Opinión Nacional

Víctimas 2.0

La verdadera revolución es la digital. Gracias a los celulares, las computadoras, Internet y a las redes sociales, las masas son hoy las protagonistas. La lucha de clases se convirtió en un cachivache obsoleto fuera de moda. La fuerza movilizadora del chip está produciendo la verdadera emancipación. La tendencia a la soledad humana se ha revertido y ahora cualquiera consigue amigos, novias y demás afectos por Facebook.

Hoy, cada 20 minutos se comparten 1.000.000 de links a través de esta red. Se envían 1.500.000 invitaciones a eventos. Se aceptan 2 millones de solicitudes de amistad. Se mandan 2,7 millones de mensajes personales y 1.300.000 millones de fotos.

En menos de media hora 10 millones de comentarios se generan a través de Facebook y frente los viejos marxistas revolucionarios no han podido hacer una sola, nueva e interesante reflexión.

Se quedaron pegados en el patín. Cierto que los grandes medios imponían una sola dirección a la información. Que en radio, prensa o TV, lo que usualmente se conseguía sobre un tema era la visión del medio sobre el hecho. Por mucho profesionalismo que pudiera invocarse, predominaban la opinión de dueños o directivos a la hora de enfocar una noticia.

Estos nuevos medios rompieron ese esquema. Ahora hay retroalimentación, es decirfeedback. Las corrientes de opinión surgen de los usuarios, de sus necesidades y auténticos puntos de vista. En Twitter o Facebook la influencia de la propaganda o de la publicidad no es lo determinante. Ni siquiera lo religioso o ideológico. Los códigos para generar seguidores son otros. La credibilidad, la honestidad y lo afectivo privan a la hora del surgimiento de un treding topic.

En el Medio Oriente las redes sociales fueron uno de los factores más importante para derrumbar gobiernos muy fuertes, enquistados por años en el poder. En una realidad controlada, la mayoría los medios audiovisuales o impresos en manos del Estado, las redes sociales han resultado ser una herramienta de organización y movilización tan o más eficaz que un partido político.

El mundo sigue cambiando. Los medios digitales gozan de una característica técnica que ha terminado por volverse un concepto muy sólido. En Libia, Siria y demás dictaduras intentaron controlar su uso. Eso no se puede. Cortaron las líneas telefónicas, limitaron el acceso a Internet y aun así, no lograron detener la comunicación entre las masas. Los nuevos medios al igual que las redes son incontrolables, es decir libres.

Frente a esta nueva realidad la reflexión que ha hecho la vieja izquierda ha resultado típica. Facebook con 700 y Twitter con 200 millones de seguidores son armas del imperio para influir en la mente de los más débiles y, a través de la manipulación y el chantaje, evitar el avance del cambio social y la liberación de los pueblos.

Cierto que más del 50% de los seguidores de Twitter tiene entre 18 y 35 años. Es un error ver eso como una tragedia. Al contrario, ahora los más pobres y débiles tienen cómo interactuar y defenderse. La vieja izquierda sigue asociando a la tecnología con instrumentos de dominación ideológica. Por ello su comprensión de la revolución digital es tan absurda.

Es así como, para evitar que en Venezuela ocurra algo parecido a lo de Libia, el chavismo no tiene otra ocurrencia que inventar un supuesto grupo revolucionario, el N33, con la intención de intervenir Twitter. La idea es que alterando las cuentas de sus adversarios más emblemáticos, la red debería caer desmoralizada. El manto de protección que brinda el anonimato ya no serviría de nada y el miedo haría retroceder los planes de desestabilización de la derecha reaccionaria.

Se sospecha que este supuesto grupo N33 no es más que una máscara para tapar una unidad de la policía del Estado dedicada a intervenir en la red. Estos señores, se dice, cuentan con equipos sofisticados, muy pero muy caros, directamente conectados con la CANTV y con acceso a toda su data de información. Cierro o falso, el intento de sabotaje tiende a convertirse en una especie de tiro por la culata.

Desde el momento en que desde La Hojilla se aplaudió la intervención de e-mails y cuentas de Twitter, quedo en evidencia la relación entre el sabotaje y el gobierno.

Según nuestras leyes, lo que se estaba celebrando es un delito. Bajo esa presunción, los afectados han recurrido al CICPC y a la Fiscalía para que se determine los responsables del hecho. Pude que lo hagan o no. Lo fundamental es que la noticia ha recorrido el mundo y en toda Internet se discute cómo evitar este tipo de acciones.

Pronto lo sabremos todo. En la red es posible seguir cualquier rastro. Lo interesante es que surgirán propuestas que evitarán la intervención de cuentas y bloquearán cualquier saboteo. Saldrán las redes sociales fortalecidas y las victimas obtendrán más y más seguidores.

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