Opinión Nacional

Venezuela: laboratorio internacional

Venezuela, laboratorio internacional

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

El 11 de abril de 2002 fue abolida la OPEP, descabezado el Grupo de los 77 + China, suspendido el petróleo a Cuba, bloqueado el camino de Lula en el Brasil y el petróleo venezolano quedó a la intemperie del peor postor.

Venezuela es hoy un laboratorio internacional. Todo se está jugando en Venezuela: lo económico, lo jurídico, lo social, lo cultural, lo político, lo militar. Cada cómica y cada gloria venezolanas son referencias para pueblos, estudiosos, curiosos.

Pero estamos entrampados en un juego de espejos que no nos deja ver ni el problema ni la solución.

El problema, compatriotas laboratoristas, no es Hugo Chávez. Ni la solución. Para mí chavistas no son solo los que sienten que Chávez es el remedio de todo. Lo son también los obsesos para quienes todos los problemas empezaron con Chávez: inflación, inseguridad, desempleo, marginalidad, delincuencia, sarampión y hasta el recalentamiento del Planeta. Piensan que si Chávez sale del contexto político, desaparecerán el peculado, los demagogos, los medios manipuladores… No habrá presidentes de condominio despóticos, no habrá padres irresponsables ni cuaimas, los cajeros automáticos funcionarán y ya no habrá más guerrilleros colombianos en territorio venezolano. Pues cumplo con el alarmante deber de informar que no, que todo eso seguirá porque la solución nunca ha sido vender el sofá.

Pero cumplo también con el amable deber de informar que la solución de todo no es Chávez. Él tiene poder para solucionar muchas cosas, pero no todas. Es decir, la solución somos tú, tu vecino, yo. Chávez es importante, pero no decisivo. Decisivo eres tú. Chávez es el resultado de un proceso de años que fue creando la ecología sociopolítica mínima que requería para ascender hasta la cima. Pero esa cumbre no es una Montaña Mágica sino un desafío, el desafío de Damocles, para quienquiera que ocupe su posición.

Cada quien debe trabajar en su nivel, en su espacio, hacer lo mejor. Y exigir respeto a la democracia. Los que manifiestan en contra o en favor de Chávez están usando la prerrogativa de la Constitución de 1999 de participar y protagonizar la democracia, incluso los que votaron contra esa Constitución. Hemos ganado todos, especialmente aquellos que nunca participaban en política, ni conocían el Centro de Caracas, porque les bastaba entregar un cheque en blanco a un político de ocasión.

La clave está en no dejarnos manipular. Por nadie. Y especialmente por los que nos quieren arrear como carne de cañón a una confrontación violenta. Mucha de la gente que marchó hacia Miraflores se dijo “yo no marché para esto” cuando vieron el Decreto de Pedro El Cruel (sí, bajo su dictadura se violaron más derechos por cada hora que por cada hora de la de Juan Vicente Gómez). La parte democrática de esa multitud, que estimo mayoritaria, se quedó a la deriva, sin líderes. El primero que la agarre es suya. O mejor: ¿por qué esa multitud no abandona a esos líderes que la descaminaron con fines aviesos y se organiza para darnos lo que tanto está necesitando todo el país: una oposición responsable, contundente, que ofrezca alternativas? Que no se quede muda cuando uno le pregunta: ¿y después de Chávez qué? ¿Qué vas a hacer con los cerros? Una oposición democrática, pues; no una conspiración de esbirros como los del 12-A.

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