Opinión Nacional

Victoria politica, derrota electoral

El pasado domingo 15F resultó aprobada la Enmienda Constitucional para la reelección presidencial y demás cargos públicos electivos en forma indefinida. En términos porcentuales el SI obtuvo 54,85% (6.310.482 votos) y el NO 45,14% (5.193.839 votos), con una abstención del 29.67% (4.941.439). Sin embargo, la campaña electoral para esta consulta refrendaria se caracterizó por un grotesco ventajismo, por la malversación de miles de millones de bolívares del Fisco Nacional, por el chantaje por parte del gobierno a los empleados públicos y trabajadores de las empresas del Estado así como a los beneficiarios de las misiones. Además, se observó una parcialidad cínica de la mayoría de los integrantes del Consejo Nacional Electoral, organismo que se comportó como una dependencia adscrita al patio trasero de Miraflores, en lugar de ser una institución al servicio de todos los venezolanos. Ello sin olvidar una sistemática criminalización de la protesta y la imposición de una violencia desenfrenada a manos de los cuerpos de seguridad del Estado y de las hordas armadas al servicio del régimen en contra de todos aquellos que adversaban los deseos imperiales de Hugo I.

Pero, ¿Ha sido el 15F una victoria electoral contundente del Tte Coronel y su socialismo militarizado como la publicitan sus amanuenses y caga tinta del régimen? A juzgar por los votos (6.310.482 votos contra 5.193.839 votos), no cabe la menor duda del triunfo del tte coronel. Sin embargo hay que acotar que el total de los sufragios a favor del visitante de Miraflores representó una caída de 998.598 votos con respecto a las presidenciales de 2006, cuando el nuevo monarca caribeño fue reelegido con 7.309.080. La diferencia de votos entre el SI y el NO este pasado 15F fue de 1.116.643 sufragios, un dato inédito en una historia que venía escribiéndose hasta hace poco, con alguna excepción como la del referéndum del 2D. A pesar del grotesco ventajismo electoral se aprecia un claro deslave en el nivel de apoyo popular hacia el proyecto militarista bolivariano. Recordemos que la meta que pidió el Comandante a sus seguidores para este 15F fue de 7 millones y ni hablar de aquellos10 millones votos (las dos manitas), que hoy reposan en el cajón de los recuerdos, como muchas otras promesas incumplidas de esta robolución (ley de seguridad social de los trabajadores, los niños de la calle, viviendas dignas, plan de empleo, combate a la corrupción, etc.). Los números hablan por si solos, en 1998, el margen entre el tte coronel y su candidato más cercano fue de un 16,93%, en 2000 fue de un 22,24%, en 2006 de 25,94%, y el pasado domingo sólo de un 9,71%. Paradójicamente, la victoria del proyecto militarista del pasado 15F se traduce en un mayor poder político, pero con un menor apoyo electoral como lo reflejan los resultados. ¿De cuál victoria contundente pueden hablar? Los números no mienten, ni engañan.

Sin embargo, a pesar de los términos desventajosos en que los factores contestatarios al régimen acudieron a este evento electoral, marcado no sólo por el desequilibrio de recursos y el montaje fraudulento de las instituciones del Estado, 5.193.839 de venezolanos, contra todas estas adversidades, expresaron en las urnas su rechazo al autoritarismo, a la impunidad, al engaño y al militarismo facho que representa el proyecto del tte coronel. A pesar de que los sectores contestatarios al régimen no obtuvieron la victoria el pasado 15F, aumentaron su caudal electoral en 671.507 votos con respecto al referéndum para la reforma constitucional de 2007 cuando lograron 4.522.332 votos. El NO se impuso en la gran Caracas, así como en 7 ciudades capitales: Valencia, Coro, Los Teques, La Asunción, San Cristóbal, Maracaibo y Mérida. En total, la oposición subió su respaldo en 16 de las 23 capitales de Estado. Cabe acotar que esta consulta se dio con una premura inusitada violando los lapsos establecidos, ante el temor por parte del régimen de que las medidas económicas impopulares (aumento del IVA, retorno de Impuesto al Débito Bancario, posible devaluación de la moneda) que tendrán que tomar para poder combatir los estragos de la recesión mundial afectarían las aspiraciones electorales del guapetón de barrio uniformado.

Esa merma electoral del oficialismo responde al desencanto y desengaño de sectores populares que en su momento apoyaron al tte coronel. Su farsa bautizada como “socialismo del siglo XXI”, no ha pasado de ser un lema propagandístico mayormente hueco. Han transcurrido 10 años y en el país no se ha dado ninguna transformación estructural de la economía que señale hacia una dirección socialista. Todo lo contrario, se ha fortalecido el proyecto hegemónico con el surgimiento de un capitalismo de Estado como opción de modelo económico, y de nuevos actores (la boliburguesía). Mas allá del libreto Goebbeliano del oficialismo, Venezuela sigue siendo el mismo país monoproductor de petróleo, sujeto por lo tanto a los vaivenes del mercado mundial, que hoy, con la crisis, ha derrumbado los precios y, por lo tanto, los ingresos. El resto de la economía sigue estando tutelada por el capital transnacional, por los grandes capitalistas y banqueros nacionales como en el pasado. El único cambio real que se ha producido en estos 10 años, ha sido la implementación de un asistencialismo social (misiones), las cuales lejos de solucionar la pobreza estructural que sufren importantes sectores de la sociedad venezolana, sirven como instrumentos perversos de control político por parte del gobierno.

Ante esta nueva coyuntura es imperativo que la oposición se inserte más en la lucha social, en la conflictividad que se va a agravar seguramente por la crisis que esta por venir. Es hora dejar atrás las críticas superficiales, y de presentar alternativas viables frente a problemas tan cruciales como la seguridad personal, la educación, la salud, la vivienda, la seguridad social, el desempleo, los salarios miserables, la inflación, etc. Es urgente formular un proyecto de país que interprete las complejidades sociales de los venezolanos, y que permita construir una nueva mayoría que obviamente pasa por lograr un buen respaldo popular no solo en los centros mayormente poblados sino en la Venezuela profunda, la del campo, la del medio rural, donde aún su mensaje no llega.

No al cesarismo plesbicitario !!!!!!

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