El EditorialOpinión

¿Por qué es necesaria una negociación asistida?

En el nivel en el que está la crisis en nuestro país, no sólo es conveniente, sino indispensable, sentar a las partes enfrentadas en una mesa de negociación. Pero como el memorial de agravios recíprocos es casi infinito, se requiere para destrancar el juego y avanzar hacia soluciones concretas el apoyo de terceros, competentes para facilitar la discusión, no de las posiciones recíprocas que ya son harto conocidas, sino para identificar los intereses primordiales de cada grupo y cómo acomodarlos, en parte, en la solución a construir.

Es obvio que el tiempo ya no le es favorable a ninguna de las partes, la descomposición del entorno social es tal que puede ocurrir algo imprevisto que perjudicaría a todos, sin distinción del color político.

Lo sensato es enfrentar fríamente esquemas que permitan superar progresivamente la crisis y elaborar las bases para lo que vendría a ser un gobierno transitorio de salvación nacional.

Las medidas que deberá asumir ese gobierno serán duras ya que no se resuelven los problemas del país con la aplicación de pañitos calientes. Razón de más para que las partes que quieran seguir existiendo políticamente hablando deben ver su viabilidad a mediano plazo, después de que el gobierno de salvación nacional haya hecho tragar el purgante curativo a todos y el país vuelva a encontrarse en la senda de la recuperación nacional.

Persistir en el enfrentamiento estéril de los radicales de ambos lados que siguen convencidos que solo ellos pueden resolver, es lo más cercano a un suicidio político en primavera. Ninguno de los bandos, por sí solo, puede agarrar el toro por los cachos y obligarlo a volver al corral.

Las medidas curativas deben ser objeto de un vasto acuerdo y no de un intento de logros políticos de corto plazo.

El país del futuro, el país recuperado, es suficientemente amplio para acoger visiones políticas distintas. Lo que no puede ser es un refugio para la corrupción, la falta de valores éticos y morales y para la exclusión social.

El mejor simil que se nos ocurre de lo que está pasando en Venezuela es que nos encontramos en un bote salvavidas después del naufragio de la nave en la que estábamos peleando y hay aún algunos débiles mentales que se regodean pensando que es el otro lado del bote el que se está hundiendo.

No hay salida que no pase por una negociación y sobre todo por una concertación lo contrario es seguir ahogándonos en un mar de problemas.

Ningún venezolano con un dedo de frente en la cabeza puede seguir apostando al fracaso y si hay radicales, que por las razones que sean persisten en impedir un acuerdo, deben ser neutralizados por la gente más sensata en cada bando.

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