Opinión Nacional

¿Y qué será de la vida del voto?

A esta hora, salvo escasas excepciones, no se habla del voto. Está como perdido. Sus administradores y publicistas guardan silencio. Nadie lo defiende en la forma hasta enfermiza como ocurrió a propósito de los eventos electorales que servirían supuestamente para acabar con la revolución pacífica pero profundamente violenta.

Hoy el régimen determinó que los votos y las elecciones le sirven para apuntalarse pero en ningún caso para alimentar algún tipo de juego democrático. La situación hoy, en consecuencia, está a favor de la estabilidad y gobernabilidad de esta ‘gran revolución’.

De este cuadro también forma parte un colectivo disminuido que sigue manteniendo las esperanzas de que es un mesías el llamado a resolver sus padecimientos y de llevarlo adecuadamente por la vía electoral para lograr la superación de la crisis que hoy nos aniquila.

Y a esta tarea han contribuido, de la mejor manera, ‘las oposiciones’, que desde un comienzo tomaron el ‘proceso’ como una rochela pasajera con la cual podían negociar para montar otros capítulos de alternabilidad, aunque ahora de nuevo cuño: uno de socialismo antiimperialista y otro de democracia tipo cuarta.

El GP fue muy claro desde un comienzo: para él lo electoral no era más que un arma de guerra, que le sirvió para vender su mercancía democrática pero que de modo alguno sería utilizada para sacarlo del poder.

Esto, dicho y repetido una y otra vez por el hegemón no fue atendido, escuchado ni entendido por unas oposiciones que comenzaron por otorgarle la máxima credibilidad a la matraca electoral montada por smarmatic para una ‘revolución’, que en cada oportunidad ha ganado o empatado.

Lo que se vendió como un fracaso, tipo 2D-07 se convirtió en triunfo apoteósico el 15F-09, fecha en la cual se decide la profundización y radicalización del proceso revolucionario. Y parte de esa tarea es precisamente acabar con la guachafita electoral, cuestión que ha llevado adelante de manera planificada y anunciada.

Primero invita a caer en la trampa-fraude del voto y, luego para ratificar su esencia democrática, reconoce resultados que le son desfavorables. De inmediato procede a impedir todo ejercicio de poder local. Para eso dispone de fuerzas civiles y militares que sólo atienden sus pautas y órdenes.

De la descentralización se pasa a la centralización autoritaria. Se toma puertos y aeropuertos, se le designa un poder paralelo al Alcalde Mayor, se niegan recursos y se quitan otros. Se lanza un cerco para quebrar toda posibilidad de una gestión aceptable. Y aún así no se produce una reacción. Por el contrario, el alcalde mayor se sigue presentando como precandidato presidencial para el 2012.

Y éste ha sido el factor fundamental de sustentación del régimen: hacer creer que aquí se realizan elecciones limpias y transparentes. En diez años de gestión, el GP ha cumplido indefectiblemente su agenda de destrucción, anunciada desde 1998. El único momento difícil fue abril del 2002, frente al cual jugó al montaje o a una simulación de golpe que, por lo sorpresivo, descontroló a la conspiración civil y en particular a la parte militar, la cual pasó de ser acusadora a convertirse en rescatista del teniente coronel que había renunciado.

A partir de ese momento, el GP ha ido desmantelando progresivamente todas las fuerzas que se le oponen y ha manejado este ex-país como su propiedad privada. Aspira, ya para el 2019, haberle puesto las manos a más de la mitad del territorio nacional.

Y así se lo he dicho al ministro de tierras: Elías tienes que apurarte con las expropiaciones para que nosotros tengamos más propiedades. Para el GP se trata de construir un Estado cada vez más capitalista, apegado a la renta petrolera y a la que no lo es, pero rotando a los beneficiarios.

Un Estado liberal-burgués que, para efectos de la ‘revolución’, trae algo muy bueno: la nueva clase, la nueva oligarquía que desplaza la vieja. Ahora la revolución tiene su clase propia, autónoma, soberana e independiente. y con ello quien la defienda.

Y en ese marco se seguirá utilizando la maquinaria electoral hasta que deje de ser rentable. Ya advirtió, a propósito de las elecciones regionales del 23N-08, que las oposiciones podían agarrar sus votos y metérselos por el paltó porque para más nada le iban a servir. Y cumplió.

No así quienes lo enfrentaron electoralmente. Rosales por todas partes decía que iba a ganar y a cobrar para que Mi Negra resolviera a pobres y clase media. Pero en privado, manejaba la convicción, declarada públicamente por Teodoro Petkoff, de que no creían en pajaritos preñados y de que Miraflores era mucho camisón para La Negra.

Hoy, aunque advertido, se metió en una trampa: o se iba o se sometía a todas las humillaciones anunciadas por el GP. Hoy, el exalcalde de Maracaibo, independientemente de la veracidad o no de las acusaciones, se le convirtió en un ‘prófugo de la revolución’ que tuvo que volar a Perú y solicitar asilo, el cual se le concedió.

Primero se le pasó el strike del fin de la descentralización y le tomaron puerto y aeropuerto. Luego le lanzaron el operativo ‘Misión Rosales’ y les dio magníficos resultados.

Materialmente no hubo ningún tipo de resistencia. El Zulia no se alzó. Después de dos o tres marchas todo volvió a la normalidad. Y ‘las oposiciones’ ni siquiera se han molestado en convocar la respectiva marcha nacional en defensa de Manuel Rosales.

De modo que ‘pacíficamente’ liquidó al alcalde fugado y al alcalde mayor. Ha aprobado la casi totalidad de los contenidos de la reforma negada y hasta la ha puesto en práctica, sin estar aprobada. El expaís discute, debate pero deja hacer. Mientras, el proceso revolucionario necesita intensificar la destrucción de lo que queda de descentralización para continuar con la política del dedo.

Los gobernadores y alcaldes del socialismo serán nombrados por las comunas, o lo que es igual, por el jefe único y comandante de las mismas.

Y si alguien protesta se le hará sentir la autoridad revolucionaria expresada en las milicias y demás cuerpos represivos, puestos y dispuestos para garantizar la estabilidad y gobernabilidad de la sagrada e invencible revolución.

Hoy día del trabajador la situación es profundamente conflictiva. Este es materialmente un ex país en llamas por todos los costados. Y quienes más atizan son las fuerzas del régimen enfrentadas permanentemente por razones del reparto de las cuotas de poder.

Y los grandes bomberos han sido y son ‘las oposiciones’ que han mantenido de manera invariable que esto tiene que terminar como comenzó: en las urnas electorales.

Ante esa realidad ¿estará dispuesto el colectivo a calarse indefinidamente a este régimen de la destrucción, el autoritarismo-dictadura, de firme inspiración totalitaria y fascista? ¿Se quedará inerme, silenciosa, postrada y en plena desesperanza esta sociedad? ¿Por dónde andará a esta hora la cuestión electoral? ¿Cuál de las oposiciones se atreverá a convocar a un próximo evento electoral? ¿Llegará tan lejos el descaro de la negociación y la entrega?

Oficialismo y cómplices seguirán en sus mismas faenas. ¿Pero quién puede impedir que llegue la hora de la acción antidestrucción del colectivo, empeñado en construir los verdaderos tiempos del hombre total, el hombre humanidad? /

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