Opinión Nacional

Viaje al pasado que todavía nos alumbra

Era el 27 de enero de 1964. A treinta y tantos días de la entrega de la Presidencia de la República, Rómulo Betancourt fue a Guri, presionó un botón y varias toneladas de dinamita abrieron en dos la montaña. Puso entonces la primera piedra de la gran represa. A su lado estaba el presidente electo, Raúl Leoni. Fue un espectáculo de la naturaleza y un espectáculo de la democracia. Betancourt dijo: «Guri es una empresa de interés permanente para la nación, y la coyuntura de su iniciación en momentos en que finaliza un gobierno es un ejemplo de cómo dentro de un sistema democrático lo importante es la continuidad del esfuerzo para desarrollar el país, y poco interesa al gobierno iniciar una obra aun cuando corresponda a otro u otros ponerla en servicio. Corresponderá a un destacado hijo de esta región guayanesa, el señor presidente electo, concluir la primera etapa del Guri». 

En su discurso, Betancourt informó detalladamente sobre la gran obra, los estudios técnicos y científicos del proyecto, el cálculo de sus costos, su significación para Venezuela y por qué un país petrolero debía aprovechar los recursos hidroeléctricos de que disponía, su financiamiento por el Banco Mundial, un empréstito de 78 millones de dólares, pagaderos en 25 años y a un interés de 5,5% anual sobre los saldos pendientes. Los estudios, realizados con seriedad y conjugando el propio análisis con la asesoría técnica internacional, permitían que la obra se ejecutara sin que fueran afectadas las inversiones del Estado en promoción económica, educación, salud pública, reforma agraria, etc. 

Betancourt precisó: «Al concluir la primera etapa de Guri, su capacidad instalada será superior a la totalidad de la que existe actualmente en Venezuela que es de millón y medio de kilovatios. La capacidad final de la represa de Guri (…) será de 6 millones de kilovatios». 

A modo de ilustración, el Presidente notó que para entonces Guri sólo sería igualada por la represa de Krasnoyarsk que se construía en la URSS. No contento con sus referencias, hizo esta disgresión: «A propósito de la electricidad se ha recordado lo de la palanca de Arquímedes. Para mover a los pueblos en una segura conquista del futuro, nada es comparable a esa palanca insustituible que es la electricidad». 

El Presidente, que estaba en vísperas de transferir democráticamente el poder, puso al final un toque personal, y concluyó: «Desde la calle, como un ciudadano más, mezclado al común venezolano, viviré la emoción de esa hora, para cuyo advenimiento mis colaboradores y yo pusimos aportes de fe creadora y de confianza en la capacidad realizadora de nuestro pueblo». 

Aquella hora no llegó en un «ábrete sésamo». El 29 de enero de 1965, Raúl Leoni se dirigió a los venezolanos: «…Desde lo profundo de esta Guayana donde reposa la esperanza de crear una economía propia y sólida que nos permita desarrollar una sociedad más justa y más feliz, en el preciso momento en que se inicia el vaciado de concreto de la represa de Guri». Leoni invitó a representantes de diversos sectores para contemplar aquella muestra de trabajo sistemático, de continuidad administrativa indispensable. «Y para que vean con sus propios ojos cómo se está realizando aquel sueño de Alberto Adriani de incorporar nuestra Guayana a la economía nacional…». 

Ese 29 de enero de 1965, Leoni habló con entusiasmo de todo lo que su región podía aportar a la nación. Hierro, aluminio, energía hidráulica. 

No olvidó el capital humano que hacía posible aquella obra espectacular, a trabajadores y técnicos, al general Rafael Alfonzo Ravard, presidente de la CVG, «motor de esa gran empresa nacional de desarrollo y transformación». 

«Guayana afirmó  cuenta con excepcionales condiciones para servir de asiento a un poderoso núcleo industrial. 

Además de la abundancia de recursos naturales, se beneficia de un sistema vial regional que está integrado al resto del país por medio del puente Angostura, que actualmente se construye sobre el Orinoco, con el que culminará la definitiva incorporación de Guayana al desarrollo económico y social del país». 

El 9 de octubre de 1968, Leoni puso en funcionamiento la primera etapa de Guri. Un inmenso lago relampagueaba como telón de fondo. El ciudadano común Rómulo Betancourt vio llegada la hora del vuelco histórico. En su último mensaje al Congreso, el Presidente guayanés observó: «Con el desarrollo de los complejos hidroeléctricos del Caroní y Santo Domingo y más tarde con el del Uribante, con las líneas de transmisión Macagua-Santa Teresa, ya prestando servicio, y Guri-Santa Teresa en avanzado proceso de construcción y con el cambio de frecuencia en el área metropolitana, se establece un sistema nacional que combina las diferentes fuentes de energía y facilita el proceso de interconexión de todos los sistemas de generación, tal como está previsto en el Plan Nacional de Electrificación». 

Aviso a los navegantes: tanta mentira oficial aconseja estos viajes al pasado que todavía nos alumbra

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