Opinión Nacional

Venezuela y Colombia: destino compartido

De nuevo, por enésima vez, y después de tantos y agrios desencuentros, se reúnen los Presidentes de Venezuela y Colombia.

De arrancada, hay que saludar el reencuentro que esperamos normalice las relaciones. Nuestros países no pueden, ni podrán vivir enemistados. No es sólo físicamente que resulta imposible una separación entre nuestros pueblos hermanos.

Nuestra relación tiene que ser, desde todo punto de vista, permanente y cada vez más estrecha. Es impensable sustraernos de ella, ni es conveniente tampoco hacerlo.

En consecuencia vemos este reinicio de conversaciones positivo y saludable para los intereses compartidos y permanentes de ambas naciones.

Todos se preguntan sobre qué hablaran los Presidentes en esta oportunidad, luego de ocurridos los acontecimientos ya conocidos por todos. Muchas conjeturas se hacen. Que si hay una agenda pública y otra secreta, siendo la primera la de los asuntos económicos y la otra, de política y de seguridad, referida a los problemas derivados de la narcoguerrilla y los documentos revelados por las laptops de Reyes. Según N. Maduro, se trata de hablar francamente, pero vaya usted a saber a que temas se refiere.

Sin embargo, es dable pensar que varios temas serán tratados. Me luce como tema prioritario y que ocupará la mayor parte de esta conversación, el económico (energía y comercio), sobre todo, asuntos pendientes que han dejado de lado durante el tira y encoge que han sido las relaciones de los últimos tiempos.

El Presidente Uribe, cuya figura se ha engrandecido con los duros golpes propinados a las FARC, pareciera que desde esta posición de fuerza, buscará sacarle partido a la situación, no sólo en los campos de la política interna y externa, sino también en el estrictamente crematístico. Escrupuloso como es en este tema el colombiano, bien haría también el Presidente venezolano en poner mayor cuidado a los intereses económicos de Venezuela y su sector privado, aunque no somos muy optimistas al respecto.

En tal sentido Uribe aprovechará la difícil y complicada posición de Chávez, cuya imagen internacional y nacional sigue en picada. Todos conocemos la necesidad en que se encuentra Chávez de recuperar los puntos perdidos por los múltiples errores cometidos, al unir su destino a la narcoguerrilla colombiana y al apostar a su triunfo y reconocimiento internacional.

Por otro lado, a lo interno, el Presidente venezolano está atormentado por la derrota que para las próximas elecciones de noviembre ya se está dibujando. De igual manera, la descomposición-división acelerada que están experimentando las fuerzas políticas que lo apoyan son motivos para su desvelo. Así, pues, hay razones electorales suficientes para intentar bajar, en lo posible, tensiones externas, “lavarse la cara” ante el mundo, y transmitir una imagen ante el país de que está rectificando. Y qué mejor ocasión que ésta en la que se puede reunir con un Presidente que se encuentra en la cresta de la ola y con un alto perfil mediático mundial.

Aunque este “cuento” del cambio de conducta son muy pocos los que se lo tragan, toda vez que vemos a diario que en los hechos se pretende imponer los contenidos y las formas que fueron repudiados el pasado 2 de Diciembre por los venezolanos, para otros -los gobiernos de otros países-, es oportunidad ideal para sacar provecho de un gobierno que, sobre todo, no tiene medida ni control para despilfarrar el dinero público, prometer o comprometer el oro y el moro a quien le sirva circunstancialmente en su propósito de mantenerse en el poder.

No obstante, vemos con buenos ojos que los gobiernos de ambos gobernantes se encuentren nuevamente. Partiendo de la idea de que los gobiernos pasan, pero los pueblos son permanentes, es menester que se traten temas urgentes de interés mutuo.

Ojalá que en la agenda de los Presidentes, además de importantes puntos comerciales o de infraestructura (el ferrocarril binacional), se reactiven los mecanismos de cooperación del Acta de San Pedro Alejandrino de 1989, se haga énfasis en el tema de la seguridad fronteriza y en especial el problema de los venezolanos secuestrados por las FARC; no podemos olvidarnos de este serio asunto, al que debe buscarse una solución institucional duradera.

Asimismo, creemos al igual que otros observadores, que el combate conjunto contra el tráfico de estupefacientes debe fortalecerse en coordinación con otros actores del hemisferio.

Desconocemos en detalle qué se va a discutir, cosa natural en un gobierno poco transparente como el venezolano. Hacemos votos por que no se vuelva a las andadas. Estamos ya cansados de las volteretas, ofensas, dobles discursos y extravagancias que tanto daño producen en las relaciones entre nuestros países. Esperamos, aunque escépticos, que ocurra un milagro en las autoridades venezolanas y se tome conciencia de la importancia que tiene el que los dos países marchemos juntos hacia el desarrollo y en paz.

EMILIO NOUEL V.

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