Opinión Nacional

Vida respeto y socialismo

Una confusa ideología de la libertad conduce a un dogmatismo que cada vez se revela más hostil contra la libertad.

Benedicto XVI

La realidad social venezolana se ha convertido en una torre que no tiene pie ni cabeza, donde la barbarie mezclada con odio, revanchismo y resentimiento con olor a azufre acaba mas con los pocos principios que se han formado; acaba con la sonrisa, con el compartir y sobre todo con el respeto.

Cada quien vive su espacio, cada quien camina su acera o maneja su carro cuidando no ser robado por un antisocial formado por nosotros mismos, formado por nuestros miedos al opinar sobre nuestras crisis. Porque son dos armas perfectas para atacar a una sociedad, el miedo y el desinterés. El primero aplicado a los más débiles, aquellos que son chantajeados con una bolsa de comida, con políticas populistas de estado que lo que hacen es crear más paternalismo y proporcionalmente más miseria. El miedo que se le aplica a una clase media empobrecida que trabaja para el estado, y que su administrador manipula e intimida para mantenerlos controlados, quizás este es el miedo más, porque caminas a la cámara de gas sabiendo que saldrás muerto. La segunda arma es más extraña todavía, es una fiebre producida por el mismo cuerpo, es el desinterés; desinterés producido por ese núcleo de la sociedad que dice oponerse al terrorismo que produce el miedo, la que habla de luchas, de unión, pero es precisamente ese núcleo que se le ha olvidado dar los buenos días, respetar el trafico, ceder el paso y ser conciliadores.

Así es nuestra realidad, estas políticas de estado nos están encaminando cada día más al miedo, al desinterés, a la rabia. Para cualquiera constatar nuestro contexto, basta con respirar el aire enrarecido de la calle, donde en las noches pulula aun más la mendicidad, la prostitucíon. Basta con entrar a un hospital para ver que el socialismo a la venezolana no es tal, sino más bien un estado de descomposición. Donde la gente duerme en el piso esperando la recuperación de los suyos, donde no hay respuestas y solo espera.

Para el “yo supremo”, el socialismo es la panacea a todos los males, es la cura a una sociedad “podrida y malcriada”, es el renacimiento a una nueva era, donde la revolución es la punta de lanza, con el grito de guerra “si no estas conmigo estas contra mi”, dejando muy en claro donde se esta parado. Para la caterva de lisonjeros que lo rodean, todo es normal, el cerebro es tan solo un adorno, y la lengua solo sirve para repetir lo que le es encomendado, como cual sabandija, sin criterio, sin dignidad y sin principios. Agrediendo y cuestionando con actitudes burlescas a los demás, porque no se puede pedir algo que no se es capaz de dar. No es el socialismo el que nos hace daño, es la forma en que se tergiversa, se obliga y se somete. No es una bota la que hace vivir a una sociedad, es la libertad diáfana y verdadera la que la hace crecer.

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