Chávez causaron en La Habana, país que no se recupera de la crisis de los cohetes de 1962.

El Presidente fue a Rusia a comprar más armas para supuestamente enfrentar al Imperio. Por algo, los rusos, sabios y astutos, hicieron énfasis durante la visita en el respaldo a la ONU porque entienden que es el lugar adecuado para dirimir conflictos entre los fuertes y los débiles. Ciertamente, justificar el armamentismo con un enfrentamiento con Estados Unidos es muy poco serio. Más parece una provocación.

Esto sucede mientras en países de América Latina se cuestiona gravemente el intervensionismo venezolano. Los escándalos suscitados en Bolivia por el incontrolable flujo de petrodólares y la presencia de militares y civiles venezolanos en misiones exclusivamente reservadas para ciudadanos de ese país, tiene al rojo vivo la política boliviana. Ahora se ventila un caso que trascendería los límites de la temeridad. Colombia ha solicitado a INTERPOL que investigue si guerrilleros de las FARC concurrieron al 29 aniversario de la revolución sandinista, si se reunieron con Ortega, y si en último término, fueron trasladados en una aeronave de Petróleos de Venezuela. Esto fue desmentido por el vicepresidente de la República, y ojalá la versión sea infundada, porque no cabe duda de que una operación de tal naturaleza colocaría al país que la haya realizado fuera del orden internacional, y se haría reo de sanciones graves. Ya no sería cuestión de estar en el ojo del huracán.

Entre tanto, las violaciones al Estado de Derecho persisten dentro del país. Para circunvalar las reformas constitucionales derrotadas en diciembre, la creación de las cinco vicepresidencias regionales será sustituida por cinco regiones militares, creando según fuentes confiables, dos vice-ministros de Defensa, dedicando uno a las Fuerzas de Reserva que el Presidente privilegia de manera visible.

La concentración del poder es otro designio que no se detiene. La Gaceta Oficial del 18 de junio publicó el decreto presidencial mediante el cual se crea la Compañía Venezolana de Exportaciones e Importaciones, Veximca, la cual tendrá por objetivo social “la importación y exportación de toda clase de bienes y servicios, por lo cual podrá proyectar, constituir, dirigir, administrar, manejar y explotar otras empresas, agenciamiento aduanal, almacenaje temporal o In Bond. Y en general, realizar todos los actos y negocios jurídicos que guarden relación directa o indirecta con el objeto descrito… sin mayor limitación que las establecidas en la ley.” De modo que este monstruo del Estado controlará las exportaciones e importaciones del mundo militar como del civil, desapareciendo algunos entes militares. Dependerá, obviamente, del Presidente de la República.

Dentro de pocas semanas se llevará a cabo en San Salvador, Brasil, otra cumbre convocada por el Presidente Luiz Inácio Lula de Silva de la Unión de Naciones Suramericanas. Juzgamos oportuno que los jefes de Estado pongan allá sobre la mesa la cuestión del intervensionismo y la injerencia en los asuntos internos de otros países. Sería oportuno asimismo que UNASUR se defina frente al terrorismo, el narcotráfico y las FARC que representan a ambos delitos. Si los presidentes democráticos no abordan estos dilemas con la ponderación necesaria pero con la claridad debida, UNASUR pasará a la historia como un capítulo más de nuestras frustraciones. Por gestiones del Presidente Lula, Colombia ingresó al Consejo Suramericano de Defensa. Cerrar los ojos ante la emergencia que viven algunos países sería darle carta blanca a la desestabilización que comienza por los más débiles pero que no dejará a ninguno sin ser perturbado.

Ante una hora de prueba para la Patria, y de tan severas implicaciones para nuestro futuro como esta que vivimos, es preciso apelar a la buena voluntad de todos los venezolanos, incluidos aquellos que ejercen posiciones claves en los diferentes poderes del Estado para que respondan al llamado de la nación: el resguardo del orden legal y la defensa de la Constitución.

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