Opinión Nacional

“…y los sueños, sueños son”

Según un apunte del diario El Nacional (30-09-00), el jefe del Estado en su acostumbrado programa radial, al comentar los resultados de la II Cumbre de la OPEP, dijo que después de la cita petrolera “Caracas se perfila ante América y el mundo como la cuna de un nuevo mundo, como la cuna de una nueva fe, de una nueva esperanza”. Nadie puede dudar del éxito de la reunión en su ámbito específico. Pero de allí, a pretender que tal circunstancia se traslade a otro plano, como pareciera indicarlo la sentencia presidencial, da pie para que el escepticismo cobre vigencia, sobre todo si se toma en cuenta que, en el terreno de la política, no puede mostrar la OPEP la misma coherencia y uniformidad que actualmente exhibe en temas puntuales, por ejemplo, como el de los precios y la capacidad de producción de cada uno de sus afiliados.

Es bien sabido que la mayoría de los países miembros de la organización petrolera no se rigen por el sistema democrático. En gran medida se trata de gobiernos autocráticos que no respetan los derechos humanos y que, por supuesto, no le conceden ninguna importancia a la vigencia de los valores políticos que, en nuestras sociedades, marcan la diferencia entre la autocracia y la democracia.

Por ello, cabe preguntarse si el entusiasmo del primer magistrado al reseñar el evento cimero de Caracas, no tendrá su explicación en el hecho de que, en el seno de la OPEP, ha encontrado aliados confiables para su proyecto personal que, como es del conocimiento general, pasa por la politización de la Fuerza Armada Nacional, la militarización de la administración pública y el cuestionamiento de los partidos políticos como expresiones propias de los mecanismos democráticos. A todo lo cual habría que añadir los inocultables propósitos del régimen para someter a las organizaciones sindicales, en particular en el área petrolera, entre otras, así como también la actitud de confrontación permanente del jefe del Estado con la industria mediática.

Adicionalmente, es menester abrir espacio en este comentario a los alcances del proyecto presidencial en el campo institucional, sobre todo en cuanto hace relación con el tema del equilibrio y separación de los poderes públicos que, cada vez más, es algo que dista de ser aceptado por un Ejecutivo omnímodo y prepotente, así como también lo que está aconteciendo, en la esfera regional, con la todavía tímida política de descentralización que aparece consagrada por la Constitución vigente en términos claramente señalados, pero que se encuentra cercana al colapso como consecuencia de las medidas, ciertamente centralizadoras, asumidas y dictadas desde diferentes reductos de la administración pública, todos ellos atentos a las instrucciones del primer magistrado.

De allí que la prédica presidencial deba ser recibida en sus justos términos. Si alguien en nuestro país llegara a pensar que el Presidente y Comandante en Jefe está promocionando un modelo de régimen democrático extensivo a nuestros socios petroleros que, ni siquiera en estas latitudes él se propone establecer (Norberto Ceresole, dixit) será oportuno recordar, en parte, una de las expresiones de La vida es sueño: “…y los sueños, sueños son”, que mejor se adapta a la situación actual.

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