Opinión Nacional

Viva la causa

Tal vez algunos de ustedes hayan escuchado hablar de César Chávez. Fue un trabajador del campo, estadounidense de raíces  mexicanas, que se convirtió  en héroe de la lucha por los derechos humanos de los latinos en Estados Unidos. Su lucha la basó en ayunos y boicot contra las grandes compañías frutícolas de EEUU. Es considerado en su país,  junto a Martín Luther King y Rosa Park, ejemplos de la desobediencia civil no violenta. El 31 de marzo, día de su nacimiento, se celebra en su honor en California, en Los Ángeles, hay una gran avenida con su nombre y muchas escuelas se llaman así.

El  documental «Viva la Causa» muestra cómo Chávez, a punta de flagelar su cuerpo, logró que una élite patronal, mucho más terca que la mayoría de los gobiernos, accediera a lo que debe ser obvio: Mejores condiciones para los campesinos que trabajaban los campos de la costa oeste de EEUU, llena de inmigrantes mexicanos, muchos de ellos viviendo en condición de ilegalidad, frecuentemente explotados y en condiciones infrahumanas.

Chávez fundó con Dolores Huerta un sindicato de trabajadores agrícolas. En 1965 empieza una serie de acciones contra los productores de uva que concluyó en 1971. Hubo huelgas, ayunos, boicot y una gran marcha. Al principio no logró mucho respaldo. ¿Quién le iba a prestar atención a un pobre hombre que apenas llego a octavo grado y además era descendiente de inmigrantes? En la medida en que perseveró y enfrentó el poder económico, que lo atacó de muchas formas, incluso con la táctica divisionistas y desmoralizadoras, tuvo apoyo hasta de los Kennedy y de la opinión pública que se dio cuenta de la realidad de aquellos campesinos. Su causa hizo visible a estas personas, como anteriormente los líderes afroamericanos lo hicieron con su movimiento.

Les cuento todo esto porque los venezolanos estamos presenciando el uso de tácticas de desobediencia civil que se han expresado sobre todo con jóvenes estudiantes en huelga de hambre. Ya van dos ayunos prolongados. El primero del grupo Javu fue levantado luego de negociar una serie de condiciones con el Gobierno, especialmente que se juzgara en libertad a varios detenidos que ellos consideran presos políticos; el segundo, culminó  en la madrugada de este sábado, luego de acordar mejoras en las condiciones presupuestarias de las universidades. El añadido es que la más reciente huelga incluyó coserse los labios, lo cual impactó a muchos que llegaron a temer por la integridad de estos muchachos.

Este tipo de iniciativas, lo reiteramos, representan un reto para quienes la practican y para el Gobierno. Puede llegar a desgastarse como herramienta de lucha si no hay una clara convicción y un liderazgo firme, puede detonar  hechos  violentos o por el contrario convertirse en un aglutinador de las protestas antigubernamentales no violentas pero si persistentes.

Si desde el Ejecutivo se les responde con la señal de costumbre, es decir, la descalificación y el desafío (incluso la burla)  o con declaraciones como las dadas el viernes por el canciller Nicolás Maduro («que se cosan lo que quieran») le harán un flaco favor al Gobierno. Uno de los objetivos de este tipo de protestas es justamente evidenciar la violencia del otro, que puede ser física, psicológica o institucional. Venezuela no es la China de Tian na men ni estos muchachos y muchachas los militares de la Plaza Altamira. Vivimos tiempos turbulentos, estamos en año preelectoral y es muy fácil que muchos se conecten con la causa de unos chamos que, como les he dicho, atávicamente son considerados los hijos de la sociedad.

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