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¿Qué pasó en abril 2002?

A veces nos acometen asaltos de indignación cuando escuchamos a ciertos «líderes», supuestamente pertenecientes a la oposición democrática, opinando sobre el «golpe de estado» de abril 2002 y sobre los «errores» cometidos por Pedro Carmona. Con esto no hacen sino repetir el discurso baboso y pavoso del chavismo.

A falta de una investigación rigurosa y desalmada de los hechos suscitados, todavía en mora con el país, lo que se puede inferir del análisis de esos acontecimientos es el germen de una conducta de colaboracionismo y cohabitación que ha venido reiterándose a lo largo de más de cuatro lustros de dictadura.

El desbordamiento de las ambiciones personales y rastreras de cierto liderazgo, en abierta conchupancia con el difunto dictador, dio al traste con el único proyecto válido que hemos tenido para haber salido de esta desgracia.

A Carmona lo dejaron solo estos líderes. Se dedicaron únicamente durante esas cuarenta y ocho horas al chismorreo infame, a la puñaladita trapera, a quejarse del Decreto que hacía borrón y cuenta nueva para poder ir a elecciones limpias sin rezagos de chavismo, al quítate-tú-pa-poneme-yo y al cuánto-hay-pa-eso. Esa es la razón primordial de la caída del gobierno Carmona y no el supuesto «golpe de estado».

Fíjense en el Decreto que sigue más abajo. A pesar de los evidentes vicios que presentaba el adefesio constitucional chavista, se hizo lo posible por mantener una legalidad básica ante la ausencia de un estado de derecho que había fenecido desde la asunción al poder del demagogo.

Los mismos militares han revelado que decidieron llamar al entonces presidente de Fedecámaras pues no aparecían el «vicepresidente ejecutivo» (Diosdado C.), el «presidente de la asamblea unicameral» (W. Lara) o cualquier otro de los jerarcas del «alto gobierno». Hubo, por consiguiente, vacío de poder, luego de la renuncia del galáctico.

¿Cuánto sufrimiento nos habríamos ahorrado de haberse concretado la ejecutoria del gobierno de transición? A la vista estaba que desembocaríamos en elecciones generales más una profunda reforma del andamiaje institucional empatucado malamente de chavismo.

Pero no, prevalecieron las rastreras ambiciones de los lideretes proclamando supuestos «golpes» e incumplimiento del cachicamo constitucional chavista.

Son esos mismos lideretes que hoy se muestran chingos por participar en elecciones promovidas por la satrapía, aun cuando ya los sucesores del demagogo han sido señalados como delincuentes comunes y son prófugos de la justicia. Lo mismo que muchos denunciaban en abril 2002 y a lo cual los lideretes replicaban: «No, vale, yo no creo. Lo que pasa es tú eres un radical talibán».

¿Quiénes han tenido la razón es todo este tiempo?
¿Se repetirá la frustración de abril 2002?

Pero, mientras los venezolanos precemos de mengua, los jerarcas, bolichicos y enchufados, los chinos del chavismo, los rusos de Putin, los cubanos castristas, los elenos, paracos y farrucos están gordos y cachetones como cochinos cebados rumbo al matadero.

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@QAlbuerne

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