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¿Para qué los controles?

Lo hemos dicho en varias ocasiones, los controles pudieran entenderse en momentos de una emergencia nacional, pero no cuando se extienden los lapsos y menos cuando la producción del rubro cuesta tanto.

Apenas se supo de la reconversión monetaria y la medida entró en vigencia, a través de la Sundde se comenzó un proceso de fiscalización por toda Venezuela que dio como resultado la imposición de algunas sanciones como cierres de establecimientos.

El objetivo de las más de 3.000 fiscalizaciones era que los establecimientos comerciales cumplieran con varias normas, entre ellas la ley de Precios Justos y sobre todo los “precios acordados” para 27 productos, establecidos desde el año pasado.

Desde el sector privado se encendieron las alarmas en torno a estos procedimientos, sobre todo porque en estos momentos, cuando la economía sigue muy afectada por la pandemia, lo que menos se necesitan son controles férreos y cierres obligados de negocios.

Y peor aún, lo que menos se quiere son controles de precios que, tras un año de aplicados, ya están desfasados y lo que hacen es perjudicar, causar temor y desconfianza en el sector privado que está luchando por mantenerse a flote.

Aclaramos que por ningún motivo estamos estimulando el incumplimiento de normas o leyes. No, para nada.

Lo que hacemos es una crítica constructiva en torno a una realidad que no se puede ignorar.

Los controles, supervisiones, amenazas, precios concertados, todo ello le ha traído graves problemas, Presidente. Debemos insistir en una economía de cambio libre y precios movibles.

Preguntamos ¿Cómo se puede controlar y obligar a un comercio que cobre, por ejemplo, un kilo de pollo, a precios del 2020, cuando producir ese rubro quintuplicó su precio?

Y el precio aumentó por falta de combustible y la dolarización del mismo que, de paso, se tiene que conseguir en el mercado negro, a costos superiores incluso a los internacionales.

Y así ocurre con todos los rubros cuyos precios se acordaron hace más de un año y cuya realidad cambió radicalmente.

Lo hemos dicho en varias ocasiones, los controles pudieran entenderse en momentos de una emergencia nacional, pero no cuando se extienden los lapsos y menos cuando la producción del rubro cuesta tanto.

La solución está en otro lado. El Ejecutivo nacional tiene la posibilidad, a través de las mesas técnicas con el sector privado, de llegar a acuerdos escuchando los sectores productivos.

Pero, por otra parte, tiene la pelota de su lado de la cancha, cuando el presidente Maduro ha abierto tantas puertas para superar problemas que antes no se tenían en cuenta.

Se necesitan políticas de estímulo a la producción que se pueden aplicar sin controlar los precios, porque ahí está la generación del empleo, ya que el Ejecutivo no tiene recursos para crear.

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