Opinión Nacional

Venezuela, paraíso de criminales

Lo que está pasando a raíz del destape de la cloaca de los bancos de la burguesía chavista es lo mismo que ocurre con el hampa desbordada en las calles desde que llegó Chávez. El desmadre en ambos fenómenos tiene la misma causa: un gobierno incompetente, corrompido y tolerante con el delito.

No me estoy refiriendo aquí a las profundas y múltiples causas que, obviamente, esas expresiones delictivas comparten.

Quiero más bien centrarme en la conducta o políticas -si es que pueden llamarse tales- que este gobierno ha adelantado en los campos del combate a la delincuencia y a la corrupción.

En los casos que nos ocupan, hay que decirlo de una vez, el fracaso es gigantesco, y las pruebas son tan evidentes que no hay que perder mucho tiempo en mostrar y/o analizar las cifras de homicidios (incluido el sicariato), atracos, robos, secuestros, tráfico de drogas, estafas, invasiones de fincas y edificios, el uso y apropiación descarada de los dineros públicos por personas y grupos, el tráfico de influencias, el desfalco de las arcas públicas, lavado de dinero y los contratos a dedo, entre otros delitos, confirmados en el escándalo reciente de la burguesía chavista en complicidad con los más altos funcionarios gubernamentales.

Vivimos el reino del crimen, caracterizado por la colaboración y/o tolerancia abiertas con el delito, por una desidia gubernamental rayando en la delincuencia, y por una impunidad nunca antes vista en nuestro país. El crimen desembozado que padecemos, sin duda, le resulta funcional a los planes tiránicos del gobierno, de allí que a veces pensemos que hasta son estimulados por éste.

¿Quién no recuerda aquel célebre discurso de un Presidente Chávez recién estrenado en el que justifica el robo en la gente con hambre? ¿Hemos olvidado la carta afectuosa y solidaria que envió entonces al terrorista venezolano El Chacal, preso en Paris por sus asesinatos a mansalva y múltiples delitos? O ¿Acaso no es cierto que el Presidente ha pretendido reivindicar a la narcoguerrilla terrorista colombiana, con las cuales su gobierno mantiene relaciones estrechas e incluso se le permite abrir oficinas en nuestro territorio? ¿Es mentira que quienes nos gobiernan tienen vínculos con otros movimientos violentos del mundo, como el Hamas o el Hezbolá?
¿Qué pasó con los delincuentes que todos vimos disparar el 11 de Abril en Puente Llaguno? ¿No andan tranquilazos por allí de manera impune?
¿Por qué no detienen a grupos armados hasta los dientes del 23 de Enero y otros barrios de Caracas que dicen ser partidarios del gobierno, y que sin ningún recato aparecen fotografiados con armas en los medios dando declaraciones?
¿Qué ha hecho el gobierno con las bandas de abogados, fiscales y jueces que dominan los circuitos penales del país, las cuales afloraron en el caso no resuelto del fiscal Anderson?
¿Qué sigue pasando con las mafias que manejan aduanas y almacenes en los puertos?
¿Por qué en el caso de los delitos bancarios descubiertos recientemente sólo se toca a unos pocos y no a los más allegados al Presidente que están señalados?
Éstas son muestras parciales del océano de delitos que a diario se cometen en esta tierra y que no tienen sanción porque a los que están en el poder no les importa en lo más mínimo. Malandros de todo tipo y clase social, civiles y militares, narcos, terroristas, guerrilleros, estafadores e invasores, se sienten a sus anchas, están felices y contentos con un gobierno que los deja actuar sin limitaciones. Nada los amenaza. Saben que cuando no es la incompetencia, la dejadez y la condescendencia, es la complicidad la que los salva de pagar por sus desmanes. Están claros en que pueden robar, secuestrar, matar con facilidad y apropiarse de los dineros públicos sin temer la represión.

¿Nada tienen que ver estos resultados con aquellas expresiones y conductas insólitas de un gobernante permisivo ante el malandraje?
Es cada día más evidente que políticas y acciones concretas y serias para combatir la corrupción y el hampa que nos agobia no veremos mientras tengamos el gobierno actual.

De reunideras todos los días y toda hora, y de interminables blablabla demagógicos, la mayoría de los venezolanos sabemos que no se sacará ningún remedio eficaz para los gravísimos males que hemos comentado. Está más que probado que nada de lo que hace este gobierno resulta. Todo lo destruye, las instituciones que existían están demolidas. Ha sido incapaz de combatir la inseguridad pública y la violencia desembozada, carece de políticas para ello. No ha podido domeñar la corrupción; ni ha querido sancionar la que ocurre en sus propias filas.

La podredumbre política y moral está carcomiendo las bases del régimen. Ya vendrán tiempos mejores para realizar lo que corresponda hacer en éste y otros campos del vida nacional.

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