Opinión Nacional

Viernes trece

Por décima vez, en lo que va de siglo, coincide en un mismo día que sea viernes y que sea trece. En abril y en junio de 2001, en septiembre y en diciembre de 2002, en junio de 2003, en febrero y en agosto de 2004, en marzo de 2005 y en enero de este año hubo esta confluencia.

La fama negativa del viernes trece está más vinculada a la cultura sajona que a la cristiana aunque una de las razones que se esgrime la vincula a los trece asistentes de la Última Cena y al fallecimiento de Jesucristo el Viernes Santo.

En las culturas nórdicas y sajonas encontramos varios otros hechos que explican la animadversión.

Para vencer esos atavismos solo se nos ocurre que es menester que la población reciba una instrucción y una educación que erradique el uso de leyendas para diseñar sus parámetros de vida.

En alguna parte leímos que ante la pregunta del significado de que hoy fuera viernes trece, un avezado joven contestó: Qué mañana es sábado catorce y pasado mañana domingo quince.

Dentro de la cultura cercana a nosotros, encontramos leyendas parecidas en torno al martes trece y también encontramos sectores que han proclamado al número trece como de buen agüero.

Desde los tiempos cuando David Concepción llegó a la Gran Carpa y revolucionó a la afición norteña con su número trece en la espalda, hoy son varios los jugadores venezolanos que han colocado al cabalístico número en sus uniformes.

Recordemos también que para el General Juan Vicente Gómez, dictador de Venezuela desde 1908 hasta su fallecimiento el diciembre de 1935, el número trece también tenía connotaciones positivas.

Traemos todo esto a colación pues pensamos que solo si tenemos una educación amplia y libre podremos lograr la derrota de este tipo de limitantes.

El régimen que trata de conducir los destinos de Venezuela y que lo hace con muchas acciones que van en detrimento de la ciudadanía, está empeñado en implantar unos parámetros de la educación que están reñidos con lo que expresa la Constitución de 1999 que ellos mismos hicieron aprobar a su gusto y entendimiento.

Así vemos como se habla de una educación bolivariana y otra sin apellido, aparentemente bastarda, pero que se corresponde con lo que las familias bien constituidas y conformadas de acuerdo a los dictados de la moral y de la religión que practican la gran mayoría de los venezolanos, quieren.

Desde el proyecto de decreto distinguido con el N°1011 hasta la actualidad, percibimos y leemos amenazas de estatización de la educación que no solo nos enterrarán en el oscurantismo de las leyendas como la del viernes o el martes trece, sino que el Estado, que reiteradamente ha demostrado su incapacidad en el manejo de estas materias, se estaría reservando funciones que en primera instancia y mientras sea posible, están reservadas y son derecho inherente a los padres de los educandos.

El Estado, de cualquier nación que se precie de tal, tiene la obligación de facilitar a todos los ciudadanos del país el acceso a todos los niveles de educación.

A esta premisa le añadiríamos que en los niveles superiores se le debe agregar, por ejemplo, que la gratuidad de la educación superior debe cumplir con por lo menos dos condiciones imprescindibles: Que el educando lo necesite y que lo merezca. Pero la educación debe ser ecuménica y libre, repetimos.

Vienen días de lucha y uno de los factores que debe privar a la hora de escoger los destinos de la nación está fuertemente vinculado con el futuro de la educación.

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