Opinión Nacional

¿Venezuela heroíca?

Mientras fuimos jóvenes y estudiábamos nos animaba bastante leer como se llevó a cabo la independencia de esta nación, veíamos héroes por todas partes, parecía que en algo habíamos vivido los pasajes de “Venezuela heroica” o que teníamos algún antepasado involucrado en ellos. Llenos de una épica barroca y quizá poco verosímil; pero era la que teníamos a mano, estaban nuestros antecedentes plasmados desgarradoramente. Algo hubo para que Eduardo Blanco la hiciera. El resto de la historia de Venezuela no deja de estar llena de pasajes más mediocres que heroicos. “Venezuela heroica” es una memoria invisible pero que se siente, motivando sentimiento de libertad que se introducen desde la niñez hasta nuestro días. Es la descripción de la batalla de Carabobo un aliciente para la vida republicana y para conservarnos libres, sin que ningún yugo llegue a entorpecer nuestras vidas. Pero “Venezuela heroica” se fue destiñendo con el tiempo, con las montoneras personalistas del siglo XIX, y por las incumbencias políticas del siglo XX, entre golpes y empellones, conspiraciones que muchas veces no obedecían a la “Venezuela heroica” sino a la Venezuela afrentada.

Han pasado muchos años desde que sus ediciones comenzaron a ser leídas con lealtades nobles. La franqueza de Blanco no era lo primordial de juzgar, sino su enseñanza de las normas libertarias, de cómo se construía un ejército a partir de un pueblo harapiento. Para insurgir lo que se necesitaba era valor y ganas de ser libres. Principios que se difuminaron, si a Eduardo Blanco le tocara ahora escribir, seguramente con toda su inventiva le seria difícil hallarle un nombre a esta Venezuela rendida. Hecha pedazos por un grupo de hombres que desconocen de libertad, que no van más allá de la épica narrada con fines demagógicos. Que lo poco que aprendieron de nuestra historia fue para guardar fechas y referencias irrelevantes sin digerir un capitulo ella, que no han hecho nada para innovar la “Venezuela heroica”; sin embargo, se atrevieron a enarbolar banderas de redención para destruir la democracia como un “tributo” a nuestra homérica emancipadora, instituyendo un denuesto para la verdad. Existencias que no hacen nada, ni se compadecen, aunque fuera por razones formales, con el “honor” al que tanto apelaron nuestros antepasados. Borrascosamente pisotean los principios, sustituyéndoles por hormonales remilgos a la voluntad extranjera. Quienes nos ven desde el exterior nos perciben como incapaces para asumir la vital soberanía, y como el deslustre se apersonó del venezolano, somos vagabundos y aprovechadores sin que nos vinculen a los que ofrendaron sus vidas en la Pica de la Mona, o al Coronel Farrial con su glorioso llamado al rodilla en tierra para defender la dignidad de una Patria que, no era la suya. Así se hacían los hombres de esta tierra, quizás con un poco de fantasía y loable imaginación. De aquello no queda nada, no es la muerte de “Venezuela heroica” es la muerte de Venezuela y de sus habitantes aunque estén llenos de riquezas. Así se mata a un país, así se acaba con los cuentos épicos, con el realismo mágico y lo más cruel es que lapidan toda exactitud.

Somos como un cuerpo sin alma, de ruin desempeño, nos olvidamos de toda precedencia para convertirnos en unos conformistas e inútiles. Venezuela agonizó en todos sus ámbitos, no hay quien haga retoñar una esperanza para que ella resucite de sus escombros. Somos “hombres de palos”, como una vez lo escribiera en mis versos. Viendo toda espera disipada y sintiéndome cercado de mentecatos y cobardes.

Todavía había en mí la creencia de que vivía en mi país, no sentía la desventura de ser venezolano, pensaba en lo pasajero que eran los lapsos para la historia. Hoy me doy cuenta de que no hubo historia, que todo lo anterior fue ilusión y de que estamos hundidos hasta más no poder. Así discurren los días en esta patria mía y que dicen también fue de Bolívar. La Capitanía General de Venezuela fundada en 1777 para desdicha nuestra y solaz de los vagabundos. Que viva “Venezuela heroica” la que leí de niño y que escribió con mucho fervor Don Eduardo Blanco para que los venezolanos fuéramos dignos de ser hombres.

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