Opinión Nacional

Venezuela: por qué ganó Chávez

(AIPE)- Hugo Chávez logró imponerse otra vez en Venezuela, obteniendo la reelección para un período presidencial de seis años. La noticia no fue sorprendente aunque llama la atención que, después de un año y medio de gobernar del modo más autoritario e ineficiente, Chávez no parezca mostrar mucho desgaste en su popularidad: obtuvo casi los mismos votos que en 1998, con un porcentaje ligeramente superior a entonces (59% contra 56%) porque la abstención también aumentó (de 36% a 43%). Su partido también obtuvo la mayor parte de las gobernaciones y la mayoría en la nueva Asamblea Nacional, mostrando así que el electorado se inclina todavía a favorecer sus políticas. Pero, si analizamos las causas que están detrás de la victoria chavista, encontraremos que la posición del mesiánico comandante no es tan sólida como a primera vista parece.

Chávez ha sido reelegido, antes que nada, porque un tercio del electorado -el llamado «voto duro» del chavismo- no se resigna a aceptar que el presidente ha fracasado o que su proyecto político no conduce a ninguna parte. Son amplias las mayorías que critican al actual gobierno, y en especial su gestión de los graves problemas del desempleo y la inseguridad, pero una buena parte de estas personas piensa que Chávez aún no ha tenido tiempo para resolverlos, que el proceso de cambios que inició no se puede dejar incompleto porque eso significaría un retroceso, que no se puede abandonar así, tan rápidamente, la esperanza.

Claro, para cualquier analista racional este argumento resulta de una debilidad impresionante: es muy difícil imaginar que Chávez pueda cambiar de la noche a la mañana y que ahora, como un mago, comience a mostrar éxitos donde sus políticas han fracasado. Pero el elector venezolano que sigue a Chávez no toma sus decisiones sopesando y analizando los hechos: su conducta es básicamente emocional, cargada de anhelos insatisfechos, movida por sentimientos, afectos y deseos de revancha. Quiere un cambio, se identifica en buena parte con el mesianismo de su líder y se aferra ciegamente a unas promesas que no desea siquiera examinar.

Otros dos factores, además, contribuyeron al resultado de las recientes elecciones. Por una parte el descarado ventajismo oficial, que usó todos los recursos posibles para inducir a los votantes, y montó un dispositivo electoral lleno de fallas -muchas de las cuales parecen intencionales- que lo favoreció abiertamente: todavía hay infinidad de impugnaciones por resultados numéricamente incongruentes, boletas previamente marcadas, mesas que no funcionaron bien y un sistema electrónico que no fue probado ni verificado y que parece haber tenido un sesgo que siempre se inclinó hacia los candidatos del gobierno. Si a esto agregamos un sistema electoral que desmejora la posición de las minorías en los cuerpos colectivos y la dispersión y falta de unidad de los sectores de la oposición encontramos la clave para explicar el triunfo.

Las elecciones han servido para concluir con una etapa de transición que mantuvo a Venezuela en una especie de limbo institucional. El poder, en los últimos meses, ha estado en manos directamente de Chávez y de Luis Miquilena, quienes han nombrado sin consulta alguna a todos los funcionarios importantes de las diversas ramas del poder público. El país, ahora, tiene la posibilidad de estabilizarse dentro de la institucionalidad que dicta la propia constitución aprobada en 1999 y el gobierno, por su parte, tiene las manos libres para emprender las urgentes reformas que la economía necesita. ¿Lo hará? ¿Aceptará Chávez que la prosperidad del país, y por lo tanto su permanencia en la presidencia, dependen del respeto a las instituciones y de la ejecución de una sana política económica? Todavía hay muchos que tienen la esperanza de que se seguirá el camino de la sensatez y de la modernización del país. Pero hay otros que no estamos tan confiados y que, sobre la base de la experiencia reciente, pensamos que la inestabilidad política y la recesión económica están muy lejos de desaparecer del futuro inmediato en Venezuela.

Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.

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