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Premio en Socialismo

El 10 de diciembre de 1948, el Comité presidido por Eleanor Roosevelt, presentó, con la redacción del jurista francés René Cassin (Premio Nobel de la Paz 1968), el texto que sería aprobado por la Organización de Naciones Unidas como Declaración Universal de los Derechos Humanos.  Ninguna de las 56 naciones que en ese entonces integraban la ONU votó en contra, pero hubo abstenciones muy significativas para el propósito de este artículo: la URSS de José Stalin, sus satélites Bielorrusia, Ucrania, Checoslovaquia y Polonia, la Yugoslavia comunista de Tito,  la Suráfrica del apartheid y Arabia Saudita desde entonces y hasta hoy, cuna del fundamentalismo islámico.

Al revisar los 30 artículos de la Declaración se observa que es una enumeración de buenos deseos. Derechos, lo que se dice derechos, solo se respetan en las democracias genuinas que por desgracia son muy pocas en el contexto de las naciones. La ONU fue creciendo con una enormidad de países con regímenes totalitarios y otros que por mandato de sus propias leyes -por lo general religiosas- son violadores sistemáticos de los derechos humanos. Los países musulmanes, en su gran mayoría, discriminan a la mujer y la colocan en situación de servidumbre, obligan a las niñas a casarse cuando aún están en la pubertad, castigan con la muerte y con penas infamantes lo que consideran delitos contra el Corán. Sin embargo, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU fue prácticamente secuestrada por Irak, Irán, Libia, China, Rusia y los países miembros de la Organización para la Cooperación Islámica. Era tan obscena la burla que en 2006 fue eliminada y sustituida por el Consejo de Derechos Humanos. Los primeros miembros de este Consejo electos en mayo de 2006 fueron: Argelia, Camerún, Gabón,  Ghana, Mali, Mauricio, Marruecos, Nigeria, Senegal, Sudáfrica, Túnez, Yibuti,  Zambia Arabia Saudita, Bahrein, Bangladesh, Corea del Sur, Filipinas,  India, Indonesia, Japón, Jordania, Malasia, Pakistán, China, Sri Lanka, Azerbaiyán, República Checa, Polonia, Rumania, Rusia, Ucrania, Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Uruguay, Venezuela, Alemania, Canadá, España, Finlandia, Francia,Países Bajos, Reino Unido y Suiza. Fue un cambio de nombre pero no de hipocresía y de vista gorda basada en intereses geopolíticos. Gatopardismo al cubo.

Voy a detenerme en dos de los treinta postulados de buenas intenciones y aspiraciones frustradas que es la Declaración Universal de los DDHH.  Artículo 19: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Artículo 30: “Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”.

En Venezuela -una ficción de democracia-  desparecieron con la llegada del chavismo los debates, las  mesas redondas, los foros en los que personas de distintas ideologías se reunían para plantear de manera civilizada sus puntos de vista divergentes. Y desapareció lo más representativo de un sistema democrático: el Parlamento con representación política plural, en el que sus integrantes deberían poder expresar sus opiniones sin ser coartados, abucheados, insultados y hasta golpeados. El chavismo se propuso y logró al final de tres lustros, clausurar varios medios de comunicación independientes y adquirir otros mediante la figura de testaferros. Al principio fueron por las radios y televisoras, hoy no se salva la prensa escrita. Venezuela es un desierto informativo y de opinión, apenas sobreviven Internet, Facebook y Twitter. Aún así, las posturas anti oficialistas que se expresan por esas vías reciben improperios, ofensas y amenazas de todo tipo por parte de los cancerberos comunicacionales del régimen.

Hugo Chávez ofreció que la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI darían a luz al hombre nuevo y en cierta medida fue verdad. Hizo que gentes trabajadoras se transformaran en parásitos del erario público, que personas respetuosas y amables se hicieran vulgares y resentidas, y que pacíficos venezolanos tornaran en seres tan violentos que colocan a su país entre los más peligrosos e inseguros del continente americano. Cuando ya parecíamos resignados a esa clase de hombre “nuevo”, el heredero Nicolás Maduro acaba de hacer un llamado a los intelectuales de América para que le ayuden en la construcción de un «nuevo Estado» y un nuevo «poder popular»; y los convocó a un congreso de pensadores entre el 1 al 5 de octubre próximos. Un escalofrío ha empezado a recorrer nuestras espaldas.

En el mismo acto del terrorífico anuncio, Maduro entregó el Premio Libertador (no faltaba más) al Pensamiento Crítico. Nos enteramos que había sido creado por Chávez en 2005 “con la idea de buscar propuestas que permitan avanzar en el tránsito hacia el socialismo” . El enunciado del galardón ya permitía suponer lo críticos que serían los concursantes y la ganadora del mismo lo ratifica: la chilena Marta Harnecker, según su curriculum de Google, una socióloga marxista leninista chilena, asesora del gobierno de Chávez desde 2002 hasta 2006, que divide su residencia entre Caracas y La Habana. Se trata pues -sin maquillaje- de un autopremio, veremos porqué y para qué.

Comenzamos esta nota haciendo referencia de los países que en 1948 se abstuvieron de votar la Declaración de los DDHH. Arabia Saudita no se molestó entonces ni lo haría ahora, en explicar sus motivaciones. Tampoco la Suráfrica del apartheid. Pero Stalin hizo de la Unión Soviética y de los países subyugados por ese régimen, el reino del cinismo y la simulación. La Alemania Oriental del Muro de Berlín y de otros horrores, se llamaba República Democrática Alemana. En todos los países donde existían embajadas soviéticas,  éstas mantenían en paralelo unos Comités por la Paz que eran centros de propaganda del país que protagonizaba con los Estados Unidos de Norteamérica, la guerra fría. Y del mismo que aplastó con su ejército y sus tanques, las protestas ciudadanas en Hungría y Checoslovaquia.

Fidel Castro que llegó al poder cuando Stalin no era de este mundo, fue su más aprovechado discípulo. Las enseñanzas pasaron al hijo putativo Hugo Chávez y de éste al heredero Maduro quien lo ha superado en su vocación totalitaria. Stalin “Koba el temible”, el monstruo, está vivo en la mente de cada aspirante a tirano con máscara de demócrata. Nos falta por ver el disfraz de intelectuales de quienes vengan a ayudar a Maduro a construir otro nuevo estado,  otro nuevo poder popular y sin duda, otro hombre nuevo. ¡Ahhh!, y de paso a cobrar sus emolumentos

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