Opinión Nacional

¡Yo si le creo a Franklin Brito, ¿Y qué?!

Para la mayoría nacional que esta harta de la polarización estupidizante no hay la menor duda: Entre Carlos Escarrá y Franklin Brito, entre el silencio de los “partidos de oposición” y Franklin Brito, entre la maquinaria propagandística dirigida por los servicios de inteligencia castristas y Franklin Brito, es obvia la escogencia: ¡Hay que creerle a Franklin Brito!

Esta columna también podría llamarse algo así como “Franklin Brito Vs. la bajeza humana”, pero como algunos “dirigentes políticos” de ahora apenas leen los titulares, preferí encabezar con esta afirmación rotunda: Aunque los burócratas coprófagos del oficialismo le hayan montado una maniobra horrenda para exponerlo al escarnio público, NOSOTROS SI LE CREEMOS A FRANKLIN BRITO. Aunque los políticos flojos de oposición hayan resuelto “hacerse los locos” frente a este terrible caso, NOSOTROS SI LE CREEMOS A FRANKLIN BRITO. Y le creemos (esto es importante subrayarlo) no porque él necesite que «lo defendamos». En realidad es al revés: Le creemos, lo admiramos y lo respaldamos porquecon su cruzada solitaria y su gesta gandhiana Franklin Brito nos esta defendiendo a nosotros, y a todos los demás pobres de este país.

¿Que qué es eso? ¿Que cómo es eso? ¡Venga y le digo!: Hace unos ocho años cayó una plaga en terrenos agrícolas ubicados en el Municipio Sucre del Estado Bolívar. El alcalde de la zona montó una operación para combatir la plaga con insecticidas químicos. Para ello gestionó unos créditos por un monto muy alto, estamos hablando de millones de bolívares. Pero… uno de los productores agropecuarios de la zona, el señor Franklin Brito, se opuso a la idea. Brito es biólogo graduado en la UCV y demostró que el proyecto del alcalde acarrearía graves daños al ambiente. Se le cayó, pues, el negocio (perdón… el “proyecto”) al fulano alcalde, lo que generó a Brito la enemistad del pequeño burócrata.

Según ha señalado Brito en numerosas ocasiones, el alcalde buscó la ocasión de vengarse, y la encontró al promover la invasión del fundo de Brito con el aval de unas “cartas agrarias”, documento que suele entregar el INTI para “legalizar” invasiones que generalmente lo que logran es que tierras productivas dejen de serlo.

Franklin Brito en la habitación en la que se encontraba recluido contra su voluntad en el Hospital Militar de Caracas, adonde fue conducido por la fuerza. Nótese el deterioro en su condición física, consecuencia de que al estar en manos de sus captores Brito se negó a recibir incluso hidratación, por temor a que le fuera administrada alguna droga…

Desde entonces Franklin Brito ha hecho seis huelgas de hambre reclamando su derecho, el derecho de todos los pobres de Venezuela, a la propiedad privada. En una de esas huelgas se hambre llegó a amputarse un dedo de la mano, para llamar la atención de la opinión pública sobre su caso. En la más reciente de sus huelgas de hambre se apostó frente a la oficina de la Organización de Estados Americanos en Caracas, donde permaneció mas de 140 días. Estando allí tirado en su humilde colchoneta Brito vio llegar al Alcalde Antonio Ledezma, quien se declaró en huelga de hambre en el mismo sitio demandando recursos para pagar los sueldos al personal de la Alcaldía Metropolitana. Los días que estuvo en huelga Ledezma aquello parecía Hollywood: Cámaras iban y venían, periodistas y corresponsales de diversos medios se hicieron vsitantes frecuentes, flashes y reflectores deslumbraban a cada rato… Pero Franklin Brito estaba como invisible. Al poco tiempo la protesta del Alcalde logró su objetivo, Ledezma levantó su huelga victoriosa y se fue… y Franklin Brito se volvió a quedar en su colchoneta, solo y silencioso.

Después los estudiantes hicieron no una sino dos huelgas de hambre exigiendo el pronunciamiento de la OEA sobre la situación de los presos y perseguidos políticos en Venezuela. Nuevamente la atención de los medios se centró en Las Mercedes. Tras jornadas de ayuno y protesta, el Secretario General de la OEA hizo contacto telefónico con los huelguistas, y una comisión de su despacho se hizo presente en el país. La huelga se los estudiantes se levantó, los medios se volvieron a ir, y Franklin Brito siguió allí, muriendo de inanición sobre el asfalto.

Toda esta situación generó en algunos solidaridad y en otros remordimiento. El activismo de la comunidad de la red social tweatter, la solidaridad de algunos periodistas anclas en espacios de opinión, y el apoyo que a la difusión de esta lucha dio el Radar de los Barrios y otras organizaciones sociales, ayudó a sacar esta situación de la clandestinidad. La solidaridad con Brito fue creciendo. Si bien es cierto, como dice Teodoro Petkoff, que los partidos de oposición se han hecho “los suecos” con este problema, no es menos cierto que los medios dejaron de ser insensibles y los ciudadanos empezaron a conocer lo que pasaba con Franklin Brito… y a indignarse. Esto determinó que una comisión parlamentaria se hiciera presente en el sitio de la huelga de hambre y, junto con representantes del INTI, se comprometieran a revocar las “cartas agrarias” que alcahueteaban las invasiones. Brito levantó la huelga y fue recluido en una clínica capitalina, para atender su crítico estado de salud.

Franklin Brito frente a la sede de la OEA, antes de ser llevado por la fuerza por el grupo armado que lo recluyó en el Hospital Militar, viendo uno de los reportajes que el Radar de los Barrios realizó en solidaridad con su causa…

Pero no es este el final de la historia. El gobierno no quiso entregar a Brito copia certificada de la derogatoria de las “Cartas Agrarias” y, por el contrario, el Presidente de ese organismo declaró públicamente que ese organismo no tenía nada de que retractarse. Ante ese incumplimiento, Franklin Brito abandona la clínica y nuevamente se dirige a su colchoneta en la acera, frente a la sede de la OEA, para iniciar su séptima huelga de hambre. No pudo hacerlo. Entre gallos y medianoche un comando armado lo secuestró y contra su voluntad fue internado en el Hospital Militar. Pero aun allí, solo, hambriento y secuestrado, Franklin Brito suponía un peligro para las cobardes focas del oficialismo. Así que le montaron una operación para asesinarlo moralmente: Un sujeto despreciable se introdujo en su habitación y -sin que Brito lo supiera ni autorizara- le hizo un video. Este video clandestino e ilegal fue editado en forma burda y maliciosa, y luego exhibido hasta la náusea en la pantalla del “canal de todos los venezolanos”.

Es previsible lo que pasará ahora: el 15 % del país que se traga de manera acrítica todo lo que dice la maquinaria propagandística del gobierno, pensará que Brito es un “especulador”. El 15 % de “opositores” flojos, volubles, influenciables, se preguntarán “¿Será verdad lo que dice el gobierno?”, y no faltará incluso algún necio que sienta que “Brito me utilizó”. Pero ese contundente y creciente 70 % del país que esta harto de la miseria moral del gobierno y de la ineptitud crónica de cierta oposición, seguirá viendo en Franklin Brito a un Gandhi criollo, a un David que se atrevió a enfrentarse a un Goliath soberbio, prepotente y ladronazo.

Por eso decimos y repetimos que para nosotros, como venezolanos decentes, como parte de esa mayoría nacional que esta harta de la polarización estupidizante, no hay la menor duda: Entre Carlos Escarrá y Franklin Brito, entre el silencio de los “partidos de oposición” y Franklin Brito, entre la maquinaria propagandística dirigida por los servicios de inteligencia castristas y Franklin Brito, es obvia la escogencia:

¡Nosotros le creemos a Franklin Brito!

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