Opinión Nacional

Venezuela un giro obligatorio

Más allá de los resultados que arrojaron las elecciones presidenciales del 7-0 y de los respectivos estados de ánimos de cada sector que adhiere al candidato Henrique Capriles Radonski o al presidente reelecto Hugo Chávez Frías, y de las dudas naturales que se tengan en relación al CNE,  hay aspectos que no pueden eludirse y tienen una importancia tremenda para el país, aspectos vinculados no sólo a la campaña, sino a la propia elección recién concluida el domingo 7-0 y naturalmente en lo atinente a escenario actual del país.

El primer lugar, un elemento particular tiene que ver con una campaña presidencial que fue muy asimétrica, precisamente por los recursos, poderío y demás que tuvo a su disposición el presidente Chávez, a diferencia del candidato  Henrique Capriles Radonski que con las uñas logro armar una campaña, y más aún tener un despliegue nacional importantísimo, basado justamente en sacar la campaña de la capital o región capital y hacerla en los estados, en las regiones, en los pueblos con un doble propósito, primero un contacto directo con los electores y pueblos, y en segundo lugar y propósito tener un inventario de los problemas, necesidades y prioridades respectivamente de los mismos.

En segundo lugar, un elemento indiscutible de la campaña, de la elección y devenir actual del país y de los venezolanos, es en anhelo de cambio asociado a libertades, logros, eficiencia, progreso, desarrollo, progreso. De tal manera que el país y el propio estado deberá rectificar y cambiar la manera como ha venido funcionando porque las cifras de inflación, decrecimiento, improductividad, corrupción, unidas a cortes de luz, deterioro de la infraestructura de autopistas, puentes, trocales, carreteras, el deterioro paulatino de PDVSA y las empresas básicas y con ella su producción, los altos niveles de violencia e inseguridad entre otros hacen y ratifican la inviabilidad del modelo venezolano, llámese Revolución, Socialismo del Siglo XXI o como se le quiera etiquetar.

En tercer lugar, la salud del presidente reelecto sigue siendo una incertidumbre para todos los venezolanos, aspecto que naturalmente afecta el horizonte del país, sus posibilidades y su propio desempeño al frente del Estado y gobierno respectivamente, que requiere como nunca antes por el propio estado de caos y crisis en muchas áreas de timonel y de conducción porque queda claro que el barco no puede seguir a la deriva, sin curso, sin proyecto sin plan de vuelo o navegación, no es un problema de tener el poder sino canalizarlo para bien de todos y de un sano interés nacional.

En cuarto lugar, el país en términos de resultados electorales queda claro que esta partido en dos pedazos o sectores. No hay duda que si bien el presidente obtuvo una victoria de casi 8 millones de votos en esta elección eso no se traduce en aumento, más aún, decreció si computamos que en el 2006 obtuvo 7 millones 300 mil votos con un registro electoral menor o inferior. A diferencia la oposición democrática bajo el liderazgo de Henrique Capriles Radonski creció significativamente en dos millones de votos al pasar de 4 millones 300 mil votos en el 2006 a casi 7 millones de votos en el 2012. Ratificando entonces que el gobierno debe leer estos resultados, y aparte de respetar a una porción significativa, es decir, a medio país que no votó por el presidente Chávez, debe promover cambios, establecer puentes y vínculos en aras de alcanzar una gobernabilidad que es clave en la actual coyuntura.

En quinto lugar, el que tengamos una cifra de participación histórica de 81% y por ende una cifra de abstención de 19% sólo comprable a décadas atrás, revela un renovado intereses de los venezolanos en la política, una mayor disposición no sólo a votar sino a intervenir de alguna manera en la conducción y devenir del país, donde destaca abiertamente el papel de las mujeres y nuevamente de la juventud que han vuelto a creer en la política, en los partidos, dirigencia, y fundamentalmente, en el poder del voto como instrumento que permite cambiar, innovar, premiar o castigar un determinado gobierno y gestión. La actual dirigencia tienen una tremenda responsabilidad en la manea de conducir las demandas ciudadanas, canalizar anhelos y además asumir con responsabilidad la tarea de hacer política, se coherentes entre lo que se dice y lo que se hace y no defraudar las esperanzas colocadas en la nueva dirigencia que encabeza Henrique Capriles Radonski.

En sexto lugar, el país está urgido de reformas y cambios urgentes y esto tiene que ver con solventar las necesidades impostergables que la población tiene asociadas a seguridad, alimentación, salud, empleo, educación y por supuesto sustituir la diatriba  y conflictividad diaria por un mensaje de cordura, respeto y encuentro que permita gradualmente reducir los niveles de exclusión y polarización al que ha sido sometida la sociedad venezolana en la última década con costos materiales, morales y espirituales apreciables.

En séptimo lugar, los venezolanos requerimos la recuperación del Estado de derecho, asociado a libertades, garantías, observancia de la Constitución, supremacía de la norma, debido proceso, y la reforma del poder judicial buscando su recomposición en términos de garantizar que el 90% de los jueces sean por concurso y ordinarios y no accidentales aspecto este que limita la actuación de los mismos entre otros.

En octavo lugar, el presidente debería remozar o renovar su tren ministerial buscando darle mayor eficiencia a su gestión, reducir la corrupción y medianamente cumplir con tantas ofertas y promesas empeñadas, entre ellas la construcción y entrega de las casas, liceos, hospitales, vías de comunicación, solventar el tema de los cortes de luz, evaluar una propuesta viable, eficiente y operativa en materia de seguridad para evitar que en el 2013 la cifras de muertos pase de 21 mil venezolanos  entre otros. Con lo cual le emitiría una señal positiva al país en términos de rectificación y mejorar el desempeño del gobierno nacional.

En noveno lugar, el presidente Chávez debería evaluar la gestión de sus gobernadores y de los propios gobernadores opositores, buscando mejorar el nivel de gestión en el caso de los gobernadores afectos al gobierno, e incluso volver a evaluar los nombres de quienes aspiraran en las elecciones regionales en diciembre de 2012  más allá de la cercanía política ideológica, promover liderazgos probos y con proyectos que representen una alternativa para sus regiones, en relación a los gobernadores opositores y alcaldes no seguirle reteniendo los recursos que constitucionalmente les corresponde.

En decimo y último lugar, el país nacional requiere de un gran encuentro nacional y ello requiere la presencia en una misma mesa de todos los sectores, partidos, gremios, sindicatos, universidades, iglesia, dirigencia, sector público y privado, empresarios, productores y demás, para establecer propuestas, impulsar proyectos, reactivar la economía, empleo e impactar positivamente a la población venezolana en áreas deprimidas y prioritarias a partir de un gran esfuerzo nacional de carácter unitario. En fin, el actual modelo luce desgastado e inviable y por ello creemos que Venezuela requiere de un giro obligatorio. Veremos….

(*) Profesor de la Universidad de Los Andes E-mail:                  

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